"No perderte": Para estar cerca, buscó novio en el círculo de su amor secreto
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Ansiosa, ella esperaba la llegada del recreo para salir al patio, pararse a unos metros de distancia y con aires de distraída, mirarlo. De Kevin le gustaba su sonrisa y cada uno de sus gestos, que exhalaban una simpatía desbordante que le aceleraban su corazón. Su amor platónico ya tenía 17 y también una novia, pero Flor, que era un par de años más joven, no podía evitar el impulso de querer llamar su atención y dejarse guiar por sus emociones.
Para acercarse un poco más, ella eligió un camino poco usual: entabló un noviazgo con un pariente muy cercano a Kevin, lo que le permitió conocerlo más íntimamente, hablarle e inclusive intercambiar los celulares. "Y así, sin darnos cuenta, de pronto nos quedábamos hasta muy tarde a la madrugada escribiéndonos", cuenta Flor, "Y en el colegio, al vernos, sólo nos sonreíamos de lejos".
Una madrugada se propusieron intentar algo sin tener en claro cómo abordarlo o saber si funcionaría. Tal vez fuera porque, a esa edad, los amores son inocentes pero también confusos. "Todo es puro descubrimiento", dice hoy Flor, "Lo que recuerdo era que resultaba emocionante, pero que no queríamos lastimar a las personas con las que nos habíamos involucrado. Entonces, nos vivíamos escapando del colegio y, de a ratos, cuando nadie nos veía, nos encontrábamos en las placitas del barrio. Juntos nos reíamos mucho y las horas se nos pasaban volando hasta que llegaba el momento de volver a casa".
No lastimar a nadie
Así, entre escapadas y mariposas en el estómago, transcurrieron varias semanas. Por aquellos días, todo era pura magia: cartas escritas en puño y letra, encuentros sólo para reírse y decenas de noches en las que se veían a lo lejos en las típicas fiestas en casas de amigos. "Nos celábamos, nos extrañábamos, nos queríamos demasiado y en silencio", recuerda Flor emocionada, "Eran sentimientos inevitables, no era a propósito y por eso no dejábamos de pensar cómo hacer para estar juntos sin lastimar a nadie".
Pero ciertas situaciones caen en un segundo por el peso de lo inevitable y ese instante llegó, doloroso. Fue durante una tarde típica en una de las plazas del barrio. Quien fuera el novio de Flor -y pariente de Kevin-, los vio y las consecuencias resultaron mucho más duras de lo esperado. "Entonces entendí que debía terminar con toda esa situación", afirma Flor, "Y con una carta de despedida, le aclaré a Kevin que no podíamos estar juntos ni vernos más. También le dije que era el amor de mi vida y que lo iba a extrañar. Después hablé con mi novio, le aclaré que no podía seguir con él, porque me había enamorado de esa persona que tan bien conocía. Debía hacerme cargo de la situación: no podía quedarme en ese círculo, porque nos íbamos a lastimar".

Los días, los meses, el tiempo pasó. La indiferencia fue la protagonista y los recelos formaron grietas profundas. Y así, las semanas transcurrieron hasta que llegó el fin del año lectivo y la partida de su amor verdadero, que ya se había recibido del secundario. "Yo me cambié de colegio y no nos volvimos a cruzar más", cuenta Flor, "Fue como si hubiéramos desaparecido del mundo del otro, y eso que vivíamos a pocas cuadras en el mismo barrio".
De día Flor lo olvidaba, salvo cuando pasaba por esa plaza en particular que cobijaba los mayores recuerdos, entonces, sentía una mezcla entre angustia y felicidad; por las noches, lo extrañaba casi siempre.
Mucho tiempo después
Diez años pasaron y un día fueron más adultos que nunca. Flor había sido madre de un precioso varón y él, de una princesita. "Yo estaba atravesando un momento muy crítico con el padre de mi hija, pero, aun así, luchaba para que funcione. Finalmente, no dio para más. Y entonces, a través de las redes y cuando más lo necesitaba, apareció él. Sin embargo, yo no le contesté. Estaba pasando por un momento muy triste", explica.
Insistente, él la convenció para encontrarse en una de aquellas placitas de la adolescencia. "Pero el encuentro no se concretó. El que ya era mi expareja, justo me había pedido de hablar y para mí era prioritario resolver de la mejor manera posible los conflictos con él. Sin embargo, Kevin no se rindió y ahí, a través de sus palabras, me di cuenta de que nunca se había ido realmente, que siempre había estado pendiente de mí", continúa Flor.

Fue así que los encuentros en la plaza regresaron y con ellos, de nuevo las risas y las charlas interminables. A pesar de que ambos estaban libres de compromisos, los conflictos ahora eran otros. "En horas y horas de charlas, supimos que habíamos tenido vidas muy similares y él tenía una relación muy conflictiva con la madre de su hija y lo mismo me pasaba a mí con mi expareja".
El panorama de ambos era tan complejo, que juntos decidieron que lo mejor por el momento era no formalizar nada. Sin embargo, esa atracción arrolladora del pasado, volvió con más fuerza y el imán entre ellos fue imparable. Aun así, casi sin darse cuenta, adoptaron la misma dinámica de idas y vueltas, de celos y tensión del pasado. "Y un día no pude más con la situación. No lo quería así, lo quería para mí de verdad. Me di cuenta de que él era todo: era quien me mimaba, me contenía y, en especial, el que me hacía reír a carcajadas. Era el mismo del que me enamoré la primera vez", revela Flor,
"Y en nuestras largas conversaciones, descubrimos que, durante nuestros años distanciados, siempre habíamos estado buscando eso especial que teníamos entre nosotros, pero que con nadie más lo lográbamos. Por eso, y después de una discusión, le dije que era todo o nada. Al día siguiente, me dijo que me amaba y lo quería todo".

El amor de su vida
Luego de varios desacuerdos y trabas por parte de sus exparejas, Flor y Kevin decidieron que era tiempo de priorizar ese amor que habían reprimido y relegado. "Y volvimos a ser esos dos adolescentes, maniáticos de cuidarnos y querernos, pero con una nueva química. Inigualable. Finalmente, fuimos novios".
Hoy, Flor y Kevin conviven con sus hijos y un hermoso cachorrito. Ambos son fanáticos de los autos y juntos tiene varios proyectos, entre ellos, priorizar y fortalecer la familia.
"A los dos meses de estar de novios, me propuso casamiento. Me dijo que siempre había sido el amor de su vida, que me ama con locura y que no está dispuesto a volverme a perder", concluye Flor, quien espera con ansias al 9 de noviembre de 2019, la fecha que fijaron para la boda.
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