
Mujeres de 50
De tanto hablar, en serio y en broma, de los temas de la edad, dos amigas con inquietudes múltiples terminaron por escribir un manual ilustrado de supervivencia que deja bien alto el honor de las que transitan por la quinta década
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El destino es en ocasiones la madre de las oportunidades. Hilda Levy, psicóloga especializada en la problemática femenina, pintora, escultora, y Daniela Di Segni (ex Daniela Sagel), empresaria, periodista gastronómica y escultora aficionada, compartieron, codo a codo, una comida en casa de amigos comunes. De los ¿qué hacés?, ¡no me digas!, yo también, qué coincidencia nació un emprendimiento en común, Mujeres de 50. Pequeño manual ilustrado de supervivencia, que en menos de tres meses se transformó en un best seller para Sudamericana y va por su cuarta edición.
Hilda, a quien el mundo de la mujer le es tan cercano, había escrito bastante sobre las de 50, y lo guardaba en un cajón. Daniela también, pero desperdigado por varios, como es su costumbre.
"¿Y si juntamos los cajones, los textos, las vivencias y abordamos esta cuestión común a todas (años más, años menos)?", se dijeron.
Y así surgió este libro imperdible que arranca carcajadas desde las primeras páginas, hace menear la cabeza en cómplice reconocimiento y deja que el corazón exprese gemidos y alegrías... así pasen los años. (¡Ay!) Ya en mis manos y a medida que lo iba leyendo, descubría verdades propias y ajenas, aceptadas y resistidas... Desde los agradecimientos hasta el epílogo está lleno de situaciones tragicómicas. El libro es apto a partir de la adolescencia (antes no lo entenderían) para todos los sexos, estados civiles y comerciales... Y cuando llegue al final, no se amilane, responda al test de la página 129 y ríase con ganas, sin temor a las arrugas. Total, ya están.
Hilda Levy y Daniela Di Segni agradecen: "A todas nuestras parientas, amigas, conocidas, pacientes, compañeras de talleres y de trabajo que, a sabiendas o no, fueron fuente de inspiración, objeto de estudio, punto de apoyo y motivo de consuelo. A nuestras madres, que en algún lugarcito nos colocaron la capacidad para buscar otros caminos cuando sus parámetros dejaron de estar vigentes."
Y agregan: "La mejor salida, como siempre, es el humor; la frustración y la bronca enferman".
El living de Daniela es amplio y luminoso. Esperan a la Revista con un rico café y una indisimulada ansiedad por contar ese éxito, que las motiva para pensar otros títulos. Nos hablan de éste:
-¿Cuáles fueron las similitudes y diferencias en sus enfoques?
Daniela: -Creo que la diferencia está en nuestras situaciones matrimoniales. Yo estoy divorciada, Hilda casada. Somos diferentes, pero coincidimos en todo.
-¿Cómo explican la obsesión por la estética?
Daniela: -Es un raye de acá. Una ministra francesa cuyo nombre no recuerdo, ya dejando el país dijo: "Pobres mujeres argentinas, que no pueden envejecer..."
Hilda: -La estética, lo digo como profesional, es como una obsesión que se ve mucho cuando hay vacío afectivo. Hay mujeres que tienen parejas y están solas. Las mujeres reclaman consideración, interés, demostración de afecto, seguridad. Si tenemos resuelta nuestra parte afectiva, parecería que todo lo demás estuviera resuelto.
Daniela: -Ahora las mujeres salieron al mundo; el 25 por ciento de los hogares argentinos es mantenido por mujeres. El tema toca mucho a nuestra generación. No les sirvió lo de las abuelas, lo de las mamás, y tuvo que construir un mundo nuevo. De hecho se cometieron excesos, se fueron para el otro lado y hay consecuencias...
-¿Cuáles?
Hilda: -Estamos todos asustados, sin saber qué hacer unos con los otros, los hombres con las mujeres... Las mujeres no son como me la contaron a mí, dicen ellos. Estos hombres, así como están, tampoco me sirven, señalan ellas.
-¿De qué se quejan las mujeres?
Daniela: -De que ellos no son afectivos. ¿Y cómo van a serlo si de chicos les dijeron: "No podés llorar, los hombres no lloran..., vos tenés que ser fuerte, mantener a tu familia..." Y resulta que se encuentran con mujeres que les dicen: "Yo no quiero que me mantengas, yo te pago la cuenta, lo que sí quiero es afecto..."
-¿Y hay solución para esos baches de la psicología?
Hilda: -La solución sólo la puede encontrar cada uno dentro de sí mismo.
-¿Qué rescatarían de sus madres a los 50 años?
Hilda: -La tranquilidad y la felicidad de no preguntarse muchas cosas, porque no conocían nada mejor y lo que tenían era lo que querían y lo que podían. Ahora, entre la publicidad, el cine y las lecturas, podés aspirar a mil cosas y, cuando no se alcanzan, aparece la infelicidad.
-¿Este libro puede acercar a las parejas?
Hilda: -El humor siempre acerca. Reírse juntos de algo es positivo y los males de las mujeres son universales.
-Si tuvieran que escribir un libro para sus nietas, ¿qué les dirían?
Daniela: -Le diría que no se prive nunca de hacer algo que se le ocurrió... No hay nada peor que el proyecto que no se intentó.
Hilda: -Yo les contaría que siempre me arrepentí de las cosas que dejé de hacer, pero no de las que hice.
Test final
Si más allá de las ondas. Los ciclos y las modas
- cada día que pasa te acordás más de tu infancia.
- te gusta encontrarte con compañeras de colegio para reírte como loca.
- te volviste más tolerante con los problemas de los demás.
- no te hacés más drama con pavadas cotidianas y rechazás la preocupación indefinida.
- disfrutás a fondo de todos los buenos momentos.
- tenés claro que no hay que dejar oxidar los sueños.
- tenés claro aquello de que "si a los cincuenta años no te duele algo es porque estás muerta".
- intuís que para ser feliz hay que ayudar a los demás.
- sabés que si te hacés cargo de tu vida no vas a tener a quién echarle la culpa.
- ya no buscás al Príncipe Azul ni a un dios porque sabés que lo real está más cerca de un semidiós con su buena parte de burgués mortal.
- no desestimás tu intuición en los momentos decisivos.
- creés que es importante ser agradecida.
- te diste cuenta de que perder el tiempo es lastimar la eternidad...
Test para saber si tenés cincuenta años
- Si escribiste en la escuela con pluma cucharita, papel secante y tintero involcable.
- Si tenías una cajita roja de borratinta.
- Si te preguntaban: "¿A quién querés más, a tu papá o a tu mamá?"
- Si en la esquina de la escuela había una garita de vigilante.
- Si el lechero venía a tu casa y dejaba una botella de vidrio verde con tapita redonda de cartón.
- Si no te dejaron usar medias largas hasta primer año del secundario.
- Si usaste tus primeras medias largas con un portaligas que se te incrustaba en la barriga.
- Si cuando cumpliste 15 años se usaban las polleras plato y los conjuntos de banlon.
- Si escuchabas Tarzanito y Los Pérez García.
- Si te compraban la ropa en Gath y Chaves.
- Si usás un número o dos más de calzado que hace quince años.
- Si tenés que ir a teñirte las raíces del pelo cada tres semanas.
- Si te olvidás todos los nombres de parientes, amigos o conocidos pero recordás todos los detalles de sus vidas.
- Si te parece que la cara se te está cayendo (y los pechos, la cola, la barriga).
- Si te acordás, con nostalgia del noble Wincofon con sólo dos botones.
- Si tenés una computadora y no te acordás nada de lo que te explican los profesores de 20 años, que hablan rapidísimo, como si supieras.
- Si no te sirven los anteojos de cerca, ni los de lejos, ni los multifocales.
- Si te acordás de cuando los hombres les cedían el asiento a las mujeres en el colectivo, de cuando no se congelaba la comida, de los pañales que se lavaban y hervían, de las copias con papel carbónico en la Olivetti Lettera 22...
¡...sos una cincuentona, compañera!






