
Niña mágica
La actriz Calu Rivero puso su toque especial a una minicolección para que las chicas se diviertan
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La tendencia mundial de actrices que diseñan colecciones para marcas de moda conocidas llegó a la Argentina. Lo hizo este invierno Julieta Cardinali para Clara Ibarguren; en otra oportunidad, Juan Cruz Bordeu con Herencia Argentina; y la última novedad es la convocatoria que hizo Complot a Calu Rivero, una chica fashionista, que supo ser imagen de una marca de culto para adolescentes y ahora, a fin de mes, debuta con su firma by Calu en una etiqueta que lleva un lunar rojo, el mismo que lleva tatuado en la muñeca. Un homenaje al símbolo de alegría de la artista japonesa Yayoi Kusama. Tatuaje que acompaña a otro, inscripto en un dedo, el de Niña mágica.
Alegre está, más que nunca. Razones no le faltan. Trabaja en la tira El elegido, en la que interpreta a Erica, una chica que se disfraza de mujer bien, y esconde un pasado turbio. Forma parte de un elenco junto con sus dos actrices favoritas, Leonor Manso y Leticia Brédice. Y, además, está pasando por un muy buen momento personal junto con su novio Emmanuel Horvilleur, cuya trayectoria musical también forma parte de la inspiración de esta minicolección.
Todo empezó con el llamado de la dueña de Complot, Romina Levy Daniel que tuvo buen ojo para elegir a su actriz. Calu disfruta de la moda, tiene estilo y vive inspirada, a todo lo que pasa por sus manos lo interviene para dejarle su impronta.
-¿De dónde viene tu faceta como diseñadora?
-Siempre estuve involucrada en la moda. Mi mamá tenía negocios, era gerente comercial de Jazmín Chebar, Vitamina y John Cook en Córdoba. Mis días los pasaba en el local acomodando ropa, iba a todas las reuniones que hacía con las empleadas, y a los 8 años ya sabía todo lo que tenía que hacer una buena vendedora.
-Eras muy chica entonces.
-Sí, te lo juro. Para los 15 le pedí a mis padres que me regalaran una máquina para coser, y sólo con el manual de instrucciones empecé a hacer ropa para ir a bailar... descartable le digo ahora, porque la terminación no era la mejor. Me hacía pantalones de pata elefante de todos los colores, remeras... Y después mi familia me enganchó para el ¿me achicás esto? ¿me alargás lo otro? Y les pedí seriamente que no condicionaran mi libertad de crear. Eso de achicar y alargar no me gustó para nada. Creo que esa vocación por intervenir las cosas nace en mi infancia, gracias a que mi mamá nos armó una sala de la creatividad. Ahí teníamos de todo lo imaginable para jugar con mi hermana Marou. Nos la pasábamos horas ahí, en lugar de ver tele. Y de ahí me quedó esa necesidad de darle mi toque personal a todo. Por ejemplo, si me compro una taza necesito hacerle algo, no puedo dejarla así como está. Ahora me mudé, pero mi casa estaba toda intervenida. Me gusta embellecer todo lo que me rodea. Por ejemplo, la caja de té la llené de lentejuelas y fotos. Me divierte abrir una caja y que sea colorida.
-¿Qué propuesta te hizo la marca?
-Como venía haciendo charreteras y customizando mi ropa, de Complot me pidieron "mi placard", que me inspirara en las cosas que uso y customizo.
-¿Y cómo es ese placard?
-Todo tiene mi sello: los sacos con las charreteras y botones dorados que consigo de los militares originales. Es que me fascina la moda militar. En esta colección hicimos un saco con esos detalles que están buenos. También tengo gorras a las que le puse piel por arriba. Capaz que ni se nota, pero a mí me cambia.
Y lo que se ve en las gráficas que hicimos de la mini colección es muy yo. Tiene eso de niña mágica que llevo conmigo.
-¿Cómo fue el proceso creativo?
-En primer lugar, acepté la convocatoria porque la marca me parece muy linda, me identifica. Y hubo una conexión. Con Romina, la dueña, coincidimos de entrada en un montón de cosas. Fue genial. Además es destacable la libertad que me dieron. Nunca me dijeron un no, y yo a la vez, también conté con el asesoramiento en cuanto a telas, lo que es vendible y no. Empezamos con que íbamos a hacer 15 artículos y vamos por los 35.
Mi hermana Marou, socióloga, me acompañó en este proyecto desde el principio. Nos dijimos ¿cómo empezamos? Con las prendas que nos llevaríamos a casa. Arranqué con una remera de mi novio, que tenía archivada de Illya Kuryaki and the Valderramas, que achiqué, le agregué unas mangas de organza plisada de una tela que tenía en casa, y la usé para pasar música en un evento. Muchas chicas se coparon con la remera y la incluimos en la colección.
-¿Cómo es la colección?
-Hay militar, rayas, lunares... Yo tengo un tema con los lunares, de hecho lo tengo tatuado, en homenaje a Yayoi Kusama. Hicimos una remera con un lunar negro y todas las etiquetas de la ropa. Un short de lunares, y vestidos, incluido uno bien princess. Hicimos remeras de Leche, álbum de Illya Kuryaki y Hermoza from heaven, una canción. También hay cuero: me encantan las camperas, son un must en un placard, y me divertía que fuera jugada. Esta tiene flecos, es bastante importante.
La tanda animal print es la más comoda, para usar a diario, y en general armamos difierentes looks con las mismas prendas. Está bueno mezclar para lograr equipos de día y de noche. En sí, es una colección atrevida, en el mejor sentido de la palabra. Soy muy consciente de que con lo que te ponés provocás y contás mucho de vos. Me encantaría que las chicas se divirtieran más a la hora de vestirse.
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