
Morelenbaum: músico sin fronteras
Arreglador, compositor, eximio chelista, es uno de los grandes de la escena musical brasileña. Con formación clásica y criterio amplio, Jacques Morelenbaum afirma que la música favorece la tolerancia y ayuda a desterrar prejuicios
1 minuto de lectura'
De chico se nutría de la música clásica que se escuchaba en su casa. Pero eso no le bastaba, y encontró la forma de acceder a aquellos géneros que su padre, director de la orquesta del Teatro Municipal de Río de Janeiro, había proscripto. "Mi formación en la música popular empezó a los 4 años gracias a la radio de la empleada –cuenta Jacques Morelenbaum a la Revista–. En su habitación descubrí a Roberto Carlos y a Los Beatles, que me fascinaban."
Su voracidad tuvo consecuencias: a los 9 años tocaba Debussy en el piano y hacía temas de Jorge Ben con un grupo de compañeros de colegio. A los 13, integraba un conjunto de música renacentista que, a la hora de los bises, atacaba melodías de Los Beatles y Simon & Garfunkel con instrumentos de época.
Esa instintiva abolición de fronteras, ese espíritu amplio, es una de las claves de la extraordinaria carrera de este músico nacido en Río hace 51 años que, desde su formación clásica, imprimió sus arreglos y el sonido de su violonchelo a la música popular brasileña (MPB) de los últimos lustros.
De Tom Jobim a Marisa Monte, de Egberto Gismonti a Caetano Veloso, pasando por músicos del mundo, como Ryuichi Sakamoto, Cesaria Evora y Sting, entre tantos otros, Morelenbaum tocó y arregló para creadores muy distintos. A todos les aportó su sello, sin traicionar sus respectivos estilos. Semejante prodigio no se consigue sólo con talento musical: hay algo que va más allá de la música y habla del hombre que, a fines del año pasado, maravilló al público argentino con su proyecto más reciente, el Cello Samba Trío, con el que reescribe de manera exquisita melodías inmortales de la MPB.
"Crecí en un ambiente lleno de música y empecé a tomar lecciones a los 3 años –recuerda–. Una compositora genial, Esther Scliar, alquiló una habitación en la casa de mi abuela, que le cobraba el alquiler con lecciones de música para los nietos. A los 4 ingresé en la Escuela Nacional de Música. Era muy chico, pero mi padre, que enseñaba allí, pidió que hicieran una excepción y me aceptaron."
–¿A qué edad aparece el chelo?
–A los 12. Estaba estudiando Ravel y Debussy en el piano y me dieron ganas de tocar un instrumento más sencillo. Ibamos en auto con mi padre y él puso la primera sonata de Brahms para chelo y piano, y ahí me decidí. Ingenua ilusión, porque el chelo resultó más misterioso y complicado que el piano.
–¿Qué decía su padre de su inclinación por la música popular?
–No quería que yo fuera músico, porque estaba muy desilusionado con la condición profesional del músico en Brasil. Para satisfacerlo, ingresé en la Facultad de Economía. Durante las clases abría el libro de armonía y estudiaba música, mientras el profesor decía cosas ininteligibles para mí. Al año dejé la facultad y empecé a tocar con A Barca do Sol, un grupo de rock.
–¿Hubo conflicto familiar?
–Por entonces casi no hablaba con mi padre. El empezaba las discusiones diciendo que la música popular no era música, entonces no había mucho que hablar.
–¿Y su madre?
–Ella se dedicó mucho a mí. Se sentaba a mi lado en el piano y me hacía estudiar. Porque yo, como cualquier chico, quería jugar fútbol, ir a la playa o tocar Beatles.
–Gismonti estuvo en una encrucijada entre lo popular y lo clásico, y prevaleció lo primero. ¿Tuvo usted ese conflicto?
–Nunca. El prejuicio de los otros no me preocupa. Villa-Lobos fue una figura importante para mí. Como compositor clásico, tuvo una relación muy abierta con la música popular. Porque lo que mi padre no llegaba a ver es que todos los compositores eruditos eran parte de la sociedad y escuchaban la música de la calle. Esa es la fuente: la vida, el pueblo, su cultura. Eso se aprecia en cada obra de Bártok, Stravinsky, Beethoven o Bach. La música surge de la alegría de las fiestas. Tiene relación con la danza, y la danza es algo popular.
Práctica y concentración
Después de grabar dos discos con A Barca do Sol, Morelenbaum decidió estudiar fuera de su país. Para reunir dinero, ingresó en la orquesta del Teatro Municipal de Río y empezó a participar como sesionista en grabaciones de música popular. A los 26 viajó a Boston. Lo esperaba Madeleine Foley, discípula de Pablo Casals.
"Era flaca, alta, muy dura. Le pregunté cuántas horas por día debía practicar. Pensé que diría ocho o diez. «Yo estudio dos horas, y para mí es bastante», dijo, en cambio. Yo podía mantenerme en absoluta concentración durante treinta minutos. Después empezaba a pensar en mi novia y en la playa. Entonces practicaba media hora y paraba para cocinar, darle la comida al gato, regar las plantas. Estudiaba de seis a ocho horas diarias, pero eso me tomaba el día entero."
Al poco tiempo de volver a Brasil, Morelenbaum asistió a un concierto de Tom Jobim, uno de los padres de la bossa nova, en el Teatro Municipal de Río. Casi una obligación marital: su mujer, Paula –a quien había conocido a los 19 años y con quien tiene una hija de 9– era la cantante del grupo. De allí a integrarse a la banda hubo sólo un paso: meses más tarde, el propio Jobim lo invitó a sumar su chelo.
–"Hacé lo que quieras", me dijo a la hora de tocar, y eso lo hizo más difícil. Conseguí sus grabaciones y volví a escuchar los viejos arreglos. Preferí buscar en el origen, en sus propias líneas, las vestimentas para su música.
–¿Cómo era Jobim?
–Era un amigo, un padre, un maestro. La figura más dulce y brillante que conocí en mi vida. Tenía pasión por aprender. Sabía, por ejemplo, el nombre de todos los pájaros de Brasil. Hablaba de ecología mucho antes de que se usara esa palabra.
–¿Y cómo es trabajar con Caetano Veloso, para quien ya ha arreglado tantos discos?
–Caetano es muy abierto, aunque puede ser muy específico. En muchos casos me presenta la canción con la guitarra y después me da libertad total, pero otras veces quiere cosas muy concretas. Por ejemplo, en el tema Manhatã, del disco Livro, quería una coloración que recordase los arreglos de Gil Evans. Tiene una memoria privilegiada. No conozco a nadie con una memoria más desarrollada que la suya.
–Ha hecho arreglos para decenas de músicos. ¿Qué prevalece?, ¿el estilo de ellos o su propio lenguaje?
–Cuando trabajo para otro artista, mi intención primera es servir su música. Si alguien me confía su arte para que yo lo procese, lo mínimo que puedo darle es fidelidad.
–¿Y qué es fidelidad?
–Es… intentar comprender la intención del artista en la obra en cuestión, y mantenerme fiel a esa idea.
–¿La música puede mejorar la vida de la gente?
–Seguro. La música es un gran universo con infinidades incontables de microcosmos, y en uno de sus aspectos tiene una función política. Sirve, entre otras cosas, para profundizar el espíritu de las personas, para tornar su alma más maleable y más honda. La música ayuda a que tengan una visión más clara y menos prejuiciosa del prójimo. A que perciban que la diversidad es rica y benéfica, y no una amenaza.
El Samba Trío
- Morelenbaum es un músico que se prodiga en distintos proyectos. A sus conciertos con Caetano Veloso, a sus presentaciones como director de orquesta, a sus compromisos como productor y arreglador, le sumó ahora el Samba Trío, un combo que integra junto al guitarrista Lula Galvão y al percusionista Marcelo Costa, y con el que se presentó en Córdoba y en Buenos Aires en noviembre pasado.
- En el Teatro Coliseo, el trío recreó la tradición del samba de su país, revisitando clásicos de grandes compositores, como Ary Barroso, João Donato, Tom Jobim, João Gilberto, Caetano Veloso y Egberto Gismonti, entre otros. Ajustado, distendido, dio una lección de musicalidad en un concierto donde sobró sutileza, sentimiento y el encanto simple y profundo de la música popular creada y ejecutada desde el corazón.
Perfil
Hombre orquesta
- Nació en 1954, en Río de Janeiro. Hijo de un director de orquesta y una profesora de piano, empezó a estudiar música a los 3 años. A los 6 comenzó a estudiar piano; a los 12 se inició en el chelo; a los 20 ya era un consumado compositor, arreglador y chelista.
- De 1985 a 1994 integró la Nova Banda, de Tom Jobim, como arreglador y chelista.
- De 1988 a 1993 se sumó al grupo de Egberto Gismonti. En 1994 formó el cuarteto Jobim-Morelenbaum, junto con su mujer, Paula, y Paulo y Daniel Jobim, hijo y nieto del autor de Corcovado. Desde 1991 integra el grupo de Caetano Veloso, como arreglador y chelista. Tocó con Ryuichi Sakamoto, Cesaria Evora y Sting, entre otros.
- Con más de 30 años de carrera, tocó en más de 500 discos y produjo casi 50.






