
Narcisismo a un brazo de distancia
De la provocación al ridículo, entre el ego y el deseo de trascender, la pregunta no es sólo cómo somos, sino cómo nos ven los demás
1 minuto de lectura'


Observe atentamente a su perro y verá que deja en cada árbol su propia selfie, o sea un cóctel de orina con moléculas odoríferas sexualmente seductoras (feromonas) para informarles a las hembras que pasen por ese lugar que en el barrio hay un macho adulto sexualmente predispuesto –explica con humor Roberto Rosler, médico neurocirujano, profesor de Neurofisiología y Neurociencias de la UCA, el fenómeno de la autofoto–. Nuestras selfies actuales tienen un doble destinatario: nosotros mismos (¡qué bien que salí!), con la consecuente liberación de neuroquímicos cerebrales placenteros, y los otros, vía redes sociales (¡miren qué buen@ que estoy!). Estas dos señales cumplen con los requisitos del éxito en la supervivencia (felicidad) y en la reproducción (seducción)."
¿De qué hablamos? Según la definición de OxfordDictionaries.com se trata de una "fotografía que una persona toma de sí misma, normalmente con un Smartphone o Webcam, y que es subida a alguna red social". El crítico de arte norteamericano Jerry Saltz va más allá y se anima a decir, tal como publicó en una columna de New York Magazine con el título Art at arm’s lenght: a history of the selfie, que "las selfies han cambiado aspectos de nuestra interacción social, lenguaje corporal, autoconciencia, privacidad y humor, alterando la temporalidad, la ironía y el comportamiento en público".
El invento se lo atribuyó el mismísimo sir Paul McCartney en el programa Late Night with Jimmy Fallon. El ex beatle aseguró ante una foto en blanco y negro que lo mostraba frente a un espejo, con cámara en mano: "Yo inventé la selfie", a lo que Fallon respondió que evidentemente había tenido muchísimo éxito.
Lo cierto es que las investigaciones consideran que el primer uso de la palabra se remonta a 2002, cuando un joven subió a un foro de Internet australiano una fotografía de su labio hinchado tras caerse borracho al suelo. "Borracho en casa de un colega celebrando su 21er. cumpleaños, me resbalé y aterricé primero con los labios (los dientes vinieron después), en una serie de pasos. Se me hizo un agujero de un centímetro de largo en el labio inferior. Y perdón por el enfoque, fue una selfie", fueron sus palabras y el comienzo de la era de los autorretratos instantáneos a un brazo de distancia que alcanzó uno de los puntos máximos en la última entrega de los Oscar. La autofoto propuesta por Ellen DeGeneres consiguió ser el tuit más compartido de la historia: apenas una hora después se envió 1,7 millones de veces. En el Mundial de Brasil se marcó otro hito. Se calcula que se enviaron 48,5 millones de fotos desde los estadios durante el torneo. En la final, que enfrentó a Alemania con la Argentina, se mandaron 2,6 millones de imágenes, según la asociación GSMA, que agrupa a operadores de móviles en el mundo.
"Somos claramente criaturas visuales –aclara Rosler, profesor de Neuroanatomía de la escuela de medicina del Hospital Italiano–. Al menos un 30 por ciento de nuestra corteza cerebral se dedica a procesar estímulos visuales, además de ser el estímulo que más rápido puede ser procesado."
A comienzos de este año, la National Portrait Gallery de Londres organizó una discusión académica sobre el furor de los autorretratos con el lema The Curated Ego: what makes a good selfie. Uno de los panelistas, el neurocientífico James Kilner, llegó a la conclusión de que tenemos una imagen de nosotros mismos mejorada de lo que somos en realidad, y la selfie permite tomarnos una y otra foto hasta lograr la que más se acerca a la idea de cómo nos vemos.
Desde la psicología social, tal como señala la doctora Gladys Adamson, "la necesidad de reconocer al propio cuerpo o la propia cara está basada en experiencias cotidianas y en lo vincular, en la necesidad de ser reconocido por otros. La pregunta no es sólo ¿cómo soy?, sino ¿cómo me ven los otros? Las tecnologías –apunta– otorgan la posibilidad de mostrar imágenes de rostros o de cuerpos autocomplacientes desde el punto de vista narcisístico, aunque sean provocadoras o ridículas, pero no es posible saber si representan a quien dicen representar o son sólo una imagen elegida".
Desde la más temprana edad, la cara es un ícono central para el reconocimiento interhumano. "Se ha descubierto que mirar a los ojos genera una fuerte sensación de placer debido a una oleada de dopamina –dice Roberto Rosler–. Que las selfies tienen características narcisistas es innegable, pero si uno observa la historia de la pintura, incluyendo los once autorretratos de Rembrandt, vemos que esto no es algo nuevo. Lo nuevo es un artefacto tecnológico que lo facilita y lo potencia."
Pecados narcisistas
Vivimos en un tiempo en que el individuo ocupa un lugar central en la sociedad occidental. "En un mundo en que las imágenes rivalizan y vencen al texto –reflexiona Sergio Balardini, licenciado en Psicología y especialista en el Programa de Estudios de Juventud de Flacso–. Y en el cual el éxito (en general, asociado al dinero y al acceso a bienes) es un bien sumamente codiciado. En consecuencia, fruto de ese entrelazamiento, crece la relevancia de la buena apariencia e imagen personal y de la exposición de logros sociales, buscando su confirmación a través de los comentarios de terceros. Confirmamos quién soy o, mejor dicho, pretendemos ser. Pero puesto en las redes sociales es también un mensaje. En particular, si consideramos el fenómeno de las fotos de perfil, siendo, como es, la foto que la persona elige para mostrarse, que ven todos (aun los desconocidos), y que da cuenta de la construcción de su identidad digital –profundiza–. En las investigaciones realizadas (organizadas por la Asociación Civil Chicos.net) se repite la idea de impresionar con la imagen, del impacto de esa primera foto (incluso influye en las decisiones de aceptar una solicitud de amistad). Sin embargo debemos reconocer que por fuera de la vida digital también se propone una cierta edición de nuestro mejor rostro (y figura), mediante cosméticos, cirugías, vestuario, por lo que podemos pensar en la continuación amplificada de una misma deriva." Varios estudios acompañan al fenómeno selfie con el calificativo narcisista, como un fiel reflejo de una necesidad de mostrarse, pero por sobre todo de demostrar que uno es protagonista de una vida maravillosa. "Me parece que estos nuevos hábitos se inscriben en una tendencia de transformación histórica de las subjetividades –reflexiona la antropóloga Paula Sibilia–, o sea, cambios en los modos de ser y estar en el mundo, transformaciones en las maneras en que construimos lo que somos y en los recursos que utilizamos con ese fin. Los modos de ser contemporáneos se diferencian de los modernos (con ese término me refiero a los siglos XIX y XX) por diversos motivos, y las selfies son un excelente ejemplo de esos cambios cada vez más acentuados."
Como analizó Sibilia en su libro La intimidad como espectáculo, debido a una serie compleja de factores (socioculturales, políticos, económicos, morales), en las últimas décadas estaría ocurriendo un desplazamiento del eje en torno del cual construimos lo que somos: desde adentro (intro-dirigidos o intro-orientados) hacia los otros o hacia todo aquello que se ve (alter-dirigidos o alter-orientados). "Creo que las selfies, así como las redes sociales y varios otros fenómenos contemporáneos (los reality-shows, los programas de chimentos sobre celebridades, etcétera), constituyen indicios bastante elocuentes de esas transformaciones, que son sumamente complejas y no se limitan a esas manifestaciones –puntualiza la antropóloga–. Las subjetividades contemporáneas tienden a producirse cada vez más en la visibilidad, abandonando gradualmente la creencia en una esencia interior a la cual habría que permanecer siempre fiel. Ahora es importante que los demás vean lo que somos y, sobre todo, que digan que les gusta, para confirmar que cada uno existe."
En los últimos años el uso de las redes sociales en el terreno de la política fue mutando. En una época supo ser formal para transformarse hoy en un contacto más cotidiano a través de las selfies. "¿Puede un recurso comunicacional (llamémosle selfie, tuit, afiche en vía pública, spot publicitario, etcétera) cubrir el vacío de política? –pregunta Agustina Grigera, Magíster Comunicación Política e Institucional (IUOG), especialista en Comunicación de Organizaciones (Flacso, UBA) y docente de la UP–. Claramente, no, y lo que es más importante, puede ser contraproducente, puesto que las sociedades no esperan lo mismo de los políticos que de las celebridades. La misma declaración, selfie o tuit pueden tener un significado positivo y empático en una personalidad de la cultura o del deporte y, por el contrario, resultar ofensivos o desconectados de la realidad de la gente cuando el emisor es un político."
La experta está convencida de que la política es la que lidera la comunicación y no a la inversa, a pesar de las estrategias de marketing que buscan descontracturar la imagen de los candidatos. "Cuando hay contenido político la selfie (o cualquier otro recurso comunicacional) adquiere un significado más interesante como una expresión más de la existencia –y no de la ausencia– de la política."

El autorretrato como objeto
¿Hay algo que nos pueda interesar conocer en el mundo más que a nosotros mismos?, pregunta la artista Nicola Costantino. "La única imagen que tenemos es la del espejo, que está al revés y es plana. La imagen en movimiento de un video también es plana. Lo mismo sucede con la voz –explica la mujer que hace del autorretrato una herramienta plástica–, mientras hablamos la resonancia no nos deja escucharnos como realmente sonamos. Podemos ver a cualquier persona en este mundo menos a nosotros mismos y esa es una angustia sin solución."
Hoy ya no es tan extraño verse en videos, nos tomamos o nos toman una foto casi a diario. "El acercamiento a lo real o la fantasía del autoconocimiento baja esa angustia –dice Costantino–. Es parte del gran tema de lo que Internet ha cambiado nuestra vida."
El crítico de arte Jerry Saltz considera que las selfies "se han convertido en un nuevo género visual, un tipo de autorretrato formalmente distinto a cualquier otro en la historia. Las selfies tienen su propia autonomía estructural y eso es sumamente importante para el mundo del arte".
Sin embargo, para la artista visual argentina Ananké Asseff la distancia que existe entre el autorretrato (obra de arte) y la selfie es análoga a sacar una foto y la fotografía de autor (o artística). "En el autorretrato hay una construcción de sentido que excede la necesidad de mostrarse-exhibirse, compartir o de ver la propia imagen. La intención y el contenido es muy diferente. Los artistas, entre otras cosas, podemos esconder nuestra intimidad detrás de esa construcción. Hay muchos aspectos que tienen que funcionar para que una fotografía se convierta en obra. Los artistas tomamos tanto fenómenos como objetos cotidianos, que al contextualizarse pueden participar de una obra de arte. En este sentido –puntualiza– la selfie no tiene un rol en el arte por sí mismo."
En todo caso reconoce Asseff hay artistas que toman este comportamiento como asunto, como el caso del catalán Joan Fontcuberta (recolectó más de 300 autorretratos de distintas redes sociales y los publicó en el libro A través del espejo), o el artista chino Ai Weiwei, que conceptualiza la herramienta selfie desde su contexto sociopolítico, a causa de las limitaciones y el control que ejerce China sobre la comunicación. "En este caso se va complejizando y pasa a ser una acción artística, y por ello (por su contenido y contexto) se diferencia del uso popular." Recientemente, en París, el fotógrafo alemán Jonas Unger exhibió Autoportraits, una exposición en la que personajes célebres con los que ha estado en contacto en los últimos cinco años han decidido autofotografiarse para él. Ante la insistencia de relacionar su trabajo con el fenómeno selfie, Unger aseguró que nada tiene que ver con su proyecto. En una entrevista con el diario español El País fue más allá: "La selfie es una nueva forma de comunicación, pero no tiene por qué tener mucho significado. Es demasiado fácil para cualquiera que tenga un teléfono con una cámara".
Curiosidades
- El diario Cape Times de Sudáfrica lanzó una divertida y original campaña con el eslogan No puedes estar más cerca de las noticias, y convirtió en selfies una serie de fotografías históricas.
- El fotógrafo norteamericano Noah Kalina colgó un video al que llamó Everyday. En él muestra en orden cronológico las fotos que tomó de su rostro durante seis años. Tan popular fue que Los Simpson lo parodió en el episodio Eternal Moonshine of the Simpson Mind.
- En mayo último, los bloggers Mark E. Miller y Ethan Hethcote recibieron el reconocimiento del record Guinness por la mayor cantidad de selfies tomadas en una hora. En las costas de South Beach, en Miami, sonrieron unas 355 veces.
- La productora televisiva Triana Lavey gastó 15.000 dólares en cirugías para lucir mejor en las selfies. "Ahora tengo el rostro que siempre pensé que tenía", dijo en el programa Nightlife de ABC. "Luzco como yo misma, pero photoshopeada."
- El diseñador Karl Lagerfeld incorporó iPads en los probadores de sus boutiques para que puedan hacerse fotos y compartirlas en las redes sociales en busca de opinión
- A fines de este mes, la cadena norteamericana ABC pondrá en el aire Selfie, la serie protagonizada por Karen Gillan y John Cho acerca de una veinteañera obsesionada consigo misma y con los me gusta.
- La duquesa rusa Anastasia Nikolaevna fue una de las primeras adolescentes en sacarse una foto frente al espejo. Lo hizo en 1914, con una cámara Kodak Brownie. Tenía 13 años.






