
El extraño placer que le provoca a los suizos disparar es captado por la cámara de Eduardo Soteras.
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De todas las posibilidades, a mí me gusta el intersticio, la hendidura, eso que queda atrapado entre las baldosas cuando pasamos el estropajo. Suiza me parece un buen lugar para eso. Limpio, ordenado y pacífico. Predecible: montañas, bancos, chocolates, quesos, Heidi. Un enorme reloj cucú que funciona como país. A cada hora y de manera exacta aparece el mismo pajarito haciendo “cucú”. Conocemos muy bien el pajarito y el “cucú” que emite y nos sentimos a salvo de tener que preguntar acerca del mecanismo que hay detrás. Predecible: secreto bancario, neutralidad en las guerras, abuelito dime tú. Y Guillermo Tell.

De todos los lugares comunes me quedé con Guillermo Tell o, mejor dicho, con sus herederos. Estos, los suizos a quienes les gusta disparar. Tantos y tan desconocidos, incluso allí. Se juntan cada fin de semana en clubes que parecen hogares, con cocina y cortinitas, o en castillos que parecen castillos. El ritual es un fusil militar, un blanco a 300 metros, nada de mira telescópica. Papá, mamá, el abuelo y los nenes. Cerveza y asadito cuando se terminaron los tiros. Parecido al fútbol acá.

A veces, se juntan en eventos inmensos como ciudades. Millones de balas, armas y litros de cerveza. Mucha pasión, ningún herido. Parecido al fútbol acá. Mi viaje en este mundo ha sido un constante ida y vuelta desde el asombro y el prejuicio, con la contradicción como almohada. Todavía no he vuelto, ni he llegado a ninguna conclusión. Los fotografío porque, de alguna manera, me enamoré de ellos, de nosotros, de nuestra condición humana. Por eso, la fotografía hace bien: uno se enamora más. Puesto así, esto vendría a ser una historia de amor. Acaso un deseo: el de atrapar lo invisible a partir de lo visible.

EDUARDO SOTERAS (Córdoba, Argentina, 1975). Fue dirigente estudiantil, contador público, docente universitario, postulante al área de Finanzas en Naciones Unidas, vagabundo, contrabandista cubano, mozo, ayudante de albañil, pintor de brocha gorda, marinero sahariano, restaurador de muebles y artesano: en ese orden.

Ahora es fotógrafo y vive en Kinshasa, Congo. En 2005 comenzó su carrera independiente en Palestina, donde cofundó el colectivo ActiveStills y creó la organización ActiVision, dedicada a la fotografía y al video participativos.
Por su trabajo en ese país, recibió una beca para estudiar un posgrado en la Universidad Autónoma de Barcelona, con un Máster en Fotoperiodismo (2007). Allí, cofundó el colectivo Ruido Photo, y fue creador y director de la escuela de fotografía Ruido Formación, donde también se desempeñó como docente de fotografía documental. En 2009 participó del proyecto En el camino, sobre el viaje de migrantes indocumentados centroamericanos a través de México (Libro por Blume, 2010, ganador del PoYi Latam al mejor libro de fotos del año).

En 2010 dio inicio a Fuego neutral, acerca de la cultura suiza del tiro (publicado por GEO Francia, La Vanguardia, y ganador de una beca de investigación del Consejo Nacional de Cultura y Arte de Cataluña). El trabajo fue exhibido en el Museo Caraffa de Arte Contemporáneo, en la provincia de Córdoba.
En marzo de 2011 realizó Masafer, un proyecto en el que documenta la vida de las comunidades que habitan las cuevas del sur de Hebrón, lugar en el que vivió más de un año y medio. Hace poco, este trabajo fue producido como exhibición por la A. M. Qattan Foundation y la Representación Argentina en Ramallah.

En 2012 desarrolló Todos los hielos el hielo, un estudio sobre el derretimiento de los glaciares y sus consecuencias en los Himalayas nepalíes. En 2014 realizó Lo que queda, documentando los ataques en Gaza durante los meses de agosto y septiembre. Este proyecto fue comisionado por la galería Al Hoash de Jerusalén para el festival Qalandia International. También en Gaza, se dedicó a Gaza Mode d’Emploi: un recorrido por los espacios comunes de un lugar muy poco común. Fue publicado por Courrier International y la revista Granta en su edición de invierno de 2016.

Recientemente, Soteras fue premiado por la Cámara Argentina de Comercio como joven sobresaliente del año en la categoría Logros Culturales. Es representado en Europa por Sarah Preston / Neutral Grey y, actualmente, trabaja como fotógrafo para la AFP en República Democrática del Congo.
Le gusta cocinar y sostiene que está realmente establecido en un lugar cuando tiene sus libros en un estante y una planta de albahaca como mascota. Asegura, también, que le interesa el ser humano y que, por eso, hace fotos, aunque suele decir tantas pavadas que vale la pena dudar. Para ello dice hablar ocho idiomas y en todos se las arregla para mantener tanto el acento cordobés como el nivel de tonterías. De todos los oficios que ejerció, el de antropólogo amateur es el único que sostiene con cierta seriedad.
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