
Pitti Uomo, invierno 2016
Variaciones deportivas, barbas renacentistas y spaghetti western
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Quienes una noche del actual invierno europeo ingresamos a la Villa di Maiano para asistir al desfile de Hood by Air, un colectivo de artistas neoyorquinos invitado para participar de la feria Pitti Immagine Uomo 87, apreciamos insólitos cruces de estéticas y de épocas: el nuevo underground neoyorquino había tomado por asalto los salones de la casa florentina, con sus gobelinos, balaustradas y esculturas del 1500, transformado su patio en una disco de los 70 trasladada al futuro. A modo de prólogo del desfile, doce personas vestidas de modo disímil y austero, pero en matices de negro y sin otro artificio que la magnificencia de sus voces, susurraban a los micrófonos que portaban cual accesorio y se paseaban alrededor de una chimenea de piedra de salón principal. Un rato más tarde sus sonidos se replicarían en el jardín de invierno entre infinitos haces de luz y la música electrónica de la DJ Venus X, que se jacta de que sus sonidos son un producto del ritmo de Internet.
Shayne Olivier, director creativo de la firma, en sus prédicas de moda para el invierno 2016 se regodeó del uso de zapatos con plataformas en color dulce de leche, tonalidad que se extendió a abrigos de paño matizados con pantalones deportivos a rayas y continuó en largos abrigos de piel. Las hoodies –como se dice en la jerga del box a las capuchas– implícitas en el nombre de la marca asomaron como recurso ornamental y de protección para la línea de remeras y de buzos en telas deportivas que entre el 13 y el 16 de enero la firma exhibió desde el pabellón de la Fortezza da Basso denominado Unconventional representó una provocación a la exquisitez sartorial implícita en los pabellones Futuro maschile o L’Altro Uomo.
Pero en la pasarela esa colección no se limitó a semejante simplicidad de recurso; por el contrario, los estilos masculinos predicados por Hood by Air dictaminaron el uso de faldas plisadas sobre el pantalón, una paleta de trajes rosas con camisas lilas, tonos que enfatizaban la silueta de chico-chica con pelucas blancas y pestañas al tono o con colosales peinados afro. Iluminados por una fuente de agua que exhibía el logo HBA en tono rosa flamingo, los modelos emergieron desde la escalinata de una galería subterránea cual caballeros templarios y pop. Entre conjuntos con asimetrías en paño noble italiano la progresión hizo lugar a pantalones de cuero negro, zapatillas con plataformas, trenchs de cuero, variaciones sobre el cap deportivo, chalecos, infinitas geometrías sartoriales.
Luego del desfile y durante un banquete de pasta en uno de las salones, los habitués de Pitti desfilaron de modo espontáneo su profusión de barbas renacentistas, trajes con chaleco, sombreros de paño que conferían a algunos asistentes apariencia de retratos que pueblan la Galería Uffizi; entre ellos cautivó Matteo Gioli, un diseñador de la nueva escena italiana. La tarde anterior y desde la locación Dogana, había presentado Arrivo, un colección de trajes con la misma morfología y diversidad de colores, con inusuales botones en los recortes y que los modelos lucieron junto con caras maquilladas para denotar fatiga; todos se habían desplazado por una pasarela circular, donde dos ciclistas hacían girar la superficie.
Otra mirada sobre el nuevo regreso a clásicos que exhibió la feria Pitti en su locación Archivos exaltó estilos norteamericanos de antaño: el diseñador de la firma de sastrería Krammer&Stoudt, Mike Rubin, enunciaba al spaghetti western de los años 60 como inspiración para su colección; mientras que la firma Shinola difundía sus nuevos modelos de bicicletas artesanales, relojes, accesorios de cuero y madera grabados a mano y una línea de cuadernos. Pero el verdadero hit entre los compradores de la feria fue una democrática lata de pomada para zapatos, que aludió a los comienzos de esa firma de Detroit.






