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Bestiario

"Nunca subestimes lo que un perro callejero puede hacer por vos", lo rescató y recuperó gracias al deporte

Jimena Barrionuevo
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25 de septiembre de 2019  • 13:30

Estaba perdido, deambulaba sin rumbo en una de las principales avenidas de la ciudad de Córdoba, capital. Era cachorro, sus patas y sus dientes hablaban de su edad pero también de un pasado en la calle, sobreviviendo como podía con lo que le daban de comer en dos estaciones de servicio cercanas. "Mi marido fue a cargar nafta y ahí lo vio. Pensó que en cualquier momento lo iban a atropellar así que lo subió al auto. Lo puso en marcha pero Fernando se tiró por la ventana. Lo volvió a subir y esta vez se aseguró de que no pudiera escaparse. Así llegaron los dos al negocio que teníamos en ese momento", recuerda Luciana Bonzón (36).

El perro estaba todo lastimado y con signos de estar enfermo. Lo llevaron de inmediato al veterinario, quien constató que Fer tenía fiebre y con un cuadro respiratorio un tanto complicado. Entonces quedó internado. Luego de dos días pudo salir y Luciana lo llevó a su casa. "La idea era que terminara de rehabilitarse para poder darlo en adopción. En ese momento ya teníamos otros dos perros y se nos complicaba sumar un tercero a la manada", recuerda.

Pero el destino tenía otros planes para el travieso Fer. La tarde de la campaña de adopción, una serie de imprevistos demoraron la llegada al lugar donde los interesados podrían conocer al perro. "Ya está, dejalo que se quede en casa", le dijo su marido a Luciana. "Que le haga compañía a los otros". Y así fue que empezó un nuevo capítulo en la vida de esta familia.

Así dejaron el sillón los machos de la casa.
Así dejaron el sillón los machos de la casa.

Todo parecía marchar sobre ruedas. Pero, al poco tiempo, los problemas comenzaron a aparecer. Las peleas entre Fer y el otro macho de la casa se hacían cada vez más fuertes. Rompían todo lo que estuviera a su alcance. Incluso llegaron a explotar un sillón y destruir las cuchas en las que dormían. Luciana, que es docente de primer grado, decidió entonces que era un buen momento para comenzar el curso de educación canina que tenía en mente hacía unos meses. Pusieron en práctica lo aprendido y nuevamente todo volvió a la calma. "Pero había algo en Fer que no terminaba de mejorar. Suponemos que algo en su pasado hizo que se volviera agresivo con otros perros y necesitábamos trabajar en eso".

Correr fue la herramienta que finalmente encontraron para sacar al cachorro adelante. "Lo descubrimos la primera vez que le pusimos el pretal. Fer era atlético, rápido y estaba sumamente concentrado. El deporte te hace descubrir habilidades innatas en muchos perros que son muy difíciles de encontrar en otro contexto", asegura Luciana. Así, entrenar, participar en carreras, mantenerse activo y con un objetivo se convirtió en una parte esencial de la vida de Fer y sus humanos.

No fue solamente el perro el que sacó provecho de la actividad física. Hacía más de 18 años que Luciana llevaba una vida sedentaria. "Al principio lo hacíamos como actividad recreativa pero nos fuimos enganchando todos. Y así también conocimos el equipo de entrenamiento del que formamos parte, que se llama CanRun Canicross. Fer ama correr. Ve el arnés o nos ve ponernos las zapatillas y sabe que va a salir. Es un incentivo para todos. De a poco nos fuimos animando a pruebas cada vez más competitivas. Después sumamos la bicicleta y nos enganchamos con la disciplina, el bikejoring".

Es esfuerzo, el compromiso y la alegría con la que Luciana y Fer corren los llevaron a clasificar para el Mundial de Dryland (IFSS World Championship Dryland Sweden) que se realizará el més próximo en Suecia. El binomio formará parte del seleccionado que representará a la Argentina en las frías tierras europeas. "Se me pone la piel de gallina de solo pensar que podamos estar en un mundial representando a nuestro país luego del vínculo que supimos construir juntos, como equipo, sin pensar en tiempos ni podios, solo en el disfrute. A días de cumplir el sueño de estar juntos en el mundial de Suecia pienso que Fer me eligió, que era el perro que tenía que estar conmigo, que me llevó a amar el deporte, que juntos estuvimos en lugares increíbles, que es el perro con el que más vínculo tuve en mí vida y que nunca hay que subestimar lo que un perro callejero puede hacer por uno, por él y por otros".

Más allá de toda la situación económica difícil que rodea al país, Luciana y sus compañeros mantienen el sueño de poder llegar a Suecia en pie hasta el último día. No fue fácil llegar hasta este punto. Detrás de cada perro y humano hay muchísimo trabajo, esfuerzo y dedicación. Por eso, están vendiendo una rifa para poder reunir dinero y cumplir el sueño (se puede comprar en este link). "Aprender a salir a entrenar cuando hace frío o muy temprano cuando hace calor, salir aún cuando no tenes ganas pero tu perro te lo pide, enseñarles a ellos cómo viene la mano (cuando seguir, cuando frenar, cuando doblar a la derecha o la izquierda). Todo eso, no sucede por arte de magia, sino con trabajo. Nos falta bastante dinero, pero no renunciamos. Vamos a seguir trabajando para que pase".

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