
En Romipack producen 600.000 bolsas diarias de manera sustentable para hacernos la vida más fácil. Acerca de cómo un rollo de papel se transforma en uno de los objetos más útiles.
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Por Cecilia Acuña / Fotos de Mariana Roveda
Las protagonistas de esta nota son las bolsas. Porque cada vez que vamos a comprar algo, lo que sea, siempre nos terminan dando una bolsa, que si es de papel, mucho mejor para el medioambiente. Desde el parque industrial La Cantábrica, en Haedo, Romipack produce alrededor de 600.000 bolsas de papel a diario y vende unas 120 millones al año. Basta darse una vuelta por cualquier shopping de la Argentina para conocer a los clientes de la empresa. Con un esquema de trabajo sustentable, Romipack comienza el proceso de producción con rollos de papel comprados a papeleras que disponen de bosques protegidos. De ahí que en cada una de sus bolsas sea posible encontrar el sello de certificación de la FSC o Consejo de Administración Forestal. Por otro lado, los residuos que se generan se devuelven para ser reciclados.
El papel llega en blanco o en color madera para luego ser impreso de acuerdo con los diseños de cada cliente. Nada en los dos extensos galpones se hace de manera manual, todo es automático: los operarios solo manejan las máquinas. Lo primero es la impresión. Desde el departamento de arte se producen los llamados polímeros, planchas con relieve por donde pasan los colores sobre el papel virgen. Se crean tantos polímeros como tonalidades lleve el diseño.

Entre el trabajo frente al monitor y la puesta en marcha de los cilindros de las cuatro impresoras se encuentra el taller de color, que es el lugar donde se almacenan toneladas de tintas que responden a un pantone universal. Algunos clientes solicitan la creación de matices nuevos.

Cuando el papel ya impreso vuelve a ser un rollo con diseño, pasa a la segunda instancia de producción: las máquinas confeccionadoras que arman las bolsas y les colocan manijas de hilo retorcido o de papel plegado. Son segundos mágicos los que separan la bobina de papel plano de la salida de una bolsa terminada en todas sus dimensiones. Y, de ahí, listas para embalar y llegar a nuestras manos el día que nos toque comprar un jean, una cafetera o un perfume.













