
Preston Bailey, el nombre detrás de las grandes bodas de Nueva York
Invitado al Buenos Aires Bridal Weekend, cuenta por qué el ¡wow! es su marca registrada
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Su tarjeta dice event planner. Sin embargo, Preston Bailey es mago. De esos capaces de transformar un salón vacío en un lugar soñado. De hacer de los centros de mesa verdaderas piezas de arte. De transmutar un simple detalle en algo central.
Este hombre que marca tendencia con su sola y avasallante presencia, fue la estrella del Buenos Aires Bridal Weekend, que se celebró el fin de semana último en el Faena Art Center. Invitado por Bárbara Diez –su equivalente en el plano local en esto de armar los mejores eventos del país–, Bailey se considera un veterano, aunque su aspecto es de una persona jovial y más activa que muchos que acusan 30 años.
"En Nueva York me conocen como el abuelito del diseño de eventos. La razón es que estoy en el negocio hace como 30 años", explica ante un auditorio colmado de organizadores de eventos y algunos novios que pagaron, para escucharlo, $ 3000 más IVA.
Elegancia, opulencia, exuberancia y distinción es la marca registrada de un evento que lleva la firma Bailey. Nada de ambientación minimalista. Nada de salones despojados y blancos. En el mundo de Preston, menos es definitivamente menos. Sólo vale maximizar.
"Empecé en 1980. En la primera boda sólo querían un poco de flores en las mesas y también un arreglo en la iglesia, y quizá las flores de la novia. Eso era en 1980. Esos primeros 10 años eran un horror –recordó–. Pero llegaron los 90 y todo cambió. Y en América, en Nueva York, una diosa nació. Esa diosa se llama Martha Stewart. Martha nos enseñó a todos, la gente ordinaria, la gente extraordinaria, que podían usar flores, que podían cocinar mejor, que podían hacer todo con un poco de estilo", relató durante la conferencia, sin duda la más esperada del fin de semana.
Nacido en Panamá, y sin educación secundaria completa, Bailey llegó a Nueva York y creó un imperio casi de la nada. Fue modelo hasta que se topó con su verdadera vocación. "Empecé por accidente. Tengo un buen amigo que es diseñador de interiores, yo estaba en Nueva York, necesitaba un trabajo y él me dijo: ¿Por qué no tratás y le hacés arreglos florales a una de mis clientas?>> Así empecé. Tres años después, la hija de esa clienta iba a casarse y me dijo: > Y me dije: ¿por qué no? Por supuesto yo nunca había hecho una boda y no sabía nada, y esa fue mi primera vez", contó Bailey en una reciente entrevista.
En el camino hacia su encumbrado ascenso, dos nombres, de esos que suelen dar grandes empujones y abren un sinfín de puertas si las cosas salen bien, se cruzaron en su camino: Donald Trump y Oprah.
Sin embargo, su gran sueño, el de diseñar el casamiento del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sabe que es un imposible, pero no se resigna y al menos se ilusiona con diseñar el de alguna de sus hijas.
"Hoy mi negocio lo que hace es transformaciones. Transformamos espacios", explicó en relación a su trabajo. "Las mesas son piezas de arte. Y los detalles son importantes. Que la gente se siente en las mesas y descubra algún detalle, ése es mi sello."
Aunque Nueva York suele considerarse el lugar donde habitan las tendencias mundiales, Bailey asegura que pocos se animan allí a innovar y a salirse del libreto. "En Nueva York la gente está aburrida y ve todos los mismos espacios todo el tiempo. Por eso es importante la transformación y hacer algo completamente diferente."
El uso de efectos holográficos e imágenes 3D para generar cambios de espacios es una de las últimas tendencias en los grandes eventos neoyorquinos. Pero el verdadero desafío de una transformación es crear algo que la gente no olvide. Arrancar un ¡wow!, que sería como el equivalente al aplauso para un artista que se sube a un escenario.
La iluminación y las proyecciones también son una herramienta válida en su tarea: "Es increíble lo que se puede hacer con ellas", aseguró.
Cada fiesta le demanda entre 6 y 12 meses de trabajo y planificación. Para llevar sus ideas a la realidad cuenta con un equipo de trabajo de más de 20 personas.
Colores primarios
Bailey es amante del color rosa, cuanto más fuerte, mejor. "Prefiero trabajar con la misma gama o familia de colores. No me gusta usar colores opuestos", dijo. En cuanto a las flores, las orquídeas son un toque infaltable, y si tiene que elegir un aroma, sin duda se inclina por los jazmines.
En relación con el servicio de catering, destacó que los clientes buscan un diferencial: "Una cosa que todos los clientes quieren es algo diferente. Vienen a mí porque quieren algo distinto y algo original". ¿Un ejemplo? Para una boda con 2000 invitados creó una especie de villa que contaba con cuatro restaurantes diversos, donde los invitados podían elegir qué comer.
Y para los más chicos, también hay una boda a medida: "Los segundos matrimonios son comunes en Nueva York, entonces creamos una sección para los chicos y una torta especial para ellos, como para que se sientan parte del gran festejo".
Aunque en la Argentina es una tendencia incipiente, en Estados Unidos las ceremonias se realizan en el mismo lugar donde se hace la fiesta. "La ceremonia es muy importante, y por eso se crean espacios especiales, relacionados con las creencias y con los gustos de cada pareja."
Sin duda, en su caso, la inspiración viene de la naturaleza. Su infancia en Panamá, rodeado de plantas y flores de todas formas y colores, fue fundamental a la hora de empezar a marcar un sello propio.
"Crecí en Panamá, con el bosque tropical… Todo mi trabajo es acerca de traer la naturaleza a los interiores. Por eso la mayoría de mis trabajos son exuberantes. La naturaleza es muy inspiradora. Los clientes traen ideas y creamos el diseño juntos", relató en una reciente entrevista para un portal de novias.






