
Norman Mailer: "Digo no al imperio mundial estadounidense"
El viernes, el intenso, lúcido y polémico escritor norteamericano cumplió 80 años. En esta entrevista demuestra su perspicacia intacta
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–Usted ha escrito acerca de la tecnología durante cincuenta años. ¿Piensa que ahora oscurece más los sentidos y el alma? ¿Usa Internet?
–No, no la uso. Me distraería demasiado de las cosas que me quedan por realizar. Hace poco dije que la tecnología ofrece menos placer que poder. Parte de la crisis de los tiempos modernos es esa tendencia a un mayor narcisismo, a la atracción cada vez mayor que ejerce el poder.
–Se habla mucho de Irak...
–No estoy a favor de la guerra. Desde el principio he pensado que la actitud de la administración Bush de confrontar a Irak ocultaba alguna otra cosa. Hace un tiempo se decía que Irak era una amenaza nuclear inmediata. Ahora se sostiene que ya no lo es. La gente de Bush luego empezó a advertir el enorme peligro de un ataque bioquímico contra Estados Unidos. Pero nunca se demostró que Irak se apreste a algo así. Finalmente, la acusación fue que Irak es una cueva de terroristas. Pero si yo fuera Saddam Hussein, lo último que querría en mi país es tener terroristas de otras naciones, porque desearía tener un control absoluto sobre mi tierra. Los terroristas son como bombas ambulantes. ¿Por qué Saddam querría pagar un precio tan alto? Entonces, ¿qué se oculta detrás de esta actitud? ¿Por qué la Casa Blanca quiere la guerra? ¿Por el petróleo? ¿Es una recompensa suficiente por todos los peligros que implicaría esta guerra?
Me impresionó un artículo que apareció en el Journal-Constitution del 29 de septiembre último, al que la prensa estadounidense no le prestó atención. Un artículo fuerte. Se señalaba que nadie decía qué se haría con Irak luego de ganar la guerra, pero que era evidente. Ocuparemos Irak, y por mucho tiempo. Así, las cosas empiezan a cobrar sentido. Significa que estamos iniciando el Imperio Mundial Estadounidense. Eso es lo que está oculto. Estoy hablando como conservador de izquierda.
–Era mucho más claro cuando usted se autodenominaba anárquico. Sabíamos lo que eso significaba. Pero, ¿conservador de izquierda?
–Debo redefinir el término cada día, para mí mismo, porque aparentemente es un oxímoron. Pero tiene un significado. Pienso en lo que queda de la filosofía de izquierda (que no tuvo muchas ideas nuevas en los últimos 30 años), y creo que persisten en ella elementos que vale la pena mantener.
–¿Como cuáles, por ejemplo?
–La idea de que un hombre muy rico no debe ganar en un año 4000 veces más que un pobre. Ultimamente han aparecido en Estados Unidos dos clases de conservadurismo profundamente diferentes: la de los que llamo conservadores de valores, porque creen en lo que la mayor parte de la gente considera valores conservadores: la familia, la casa, el trabajo, el deber, la fidelidad, la virtud humana. Y la clase que llamo conservadores de bandera, de los cuales la actual administración es un perfecto ejemplo. Creo que no les importa nada conservar los valores, pero usan la palabra conservar. Y, ciertamente, usan la bandera. Adoran la palabra mal. Uno de los peores errores de la retórica de Bush es usar ese término 15 veces cada cinco minutos, y alguien así no es un conservador de los valores. Un conservador de bandera es un manipulador que sólo quiere el poder.
–¿Quién es un conservador de valores en la política americana?
–Eisenhower fue un conservador de los valores. Y, entre los recientes, no creo que Reagan lo haya sido. Ni siquiera creo que Reagan haya tenido una sola idea original en su vida. Simplemente, era un hábil escalador de las laderas del éxito. Ese era su talento. Impresionaba mucho a los conservadores de los valores, al punto de hacerles creer que era uno de ellos.
–Volvamos al imperio...
–Verá, tras el conservadurismo de bandera no hay locura, sino lógica. Yo no estoy de acuerdo con ella, pero se trata de una lógica poderosa. Según ellos, Estados Unidos está decayendo. Los medios del espectáculo son demasiado libres, licenciosos. Los jóvenes ya casi no saben leer, pero sí saben disparar armas. La moral desaparece. Si Estados Unidos se convierte nuevamente en una gran maquinaria militar, dedicándose a nuevos empeños bélicos, la libertad sexual tendrá coto. Todo el esfuerzo se dedicará a la necesidad de los valores nacionales.
–¿Y qué habrían hecho los constructores del imperio sin el 11 de septiembre?
–No hubieran procedido de este modo. Sin el 11 de septiembre no existiría la posibilidad de una guerra contra Irak. La atención de los medios se concentraría entonces en los problemas económicos, el aumento de la desocupación, los escándalos empresariales, los asesinos seriales y las drogas.
–En los medios estadounidenses de derecha se dice que el islam es una religión perversa que debe desaparecer. ¿Cómo le parece que terminará ese enfrentamiento si el Occidente cristiano o poscristiano se coloca en esa posición?
–En primer lugar debo decir que los conservadores de bandera no son cristianos. Son, en el mejor de los casos, cristianos militantes, algo que es una contradicción fatal, porque uno de los fundamentos del cristianismo es la compasión, que brilla por su ausencia. Y, en teoría, el islam es una religión también igualitaria, que sostiene que todos son iguales ante Dios. Pero la realidad no es en absoluto ésa. ¿Usted me pregunta si creo que este enfrentamiento terminará en una guerra? Creo que sí.
–¿Se podrá resolver el problema de Israel y de su dilema existencial: los palestinos? Usted no escribió mucho sobre el tema.
–No, nunca estuve allí. Y por una buena razón: ir a Israel hubiera sido escribir otro libro, y un libro importante. Y eso interrumpiría lo que estoy haciendo, que me importa más.
–Pero usted no es antisionista...
–No, le diré unas ideas simples sobre Israel. Cuando nació era un país muy pequeño. Si los jefes árabes hubieran sido humanitarios, habrían advertido que esas personas habían pasado por un infierno, y los habrían tratado con gentileza, pero en cambio los trataron como enemigos. Los israelíes no tuvieron más alternativa que hacerse fuertes y buscar nuestra alianza. Así, no pudieron llevar a la práctica ninguno de los mejores aspectos de la naturaleza judía: la ironía, el amor por la verdad, la sabiduría y la justicia. Cuando se trató de salvar a su país, todo cambió, e Israel se convirtió en otra potencia del mundo. Pero perdió lo que tenía de especial, y ahora trata a los palestinos como a judíos del gueto.
–¿Cree que hay algún modo de resolver el dilema palestino?
–No ahora. Cualquier acuerdo que se construya en este momento será destruido enseguida. Si la guerra contra Irak termina con la ocupación estadounidense, Israel se sentirá más segura durante unos años. Pero ese respaldo podría acabar por ser peligroso.
–¿Qué opina de Ariel Sharon?
–Es alguien brutal, un poderoso general. Supongo que diría, para defenderse: "Soy lo que el destino hizo de mí". Si estuviera en el gueto, sería uno de los hombres más fuertes y, probablemente, uno de los menos queridos. Pero es un israelí. Lo más notable de los israelíes es su patriotismo. Y sí, después de Hitler, ¿cómo hubieran podido no ser patriotas? En ese sentido, estoy seguro de que Sharon cree estar haciendo lo único que puede hacer, la cosa más justa.
Dos premios Pulitzer y una vida agitada
Norman Kingsley Mailer nació en 1923. Su padre, judío sudafricano, era un empleado pobre y él creció en Brooklyn, un vecindario obrero. No obstante, consiguió una beca e ingresó en la exclusiva Universidad de Harvard, ya decidido, a los 17 años, a ser "un escritor importante". A los 18 publicó su primer cuento en la revista universitaria. En 1943, egresó como ingeniero aeronáutico.
Con Estados Unidos en guerra, Mailer se alistó en el ejército y fue enviado a Filipinas, donde tendió líneas telefónicas para el Cuerpo de Ingenieros e incluso fue cocinero. Un compañero recordó más tarde que "el cabo Mailer se peleó más con sus supervisores que con el enemigo". A su vuelta escribió la novela Los desnudos y los muertos, relato ficcional de la Guerra del Pacífico, que lo llevó a la fama a los 25 años.
Luego de ese éxito, el joven Mailer probó suerte en Hollywood y escribió novelas como Costa bárbara y El parque de los ciervos. En la década del 50, fundó con algunos amigos el famoso periódico contracultural The Village Voice. En ese período, los temas favoritos del autor eran las drogas, la política y el sexo, y esos años fueron sólo la antesala de la gigantesca imagen que lograría en la década del 60. Mailer estaba en todas partes, protestando contra Vietnam y contra Nixon. En 1969, ganó el Premio Pulitzer por la novela periodística Los ejércitos de la noche, y obtuvo otro en 1980.
Ha escrito sobre política desde 1960, colocándose en un sitio central de la vida cultural estadounidense y destacándose como controvertido periodista de opinión. Tachado de misógino por el movimiento feminista (por su libro El prisionero del sexo), amante del boxeo (La pelea, de 1975, relata el match entre Muhammad Alí y G. Foreman), ha tenido una tumultuosa vida familiar: se casó seis veces y tiene nueve hijos. Su último libro es The Time of our Time (1998).
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