
Patinaje sobre hielo con tintes políticos
Estoy desayunando con unos amigos cuyas hijas van a uno de los colegio de mujeres más exclusivos de Nueva York. Me cuentan que hubo un family day, donde toda la clase se reunió para patinar sobre hielo en Central Park. Uno de los "papis" de primer grado era el dueño de un fondo de inversión que, a su vez, es el dueño de uno de los grandes equipos de hockey sobre hielo. "Patinaba pésimo", me aclararon, con humor, mis amigos, profesionales menos pudientes, pero algo mejor deportistas. La pista se llama Trump y dice "Trump" en cada esquina, recoveco y espacio concebible donde se puedan poner letras doradas. Aun así, otro de los progenitores que luchaba con tan poco éxito como los demás para mantenerse en equilibro era el hijo mayor de Donald Trump, quien básicamente le maneja el negocio. A él nadie quería criticarlo. Donald Jr (y los hijos de Trump en general) tienen muy buena fama aquí, sobre todo como gente de trato agradable con niños bien educados -que no son rasgos a dar por sentados entre la ultraelite americana-. Pero la actitud de respeto y las ganas de proteger a Donald Jr eran sobre todo debido a que, de pronto, su padre pasó de ser el bufón que aterrorizaba al votante pudiente pero bienpensante de la Gran Manzana a una de las alternativas menos demoníacas ante los ojos de este grupo.
Para ellos, los cucos aquí y ahora se llaman Bernie Sanders y Ted Cruz. A Cruz lo definen como "Trump pero mucho peor". Trump finalmente es un pragmático sin ideología, un oportunista. Con todo eso los neoyorquinos pueden convivir, de hecho lo hacen en su vida cotidiana. Cruz sale del corazón del Tea Party y se lo ve como un fanático religioso. Con eso, en Nueva York no.
Bernie Sanders increíblemente se volvió el voto cool. A este senador de 73 años, con siete nietos, ligeramente encorvado y conocido por no tener sentido del humor, los adolescentes le piden selfies como si fiera Justin Bieber. No muestra juventud, ni fortaleza, ni carisma. Se llama socialista en un país donde ni siquiera el ala más de izquierda de los Demócratas lo haría. Su plataforma se basa en subir impuestos. Muchos y mucho, dicen. Los hijos de los arquitectos, dentistas, y profesionales varios, así como un sólido sector de Wall Street (en general, demócratas moderados y pro Hilary), están muertos de amor, para desazón de sus padres.
"Pueden votarlo porque como no tienen trabajo, no les importa que suban los impuestos, y encima promete saldarles las deudas estudiantiles y más días de vacaciones", es la queja repetida. Todos rezan por que la solución caiga en la forma del ex alcalde Michael Bloomberg presentándose como candidato independiente y con su propio dinero para la campaña. Sobre todo esta semana en que, tras un día de nieve, Di Blasio no mandó recoger la basura regularmente, el ruego es por el regreso del administrador eficiente pero con "New York values" progresistas. Pero claro: como esto implica una plataforma donde el control de armas sería clave, su viabilidad más allá de las grandes urbes es puesta en duda.
"Gana Cruz o Sanders y nos vamos a Canadá", se volvió común escuchar. Curioso que sea el comentario de tantos padres cuando intentan patinar sobre hielo. Para mudarse más al Norte, reconocen, van a tener que practicar mucho más.







