Ni retro ni futurista, Super 8

Lejos de haber quedado en el olvido, la cámara hogareña que hizo furor en los años 70 cae ahora en manos de nuevos realizadores fascinados por su calidez, su textura granulada y sus colores apastelados. Los cultores del formato dan cuenta del porqué de su vuelta
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7 de septiembre de 2001  

El gusto por la textura de la película, el sabroso recuerdo de las proyecciones de la niñez, la nostalgia y el romanticismo del formato. Estas son sólo algunas de las cualidades que hicieron que el Súper 8 vuelva a estar en auge en plena era del video digital.

Sin caer en las frases hechas ni en el costado más sensible, el artista Nicolás Guagnini, que actualmente reside en Nueva York, está convencido de que esta vuelta a la cámara que alguna vez fue símbolo del amateurismo, comparte con la de 16 mm una misma ideología y se diferencia claramente del formato digital: "Lo demodé, lo nostálgico, que puede escaparse del espectáculo y, por ende, reflexionar como resistencia y posibilidad de la memoria, son los puntos de contacto entre el s-8 y el 16mm -señala-. El formato más vinculado con la última reencarnación del capital, el digital (cuantificación de cualquier información), tiende naturalmente a convertir la memoria o la subjetividad en un espectáculo."

Atento a este combate soterrado, el realizador Andrés Denegri, coordinador del área audiovisual del Centro Cultural Rojas y profesor en la Universidad del Cine, organizó a comienzos de este año el ciclo El cine súper 8 en la era digital , con el que se propuso poner en evidencia que, a pesar de la evolución tecnológica, el formato que fue furor en los años 70 sigue ganando adeptos.

Para él, una de las razones más importantes por las que se utiliza este soporte está íntimamente ligada con la calidez de la imagen. "Cuando uno usa s-8 no busca calidad sino calidez. Quizás porque tiene un referente muy fuerte: la idea de entre casa ", aventura.

Sobre esta idea insiste Daniela Cugliandolo, directora de teatro que armó performances para El Otro Yo, tocó teclados junto con Esteban Castell, y filmó en s-8 el videoclip de Divididos Spaghetti del rock . Desde Barcelona, escala de una microgira que la llevará también a Madrid, Ibiza y Francia, sostiene que el s-8 conserva esa capacidad de cruzar un sentido de registro familiar con la incursión en lo experimental, dos posibilidades originarias del formato. "No lo considero retro, aunque la fotografía remita a la nostalgia. El s-8 está sucediendo", precisa. Denegri, que conoce bien los trabajos de Cugliandolo, piensa en ellos como formas de un simulacro posmoderno.

Fílmico sí, video no

Como si se tratara de un postulado, los que eligen trabajar en s-8 son los que le dicen sí al fílmico y no al video. Es el caso de las realizadoras y fotógrafas Sol Aramendi y Gisela Schuster, autoras de los clips para la banda Pequeña Orquesta Reincidentes, Colmena y El egoísta ; y los cortos Gran circo de Arca -pensado para un elenco de marionetas de corcho, clavos y alambres- y Francesca Drag-On. Ellas optaron por un formato que les permite jugar, experimentar con sus imperfecciones (sinónimo de sensibilidad) y, de alguna forma, mostrarse. "No de manera directa -disparan-, sino con las cosas que te representan o que de alguna forma se relacionan con tu infancia."

Carga onírica

Bibi Calderaro, artista radicada en Nueva York, que llegó al s-8 después de trabajar en fotografía, se suma a los que prefieren el cine al video y reconoce en el s-8 cierto dejo denostalgia. "El cine tiene un método muy sutil y onírico. Por algún lado leí que el fílmico proyectado genera imágenes durante el sueño", y dice imaginar las pequeñas y prácticas cámaras de s-8 como una prolongación del cuerpo.

Cuando a fines de los 80 se lanzó la fatídica frase el video mató al s-8, muchos realizadores vieron truncadas sus posibilidades de seguir filmando en este formato. El revelado y la compra de películas debía hacerse en el exterior, por lo que los costos se duplicaban. Así, el s-8 en nuestro país pasaba a ser historia.

El documentalista Marcelo Céspedes, que dirigió con Carmen Guarini Tinta roja y Jaime de Nevares: el último viaje , entre otros trabajos, cuenta en su haber con un documental realizado enteramente en s-8. Luján (1978/79) muestra el multitudinario encuentro por la paz que se realizó frente a la Catedral ante el posible conflicto bélico con Chile. "Por aquella época era nuestra única herramienta para los que hacíamos cine independiente. No lo veíamos como un lenguaje sino como un medio para saciar nuestra necesidad", recuerda Céspedes, y apunta que una de las mayores contras del formato era que era inevitable trabajar en condiciones de amateurismo.

Para Sergio Cinalli, actual presidente de Uncipar, la entidad que cobija desde hace 29 años a films hechos en s-8 y 16 mm (denominados también, de "pasos reducidos"), el formato es fundamental para los que recién comienzan. "Uno está en contacto todo el tiempo con la película. El s-8 es muy sanguíneo, por lo que es necesario saber con lo que se está trabajando. Cuidar la luz, el sonido, el ritmo, son cosas esenciales".

Entre los films que Cinalli recibe para el festival que se organiza todos los años en Villa Gesell, advierte una constante:todos los que presentan trabajos en s-8 apuestan por una cuestión estética, más experimental, un trabajo desde la imagen más que desde la narrativa.

Desde su cátedra en el área documental del Instituto Tecnología ORT, Cinalli observa un creciente interés de los alumnos por desempolvar máquinas archivadas. "Los chicos me suelen traer cámaras que encuentan y me preguntan cómo se usa, dónde se consigue material...", señala.

Que hoy se hable de un auge del s-8 en la Argentina se debe también, y en gran medida, a que nuevamente se puede revelar y conseguir películas sin tener que atravesar la frontera. Por ahora, el único laboratorio que trabaja con este formato es Arcoiris (Balcarce 773 3er piso; 4361-0910), de Emanuel Bernardello. "Me parece que esta vuelta se da por varias razones -comenta Bernardello-. Por una cuestión de costos, por un interés especial en la textura de la película y, sobre todo, porque el s-8 te da total libertad, ya que trabajás con lo que tenés a mano. Sacás la cámara del bolso y filmás sin que nadie se entere."

La movida se va dando con gente que compra y vende, por segunda mano. "Es un mercado muy hogareño -describe Bernardello-. Las cámaras hay que encontrarlas en la casa de alguna abuela. Muchos ni saben que las tienen. Hay que revolver el baúl".

Cuando Daniela Cugliandolo se enteró de que podía comprar rollos y revelarlos en la Argentina, no lo dudó ni un instante. "Neófita en el asunto, hice en quince minutos el primer corto, Las mucamas asesinas -recuerda apasionada-. La duración era la de un rollo de tres minutos y la edición la hice en cámara. Cuando vi el resultado, me enamoré. Pronto me compré un proyector, no sólo para tener el cine en casa, sino para poder llevarlo adonde quisiera." Pero Daniela también ve otras ventajas:"Al proyectar el formato original tengo la chance de variar la velocidad rítmica del corto, interactuando con el momento de la muestra", argumenta.

Como un buen revival , y aunque lejos de los números que se manejan en Europa y Estados Unidos ("revelamos 50 rollos mensuales, mientras que en los Estados Unidos -que nunca dejó de trabajar con este formato- el laboratorio con máquinas saca 200 rollos diarios", apunta Bernardello), varios directores, como Diego Posadas y Carla Lucarella, hallaron en el s-8 el formato ideal para plasmar la saturación de color y la desprolijidad que necesitaban para Me preocupa mi hermano (1998). Por su parte, la libertad y la practicidad para filmar en vivo hicieron posible que Miguel Mitlag y Bill Nieto optaran por la vieja cámara para filmar en vivo Cenando con Suárez , un corto sobre la banda liderada por Rosario Bléfari. Y Esteban Sapir, autor de Picado fino , en su rol de director de fotografía, eligió el s-8 para ciertos pasajes del documental La televisión y yo , de Andrés Di Tella, e Hijos, el alma en dos, el nuevo trabajo de Guarini y Céspedes.

Lejos del amateurismo de otros tiempos, y a pesar de su inevitable carga retro, el s-8 regresa para abrir otros caminos en el cine más contemporáneo.

Con sello propio, el talentoso realizador cultiva el s-8 desde su adolescencia

Claudio Caldini (Buenos Aires, 1952) empezó a trabajar en s-8 poco después de que el formato ingresó en la Argentina, hacia 1967-1968. Pero, lejos de abandonarlo, siguió profundizando en él al punto de que muy poco de su filmografía, todavía en curso, escapa de sus límites.

En este artista, curiosamente no tan conocido, puede reconocerse a uno de los pioneros locales no sólo del cine experimental, sino también del multimedia. En 1985, por ejemplo, hacía ambientaciones en Cemento proyectando sus propias películas en s-8 sobre la gente que bailaba en la pista. Y en Babilonia, en 1990, realizó proyecciones simultáneas en tres pantallas, actuando como DJ y VJ avant la lettre . Su propia concepción del cine, básicamente formal y muy abierta, lo coloca también como un precursor del video arte.

Caldini se dedicó a desentrañar las posibilidades expresivas del fílmico desde muy chico. "El aspecto experimental era el más difícil, porque no había en el país casi ninguna tradición de cine en esa línea", dice el realizador desde el auditorio del Museo de Arte Moderno, donde hoy organiza, entre otras cosas, un ciclo de cine mudo y música experimental.

"Empecé haciendo narraciones, en las que contaba mi propia vida. Pero aun en lo narrativo, siempre me interesó lo formal" señala, y enumera, entre sus favoritos de aquellos años, a McLaren, Antonioni o Resnais. "Buscaba plasmar en el fílmico un experimento formal audiovisual, con una cierta analogía con la música", dice, y pone énfasis en la tradición hindú. "Tomé de su música una forma particular de repetición y variación", precisa. A lo que habría que agregar un acento minimalista que el cineasta siente haber tomado de la miniatura cultivada por las artes orientales. También se reconoce deudor de George Harrison, y de tres largos viajes que hizo a la India.

"Hoy uso el s-8 como una herramienta más. También hago imágenes digitales en computadora. Pero lo que más me interesa es la música. Me gusta la palabra compositor", confiesa. Caldini, efectivamente, compone desde 1985, y en los últimos años concibió para algunas de sus películas tanto la imagen como el sonido.

Su último trabajo, Nuevo día , es un testimonio muy libre o, si se prefiere, una recreación fragmentaria y muy subjetiva, de la obra de Tomás Sinovcic, joven cineasta desaparecido en 1976. Sinovcic era un idealista que expresaba sus conviciones en s-8.

Raúl Perrone se animó al largo

El director filmó La felicidad (un día de campo) en el viejo formato

"El súper 8 es el cine por excelencia, es como una foto Polaroid, única e irrepetible.", dispara Raúl Perrone, el realizador indie que eligió para su largo La felicidad (un día de campo) volver al formato con el que experimientó durante la década del 70. Fue por esos años que, con su primer corto, El cumpleaños de Juan (1972) , ganó en Uncipar.

Ya desde el título de la película ( La felicidad...) uno puede adivinar por qué el director de Labios de churrasco y Cinco pal« peso optó por el Súper 8. "Qué otro formato puede darme ese registro de recuerdo visual, de volver atrás, de hacer un trabajo de artesano, de esperar el revelado, ver el telecine... Inevitablemente, cuando ves una película en s-8 te trasladás a los años 60 -70, gracias a su textura, su grano. Si alguien tiene viejas filmaciones de entre casa, casamientos, bautismo o de algún que otro día de campo seguro que fueron hechos con la camarita ." Lo más increíble de esta película filmada en blanco y negro es que tal vez se transforme -después de una ampliación- en su primer largo en 35 mm. Denominado por el propio director como un maldito rodaje, Perrone fue testigo de cómo el problema de estabilidad de la cámara de un amigo -una Boulieu- le arruinó el encuentro entre Pil Trafa, Stuka, Javier Martínez y Tom Luppo. " Finalmente, decidí rescatar a Tom Lupo y a Stuka con otra cámara y trasladar a esos beatniks desangelados a un campo donde despiertan rodeados de familias normales, haciendo un picnic de domingo."

Video digital

Formato: video

Textura: excelente definición; no admite imperfecciones.

Colores: su amplia gama se aproxima más a nuestro propio registro de la realidad.

Movilidad: similar a la del s-8, con la ventaja de que uno puede ver lo que está grabando.

Carga ideológica: cámara de última generación, más apta para acopiar información que para expresar subjetividad.

Super 8

Formato: fílmico.

Textura: granulada; da una imagen pictorialista de inevitable acento retro.

Colores: en tonalidades pastel.

Movilidad: la cámara permite trabajar en cualquier ámbito con absoluta libertad.

Carga ideológica: los realizadores coinciden en calificarlo como un formato íntimo, no espectacular, más apto para trabajar sobre la memoria.

Su paso por la Argentina no fue nada reducido

  • A comienzos de los 60, los realizadores pugnaban por un recambio estético y temático. Con la llegada del s-8 vislumbraron la posibilidad de hacer cine con pocos recursos. La nueva cámara era la llave para que ese recambio fuera posible. A mediados de 1967 se comenzaron a conocer obras hechas en este formato. En ese momento, el mercado del s-8 era reducido.
  • En 1970 se lo conoció masivamente. Las empresas que traían los aparatos promovían concursos. Por esa misma época apereció una revista de difusión, Fotografía Universal . Los más pudientes se animaban a registrar todo lo que estuviera a su alcance.
  • Con la necesidad de agruparse, proyectar las películas, discutir y analizar, se crearon diversas asociaciones. Entre ellas: La Peña Cine 8, en La Plata; Grupo Súper 8, en Cipoletti; La Peña Foto-Cine de San Antonio de Padua y la que aún sigue en vigencia, Unión de Cineístas de Pasos Reducidos (Uncipar).
  • La mayor parte de los trabajos que se presentaban en estas asociaciones estaban divididos en tres categorías: argumental, documental y experimental (también conocida como de fantasía). Algunos films tenían ciertas connotaciones políticas.
  • Con la llegada del nuevo milenio, las cámaras salieron de las bauleras. Actualmente se revelan 50 rollos por mes en el único laboratorio que existe en la Argentina.
  • Hoy, las cámaras que están en funcionamiento son usadas. Sólo existe un nuevo modelo, La Beaulieu 7008 Pro, que tiene un valor de venta de alrededor de $ 3000.
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