Nieto y “calco” de Frondizi. A 60 años del golpe: “Pasó momentos muy duros en la isla Martín García, donde estuvo preso”
Diego Seghetti Frondizi comparte los recuerdos más entrañables de su infancia y juventud junto a su abuelo y habla sobre el legado que el expresidente dejó impregnado en él
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El parecido físico es innegable. Él lo reconoce: “cuando se enteran de que soy nieto de Frondizi, lo primero que me dicen es: ¡sos igual!”, cuenta, entre risas, Diego Seghetti Frondizi (54). Seghetti no conoció a su abuelo como presidente; nació en 1968, seis años después del Golpe de Estado de 1962, que dio por finalizado su gobierno. Pero compartió la etapa posterior: la del bajo perfil, las tardes de lectura intensa, las vacaciones en familia y los asados de los domingos en el departamento de Beruti y Pueyrredón.
Pasaron 27 años desde su muerte, en 1995, pero su nieto siempre lo tiene presente. Desde Paraná, donde vive junto a su familia, recuerda con cariño las largas charlas compartidas y las anécdotas que él repetía, como todo abuelo con sus nietos.

“A mi abuelo lo detuvieron varias veces. La primera fue en 1931, cuando se recibió de abogado en la UBA y ganó el diploma de honor. Le dijeron que el presidente José Félix Uriburu le iba a entregar el diploma y él se negó. Dijo: ‘yo me gané este título dentro del marco de la legalidad, por estudiar y esforzarme mucho. Y el presidente actual es de facto, entonces no está en la misma condición que yo’. Cuando se enteró, a Uriburu no le gustó nada e hizo que lo mandaran en cana. Un montón de veces estuvo preso por cosas parecidas”, detalla Seghetti. Él lo recuerda exactamente así, dice, “siempre con fuerte sentido de la justicia”.
La última vez que Frondizi fue encarcelado fue en marzo de 1962, hace exactamente 60 años, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron a su gobierno y lo escoltaron en condición de detenido a la Isla Martín García.

-Entre sus anécdotas, ¿él contaba sobre el año que pasó preso en la isla?
-No solo nos contó, sino que fuimos con él. A él le gustaba ir para tener momentos de reflexión. Obviamente pasó momentos muy duros ahí. Pero también hubo gente que lo cuidó: había un encargado de su custodia que le llevaba libros y cassettes. Cuando lo iban a sacar, uno de los militares de la guardia le dijo: ‘Mire, Presidente, tenemos militares leales, podemos organizar la defensa’. Pero él le dijo que no, que él no iba a responder por fuera de la legalidad y con violencia. Él era así: siempre hacía lo que creía correcto.
- ¿Cómo lo recuerda?
-Como una persona muy aguerrida, luchadora, comprometida con su país. Se la pasaba estudiando permanentemente. Leía sobre economía, educación, cultura, todo lo que incluye el desarrollo armónico de un país. Nunca dejó la política: después de la presidencia, permanente seguía recibiendo a distintos actores políticos en su departamento. La otra parte de su vida éramos nosotros, sus dos nietos: yo y mi hermana Marina. Compartíamos mucho: vacaciones, almuerzos, asados los domingos, charlas... De alguna forma, nos transmitía sus ideas, nos enseñaba su sabiduría de vida.

-Me imagino que cuando cuenta que es nieto de Frondizi las personas arrojan todo tipo de comentarios, positivos y negativos
-Sí. Empiezo por los negativos. Hay viejos radicales que nunca le perdonaron a Frondizi haber escrito Petróleo y Política (donde, entre otras cuestiones, sostuvo que YPF no necesitaba ayuda ni capitales extranjeros para conseguir el autoabastecimiento del petróleo) y después haber traído las inversiones extranjeras para explotar el petróleo. Ese es un típico comentario que me hacen.
-¿Cuál es su opinión al respecto?
-Yo leí el libro. A mí me parece perfecto que haya cambiado de opinión, esa era una de sus cualidades más destacables. Al igual que él, soy una persona que cree en la evolución del pensamiento, en la importancia de poder cambiar el punto de vista. Igual, la mayoría de los comentarios que recibo son positivos. Yo trabajo en el sector agropecuario. Y la gente del rubro me dice: ‘Es increíble como se tecnificó el campo durante la presidencia de tu abuelo: llegaron camionetas, tractores’. Antes, la ruta 7 era toda de tierra. Cambió la infraestructura del país. Pasamos a tener petróleo propio, YPF se hizo grande. La gente me suele marcar los grandes cambios: cómo vinieron fábricas, cómo se produjo acero.

-¿Alguna vez le jugó a favor llevar su apellido?
-Nunca me interesó colgarme del apellido, de su estrella, como sí hicieron otras personas de su entorno. Pero creo que sí me ha jugado a favor. En el común de la gente, existe un buen recuerdo de mi abuelo. Entonces, en general, a la gente le da gusto cuando se enteran de que soy su nieto. Los predispone distinto, bien.
Intimidad familiar: grandes disidencias políticas y la muerte de Elenita
La vida familiar de Arturo Frondizi estuvo marcada por la disidencia política. Uno de sus hermanos, Silvio Frondizi, fue un reconocido militante de la izquierda. Sin embargo, según Seghetti, la armonía familiar nunca se debilitó. “Se llevaba excelentemente bien con sus hermanos, a pesar de que algunos pensaban diferente. Yo lo recuerdo como una persona que le asignaba un valor muy importante a la libertad, a que cada uno pudiera expresar sus ideas. Sabía respetar, trataba de encontrar puntos en común. Además, siempre fue familiero”, afirma su nieto.

En 1974, Silvio Frondizi fue asesinado por la Triple A. Tan solo dos años después, su hermano Arturo debió enfrentar una segunda gran pérdida: la de Elena, más conocida como Elenita, su única hija. Falleció de cáncer a los 38 años, cuando sus dos hijos todavía eran niños. Años después, su esposo, Franco Seghetti, se casó en segundas nupcias con otra mujer, que pasó a ocupar el papel de madre para los nietos del expresidente.
Este nuevo matrimonio tampoco deterioró el vínculo familiar. “Recuerdo con mucho cariño una carta que le envió mi abuelo a mi segunda madre, Patricia, diciendo lo maravillosa que era y lo feliz que estaba de que sus nietos hubieran encontrado una excelente madre. Ese detalle habla de su persona: se le había muerto su hija. Le podría haber surgido la reacción humana de decir: ‘Que nadie se meta con mis nietos’. Pero no: él se sacó del medio y priorizó nuestra necesidad, que era tener una mamá”, destaca su nieto.

-¿Existe algún legado familiar que él les haya dejado?
-Sí. Tiene que ver con la libertad de pensamiento, el saber tender puentes, el no guardar odio. Mirar el país, interesarse por el bien común. No soy político, nunca me interesó meterme en política. Pero entiendo que la política es tratar de cambiar la realidad de la gente, y, de alguna manera, hago política con mi trabajo como industrial textil, porque intento mejorar la calidad de vida de los trabajadores de zonas rurales.
-¿Hay algo de la presidencia de su abuelo con lo que no esté de acuerdo?
-Seguramente se equivocó un montón de veces, como todas las personas. Pero ya hay suficientes voces. Que lo juzgue la historia. Yo no lo voy a decir. Básicamente, sé que él hizo lo mejor que pudo, con la mejor intención, como siempre. Y con eso es suficiente.

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