
París: cien años del Metro
Siempre mejorando, las líneas de transporte subterráneo de la capital francesa son argumento de servicio y de turismo
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A la velocidad alucinante de 30 kilómetros por hora, los trenes comenzaron a recorrer las entrañas de París hace cien años y unos días, el 19 de julio de 1900. Hoy el métro parisiense -el nombre deriva del de la Compañía Metropolitana de París- es sinónimo de transporte subterráneo en cualquier ciudad del mundo.
El primer héroe del metro francés tenía un nombre que, en sí mismo, auguraba buena acogida al sistema: Fulgencio Bienvenue. Por la fecha de inauguración, este hombre tímido y discreto tenía 50 años y toda una vida detrás de su sueño de alta ingeniería.
Una gran figura del art nouveau, el artista Héctor Guimard, daría pronto a las estaciones parisienses el aire y el estilo inconfundibles y bellos por los que son reconocidos.
La red creció hasta transformarse en el tejido amplísimo que es hoy día, pero algunas estaciones jamás llegaron a entrar en servicio. Para comprender esta circunstancia anómala, habría que remontarse a 1920: dos compañías competían para la realización de las obras, y duplicaban sus esfuerzos. Durante la guerra, los trabajos cesaron. En 1949, las dos sociedades se fusionaron para dar nacimiento a la Régie Autonome des Transports Parisiens (RATP), y allí comenzaron a inventariar lo existente. Una estación llamada Studio se metamorfoseó, ya que estaba ahí esa designación, en estudio cinematográfico. Otra, la Saint-Martin, jamás vio detenerse un tren, pero posee tres estupendos murales de época, hechos en cerámica. Varias de estas estaciones fantasma pueden ser admiradas en ciertos momentos del año, cuando se organizan tours especiales.
A partir de la década del 50, los cambios y los progresos tecnológicos se han sucedido sin descanso, para comodidad de la mayoría de los usuarios y para dolor de los nostálgicos. Cuando en 1973 fueron reemplazados los viejos molinetes de madera por los actuales, dotados de lectores magnéticos, muchos sintieron una espina clavada en el corazón, ¿qué sorpresas nos deparará el futuro? Así, el Passe Francille, último grito en materia de pasajes y futuro sistema de pago sin contacto, será inteligente. Personalizado, permitirá al pasajero recargar a distancia su abono al metro, y se combinará con un sistema de autos eléctricos libres para llevar a la gente desde la boca del subte hasta su lugar de destino.
Sin duda, el mañana de los subtes de París será muy similar al ayer: décadas de invención, de innovaciones y de marcas récord que transforman lo que debería ser un mero medio de transporte urbano en una razón turística de primer nivel. Un paseo por la capital no será jamás completo si no se baja a alguna de las encantadoras estaciones, si no se espía por las que están al nivel del piso y si no se ven las de última generación, llenas de luz y transparencia aun bajo la tierra.
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