Muzoon Almellehan, de adolescente refugiada a embajadora de Unicef
Tiene 21 años y nació en Daraa, Siria. Huyó cuando tenía 14 y lo único que se llevó fueron sus libros del colegio. Desde entonces, exige educación de calidad para todos. “El conocimiento es lo único que la guerra no te puede quitar”, dice
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¿Qué te llevarías a una isla desierta? Es una pregunta que, al menos una vez en la vida, toda persona escuchó. Aunque sea un juego, siempre es una respuesta compleja de encontrar. ¿Y si se huyera de una guerra, escapando de la muerte y hubiera que decidir en apenas dos minutos? ¿Y si uno supiera que, a la par, atrás se deja todo lo demás que, se sabe, se perderá para siempre?
A trece kilómetros del límite con Jordania y a 100 de Damasco, en Siria se encuentra la ciudad de Daraa que data de la época de los cananeos, unos 1400 años a.C. El último censo de la ciudad se hizo en 2004 e indica que superaba apenas los 97 mil habitantes. Su nombre saltó al mundo en marzo de 2011, cuando comenzó que se convertiría en una guerra civil. Previo a ese momento se registraban altos niveles de desempleo, corrupción, control político y represión. Su presidente Bashar al Asad, había sucedido a su padre, Hafez, para el cambio de siglo. El hecho que desató el conflicto fue el grafiti en contra del presidente que estuvo a cargo de unos 15 adolescentes en una pared de su escuela. Fueron apresados y torturados. El hecho derivó en una cadena de protestas inspiradas en la Primavera Árabe que sembraba la región con aspiraciones de democracia y libertad. Las mayores marchas tuvieron lugar en Damasco y Alepo el 15 de marzo de ese año, fecha que se toma como el inicio del conflicto. La reacción oficial fue disparar contra los manifestantes, lo que convocó más personas a las calles. Para julio, los manifestantes empezaron a levantarse en armas en todo el país, en primera instancia como defensa frente a la represión y más tarde para intentar retirar a las brigadas de gobierno de las regiones que habitaban. Hoy el conflicto se desdibujó casi por completo.
Al menos 384.000 personas, incluidos más de 116.000 civiles, murieron en esta guerra que ha provocado el éxodo de más de 11 millones de personas, desplazadas y refugiadas. Una de ellas se llama Muzoon Almellehan que, con 14 años, estaba en noveno grado cuando huyó de su casa en Daraa en 2013 junto a su familia: sus padres Eman (profesor) y Rakan, y sus tres hermanos. Ese día lo único que se llevó con ella en los pocos segundos que tuvo para pensar antes de partir y recorrer la ruta hacia Jordania fueron sus libros del colegio.
Comenzó viviendo en los campos de refugiados de Zaatari y Azraq en Jordania, y su enfoque desde el principio fue la educación y las oportunidades para niñas y mujeres jóvenes. Almellehan se matriculó en las escuelas del campamento, pero pronto vio que muchas niñas refugiadas, algunas de su misma edad, abandonaban la clase y se casaban. Eso la inquietaba. Comenzó a caminar de tienda en tienda para hablar con los padres sobre el valor de la educación y los riesgos del matrimonio precoz. En todo momento, los instó a enviar a sus hijas de regreso a la escuela. “Las niñas deben recibir una educación –dice Almellehan a LA NACION revista–. Es la mejor protección para ellas. Si una madre no está educada, ¿cómo puede ayudar a sus hijos? Si los jóvenes no reciben educación, ¿quién reconstruirá nuestro país?”.
Cuando la ganadora del Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai fue a visitar el Campamento Zaatari, hizo todo lo posible para encontrar a Almellehan. Malala había oído hablar de su trabajo, y los compañeros de clase de Almellehan le dijeron a Malala que se habían inspirado en Almellehan y que se quedaron en la escuela gracias a ella.
Su familia fue de los primeros refugiados admitidos en el Reino Unido, gracias a un plan anunciado en septiembre de 2015 por David Cameron que benefició a 20.000 sirios. Se instalaron en Newcastle y junto a otros ocho niños refugiados terminó su educación en la Escuela Kenton. En 2017, Almellehan fue la primera refugiada en convertirse embajadora de Unicef, además de ser la más joven de la historia. “Necesitamos educación, porque Siria nos necesita –insiste Almellehan–.Sin nosotros, ¿quién traerá la paz?”.
-Por qué creés que se asignan tan pocos fondos a la educación de los niños refugiados?
-Es verdad, los llamamientos para la educación reciben un porcentaje muy pequeño de la financiación humanitaria. Sin embargo, la educación no solo es importante para los niños, es importante para todos nosotros. Proporciona a los niños una escalera para salir de la pobreza y un camino hacia un futuro estable y prometedor. Y no hay momento más crítico para que un niño reciba una educación que los tiempos de guerra. Sin él, ¿cómo contribuirán los niños al futuro y la estabilidad de sus comunidades y países? Simplemente, no pueden.
-¿Qué implicancias vitales considerás que tiene la formación?
-La educación es también una prioridad de desarrollo estratégico. Las niñas y los niños con mejor educación tienden a ser más saludables, participar más en el mercado laboral formal y obtener ingresos más altos. En el caso de las niñas específicamente, es probable que tengan menos hijos, se casen a una edad más avanzada y permitan una mejor atención médica y educación para sus propios hijos, en caso de que decidan ser madres. Por otro lado, sin educación hay oportunidades limitadas para que un niño prospere o contribuya a una sociedad pacífica.
-¿Creés que existe alguna diferencia entre el acceso a la educación entre niños y niñas?
-Se han logrado grandes avances en las últimas tres décadas para aumentar la igualdad de acceso a la educación en todo el mundo. Sin embargo, hay disparidades persistentes. Los datos más recientes muestran que la tasa de no escolarización de las niñas en edad de asistir a la escuela primaria en África occidental y central es de alrededor del 27%, es decir, una de cada cuatro niñas no recibe ni siquiera la educación primaria básica. Cuando se compara esto con el 19 por ciento de los niños de la región que no van a la escuela primaria, hay disparidad.Y en algunos países, la situación de las niñas es aún más grave. En Chad, por ejemplo, las niñas tienen el doble de probabilidades de perder la escuela primaria que los niños. Sudán del Sur tiene una tasa de no escolarización del 72% entre las niñas en edad de primaria y solo una de cada 10 en el país completa la educación secundaria inferior, en comparación con casi uno de cada cuatro niños.
-La falta de educación en las niñas va más allá de formación pura.
-Por supuesto. Todos los días, las niñas se ven privadas de su derecho a ir a la escuela y aprender, lo que las pone en riesgo de ser obligadas a contraer matrimonio y de dejarlas atrapadas en la pobreza y las privaciones. En tiempos de conflicto o desastre, si este es su comienzo en la vida, ¿cómo pueden asegurar la paz y la prosperidad, o reconstruir sus países cuando el conflicto haya terminado? Si una niña no está en la escuela, está expuesta y vulnerable, y no puede aprender a convertir sus ideas y sus sueños en realidad. En este estado de vida, ¿cómo creará y pensará por sí misma? ¿Cómo aprenderá sobre el mundo y decidirá cuál será su papel en él? Les reitero estas preguntas a las chicas con las que hablo para instarlas a encontrar su propio camino y para ayudarlas a empoderarlas, para que piensen en lo que podría ser la vida, no en lo que se ha convertido.
-¿Qué impacto creés que la pandemia tiene en estos escenarios?
-Desafortunadamente, el impacto del Covid-19 no es diferente a otras crisis. Las niñas, los niños de las familias más pobres y los que viven en comunidades rurales son los que corren mayor riesgo de perder su educación debido al virus, al confinamiento y al cierre de las escuelas o al acceso a la educación virtual.
-¿Qué herramientas utilizaste para mantener la esperanza cuando llegaste a un campo de refugiados después de dejar atrás tu vida?
-Uno de mis primeros recuerdos de aprendizaje fue el agradecimiento a mi padre. Cuando vivíamos en Siria, él era maestro. Desde pequeña me inculcó el valor de la educación. Tenía alrededor de cuatro años cuando mi papá me dijo que el poder que te da la educación es incomparable. Entonces, desde que tengo uso de razón, he sabido que la educación es clave. A lo largo de los años, mi pasión por la educación ha crecido y crecido porque una vez que has adquirido el conocimiento, es lo único que la guerra no te puede quitar. Nos proporciona a todos un escape de la pobreza y un camino hacia un futuro pacífico y prometedor. Les brinda a los niños el saber y las habilidades que necesitan para reconstruir sus comunidades una vez que los conflictos terminan y, a corto plazo, les brinda la estabilidad y la estructura necesarias para hacer frente a los traumas que tan a menudo experimentan en tiempos de guerra.
-¿Podrías verbalizarme las sensaciones al momento de tu partida?
-Cuando mi familia y yo nos vimos obligados a huir de Siria, dejé todo lo que había conocido atrás. No tenía idea de dónde continuaría mi educación. Estaba aterrorizada de que no hubiera ninguna escuela en el lugar donde íbamos. Mi padre me dijo que podía empacar una bolsa, la llené de libros y la llevé a través de la frontera hasta los campamentos en Jordania. Y ese fue el comienzo del siguiente capítulo de mi vida. Y mi compromiso de obtener una educación y ayudar a otras niñas como yo a hacer lo mismo es lo que mantuvo viva mi esperanza. Se convirtió en mi causa de superviviencia.
-¿Crees que la inclusión de refugiados en los países de acogida ayuda en la educación de los niños?
-Todo niño tiene derecho a una educación de calidad. Ninguno debería estar exento de este derecho. Los refugiados en los países de acogida deberían tener acceso a las mismas oportunidades. Un lugar de aprendizaje inclusivo y diverso donde los niños pueden aprender de las experiencias de los demás y tener la oportunidad de comprender y conectarse con la vida, la cultura y el idioma de otro niño es beneficioso para todos y la clave para sociedades cohesionadas.
-Dame tres claves que los líderes no perciben de por qué la educación de los niños es una prioridad.
-Hay tres problemas educativos importantes que enfrentan los niños y sus padres cuando se ven desplazados por una crisis, y todos están muy entrelazados. El primero es el acceso. En muchos casos, simplemente no existen las escuelas ni espacios seguros para aprender. A menudo, este es un problema de financiación, pero lo que agrava este desafío es que a menudo hay una escasez de maestros capacitados que puedan impartir un plan de estudios. Es esencial proveer de educación de actualización y oportunidades de aprendizaje informal, capacitando a maestros, rehabilitando escuelas y distribuyendo útiles. El segundo problema es la inseguridad. En todo el mundo estamos viendo ataques directos a la educación, una grave violación de los derechos humanos. Ya sea en el viaje a la escuela, a pie o en el transporte, los padres tienen miedo de que sus hijos asistan a la escuela y ellos están demasiado asustados para aprender, incluso si logran llegar allí. Una solución a esto es proporcionar oportunidades de aprendizaje alternativas. Unicef trabaja con una variedad de socios para ayudar a los niños a aprender a pesar de los conflictos y la inseguridad. Una asociación con los gobiernos de Camerún y Níger, por ejemplo, está ayudando a expandir un innovador programa de educación por radio que proporciona una plataforma de aprendizaje alternativa para niños y jóvenes afectados por las crisis.
-¿Y el tercer problema?
-El reconocimiento. Actualmente, muchos sistemas educativos en países que acogen a refugiados están luchando por reconocer lo que los niños y jóvenes refugiados y migrantes ya han aprendido en la escuela, lo que hace imposible brindarles el nivel de educación adecuado y, a largo plazo, limitar su prospectos de empleo.
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