Una antropóloga cuestiona las teorías que solo se basan en la neurociencia
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La explicación neuronal de dios, un dios que vive en los pliegues del cerebro, creación de circuitos eléctricos que se retroalimentan con la religiosidad social, con los ritos y las costumbres, confronta no solo con las religiones, sino también con una tradición reciente de la ciencia que busca evitar la explicación estrictamente biológica del hombre y prefiere aquellas que lo analizan desde un conjunto de dimensiones, como la cultural y la espiritual. "A principios del siglo XX aparecen nuevas teorías con un movimiento renovador que revisan los supuestos epistemológicos de la ciencia y que nos brindan una mirada del mundo, la materia, el tiempo, el espacio y del ser humano en todas sus dimensiones. Concebir al ser humano solo desde su base biológica es algo muy limitante. El hombre es más complejo", dice Ana María Llamazares, antropóloga y máster en Metodología de la Investigación Científica.
"La visión biologicista –dice– viene acompañada de un cierto determinismo, en el que si solo somos genes, neuronas, neurotransmisores, sustancias químicas que se activan o no, todas las otras dimensiones del hombre, en donde está por ejemplo la libertad de elegir, de ser autor de su propio destino, eso está muy limitado", explica.
Llamazares califica a la neurociencia como el nuevo gladiador del siglo XXI que ahora parece dispuesto a dejar a su oponente –la religión– fuera de combate con argumentos aparentemente irrefutables. "Ha pasado más de un siglo y mucha agua bajo el puente de las ciencias contemporáneas. Varias teorías ya consagradas removieron los fundamentos del materialismo –el supuesto de que la realidad es solo materia–, y la crítica epistemológica ha cuestionado seriamente su método canónico, el racionalismo reduccionista, que supone que la mejor explicación es la que logra reducir los fenómenos a sus estructuras más pequeñas. Por eso sorprende ver que algunas de las últimas tendencias de la neurociencia sigan operando bajo los mismos principios", dice la autora del libro Del reloj a la flor de loto. Crisis contemporánea y cambio de paradigmas, en el que profundiza sobre el devenir de la ciencia en los últimos siglos.
"La neurociencia peca un poco de falta de autoexamen de sus propios principios epistemológicos. Este mecanismo de enfrentar ciencia y espiritualidad o religión –que no son lo mismo– lleva a pensar en una falta de aggionarmiento, de no haber sido atravesado por las críticas a la ciencia tradicional. Es un gran avance conocer el fundamento biológico de las conductas humanas, el problema se plantea a la hora de interpretar. La base neuronal es una condición necesaria pero no suficiente para comprender la experiencia espiritual y religiosa".






