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Cuando los padres llegan a una mayoría de edad, los hijos suelen hacerse cargo, en particular cuando estos no pueden hacerse valer por ellos mismos. Este comportamiento parece normal e incluso se concibe como una obviedad, pero no siempre sucede o se lleva a cabo. Según la psicología, aquellos que asisten a sus progenitores en la adultez mayor no son los favoritos, sino quizás quienes buscan la aprobación que nunca recibieron.
En el estudio encabezado por Jill Suitor, de Purdue University, y que tituló: Within-Family Differences, se hizo hincapié en los vínculos familiares durante la adultez, cómo pueden invertirse los roles de cuidado y cuánto afloran viejos resabios o traumas que no se trataron en el pasado.

Esta investigación analizó a 309 familias que incluían a 708 hijos adultos. Los expertos hallaron una relación entre las percepciones de favoritismo materno y los síntomas depresivos de los hijos. Si bien esto no provoca un daño psicológico y se presume que en la adultez los hermanos no compiten por el afecto de sus padres, sí puede percibirse un trato intencional más cercano de aquellos que de pequeños no se sintieron como los favoritos.

Cuando es necesario hacerse cargo de los padres en una adultez mayor, los expertos señalaron diferentes factores que influyen directamente, como la localización geográfica, la disponibilidad de tiempo, el género y las responsabilidades. Sin embargo, en muchos casos, quienes acuden a la ayuda y el cuidado no siempre son los que fueron tildados como “los favoritos”.
Asimismo, los expertos indicaron que la cercanía con los padres no siempre es signo de afecto o que importe más que otros que los llaman por teléfono, al igual que aquellos que los visitan seguido y los que no. Los vínculos dependen de diferentes variables y contextos; por más que todos se hayan criado bajo un mismo techo, el trato entre progenitores y sus hijos es individual y personal.




