
Qué quiere una mujer
Esa es la pregunta a la que Sigmund Freud dijo no haber encontrado respuesta. Después de celebrarse el Día Internacional de la Mujer, volvemos a plantear ese interrogante, que conduce a otro: ¿la respuesta es igual para todas las mujeres?
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No el mito. La verdad histórica asegura que Sigmund Freud disparó la frasecita en la que aseguraba que, durante todos sus años de análisis, una sola respuesta le había sido esquiva, y estaba referida al deseo femenino: "Una sola cosa no he podido responderme, y ésa es ¿qué quiere la mujer?" La pregunta echó a rodar y llegó hasta nuestros días reinterpretada con el logo: Quién las entiende.
Hasta no hace tanto, se suponía que una mujer no tenía otro motivo para estar en el mundo que ser esposa y madre. Apenas cincuenta años después, las chicas revoleaban corpiños al ritmo de la igualdad y la revolución sexual ponía al mundo de cabeza. Así, las mujeres empezaron a decir que querían también otras cosas y hoy, más que nunca, la respuesta a la pregunta es compleja.
Ayer, 8 de marzo de 2003, se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, día que existe desde 1977 como recordatorio de aquel 8 de marzo de 1908 en que 129 obreras de la fábrica neoyorquina Cotton, en huelga por reclamo de descanso semanal, jornadas de ocho horas e igualdad de salario con sus compañeros varones, murieron carbonizadas en un incendio que, se cree, provocó el dueño de la fábrica. Ha pasado mucho en todos estos años, pero, ¿saben las mujeres lo que quieren, lo supieron siempre?
Con ustedes, las respuestas.
Todo por amor
Desde que se planteó la idea de esta nota, se abrió un foro de discusión en La Nacion On Line (ver recuadro) con la pregunta: Qué quieren las mujeres. Las respuestas fueron variadas. Una, decía esto: "Tengo una hija de 15 años y jamás se le ocurriría hacerse la pregunta en esos términos. Las nuevas mujeres son primero y ante todo personas".
–Muchas lectoras sienten que es discriminatorio conmemorar el Día de la Mujer, y preguntaban por qué no conmemoramos el Día del Hombre.
–Porque son los 365 días del años –dice Cecilia Lipszyc, vicepresidenta de la Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer–. Medidas como conmemorar el Día de la Mujer, luchar por la ley de cupos en el Parlamento, son medidas de acción positiva, reparadoras de siglos de discriminación. Por lo menos ahora logramos instalar la conciencia de que las mujeres son discriminadas. Pero no hay una conciencia colectiva, me parece que las mujeres todavía aspiran a un hombre empoderado, con poder. Eso es contradictorio. Aún esperan un hombre poderoso económica o política o intelectualmente. Eso es cultural, no lo vamos a cambiar con una ley. Pero creo que una primera respuesta sería que las mujeres queremos la igualdad, la paridad. El hecho de que nosotras podamos tener hijos no implica que después planchemos, cocinemos, llevemos a los chicos al médico, a la escuela. La que falta al trabajo, si el chico se enferma, sigue siendo la mujer. Y todo lo hacemos por amor. Nos inventaron el tema del amor, y entonces cocinamos, lavamos medias, cuidamos enfermos por amor. Ese trabajo invisible de la mujer implica 6 horas por día, y esas horas no las paga el sistema ni nadie. Las damos gratuitamente. Las Naciones Unidas han hecho un cálculo de cuánto aporta ese trabajo invisible de las mujeres al producto bruto mundial, y se supone que es las dos terceras partes. Más de la mitad de la población mundial trabaja gratis. Por amor.
¿Qué igualdad?
En la Argentina, donde el número de jefas de hogar crece día a día, las publicidades de jabón en polvo y supermercados siguen destinadas a las mujeres en dulces avisos que muestran a mamás con tiempo para fregar la tabla del inodoro y cuidar de sus pichones.
–Se ha logrado mucho, pero falta mucho –dice Eleonor Faur, consultora de Género y Derechos de las Mujeres de Unicef Argentina–. En el ámbito del hogar falta muchísimo para equiparar la situación de hombres y mujeres. Las mismas mujeres les pedimos más a nuestras hijas mujeres que a nuestros hijos varones. Las mujeres trabajamos, pero parece que a la hora de educar a nuestras hijas todavía pensamos que son los varones los que tienen que trabajar.
Según un trabajo publicado por Unicef, el 50,3% de las niñas de entre 6 y 9 años y el 75,3% de las de 14 ayudan en el cuidado del hogar durante la mayor parte de su tiempo. Esas tareas que tienen asignadas las niñas les impiden jugar o salir. Nada de eso les piden las madres a sus nenes.
En la Argentina, la ley 23.264 de 1983 establece la equiparación de los derechos de los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio y la patria potestad compartida. En 1985 se ratificó en la ley 23.179 la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación Contra la Mujer. En 1994, con la reforma constitucional, se incorporaron al artículo 37 nuevos derechos y garantías, y se hizo específica referencia a la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres para acceso a cargos electivos y partidarios. En 1991, el Congreso Nacional sancionó la ley 24.012 conocida como ley de cupos, que estableció la incorporación del 30% de mujeres en la lista de candidatos de los partidos políticos para cargos electivos. Desde hace meses viene y va la sanción de la ley de salud reproductiva. Que se busca la igualdad, está claro. Pero si en la década del 80 la fuerza de trabajo femenino era de 27%, en 2002 es del 41%, según la Encuesta Permanente de Hogares de mayo 2002 del Indec, y las remuneraciones, en igualdad de cargos para hombres y mujeres, son entre un 25 y 50% menores para las mujeres. En niveles universitarios, científicos y técnicos, las mujeres perciben un 46% menos que sus colegas varones. Según datos del Centro de Estudios de Población, en hogares en los que varón y mujer trabajan fuera de la casa la misma cantidad de tiempo, tareas como hacer las compras, poner la mesa, poner la ropa a lavar y planchar recaen en las mujeres. Los varones siguen concentrados en la cría y cuidado del automóvil. En el 44% de los hogares estudiados de sectores medios donde los dos trabajan, la tarea del hogar recae sobre la esposa. Graciela Di Marco es socióloga, coordina el Programa de Democratización y Fortalecimiento de las Relaciones Familiares junto a Eleonor Faur.
–A medida que aumenta el papel protagónico de las mujeres, ha ido en aumento la violencia hacia las mujeres. Desde la mujer hay reclamos de mayor autonomía y mayor apoyo emocional. Esto genera situaciones conflictivas entre hombres y mujeres. El tema es cómo se pueden generar ambas cosas dentro de una convivencia más democrática, donde se cuestione esta cosa tradicional de que la autoridad masculina es la autoridad jerárquica dentro de la familia.
Mónica Tarducci es antropóloga, docente universitaria en la UBA y la Universidad del Centro y militante feminista.
–Hay una mayor conciencia de los derechos de las mujeres, pero una terrible desigualdad social que impide ejercer esos derechos. A esa muchacha de Mendoza, Arminda, de 30 años, marido golpeador, 7 hijos, que se le murió el último por inanición porque le cerraron la salita donde ella iba a buscar la leche especial para el bebe, la llevaron presa. Esa mujer, ¿tuvo derecho a elegir, quiso tener siete hijos? Yo diría que las mujeres quieren ser seres humanos, que no por su sexo tengan que usar burka, ganar menos y no poder decidir sobre su propio cuerpo.
Qué quieren las mujeres: el libro
Qué quieren las mujeres, además de pregunta freudiana, es un libro que saldrá a fines de abril por editorial Lumen argentina, compilado por la escritora Marcela Solá. En él, dos filósofas, una escritora, dos críticas literarias, una poeta, una historiadora, una teóloga católica y una teóloga protestante especialista en islam escribirán textos alrededor de esa pregunta.n Me pareció interesante la idea de reunir textos interdisciplinarios sobre este tema –dice Marcela Solá–. Pero no se puede generalizar, claro. n Muchas de nuestras lectoras dicen que es discriminatoria esta pregunta, que deberíamos preguntar qué quieren los hombres. n Es que esa pregunta no se hace desde el punto de vista del varón porque el deseo del varón es el que ha primado en la cultura a través de los siglos.
¡Qué no quiere!
Por Luisa Valenzuela
La enorme mayoría de las preguntas abre puertas a nuevos interrogantes; unas pocas, en cambio, las cierran de un golpe. Freud, que lo supo todo, confesó no haber logrado descubrir qué quiere la mujer. Y no estaba insinuando que la mujer no quiere nada (como en nada, querido, traeme no más lo que encuentres por ahí), estaba afirmando que la mujer no sabe lo que quiere.Su enormísimo continuador, el tan mentado y poco leído Jacques Lacan, supo ponerle el moño al asunto. No era cuestión de dejar rebotando tamaña confesión de impotencia por parte del Maestro. Y en 1975, en una memorable si bien brevísima sesión de su seminario, se plantó ante el público para dictaminar: “La mujer no existe", e hizo mutis por el foro. A la semana aclaró que quien no existía era en realidad la mujer, la platónica, ideal, simbólica, así como existe el hombre. Y no existe, agregó, porque está fuera del lenguaje por la simple imposibilidad de expresar o explicar su gozo.A lo largo del siglo XX, las mujeres nos confabulamos sin saberlo para desarticular tan simplista aseveración. Quienes estuvimos fuera del lenguaje por la simple razón de tener prohibida casi la mitad de las palabras, las llamadas malas, nos las fuimos reapropiando y basta con leer a muchas escritoras de las últimas décadas para descubrir que podemos muy bien decir nuestro gozo, nuestras apetencias y necesidades en todos los terrenos.¿Qué quiere la mujer, entonces? Quiere entablar el diálogo con el hombre en un pie no necesariamente de igualdad, sino de equivalencia. ¡Flor de amenaza!
Una pregunta polémica
En el foro que se realizó en LA NACION LINE, con la pregunta ¿qué quiere una mujer?, los lectores realizaron un interesante debate de ideas. Estos son apenas algunos fragmentos de ellas
- “¿Qué quieren las mujeres? Las mujeres, no sé. Pero yo querría viajar mucho, comer sin miedo a engordar, que mi trabajo me dé oportunidades sin presionarme demasiado, no tener que depilarme, que broncearme no me sea tan difícil, que mis gatos duerman hasta más tarde (me despiertan a las 6 de la mañana), que mis amigos/as sigan conmigo, tener mucho humor y sentido práctico, y tengo una larga lista... que no incluye casarme, ni la procreación, ni el dinero, ni nada de eso. ¡Ah! Ustedes querían una lista más seria. No. No tengo de ésas. Miles de besos.”
Pato
- “Queremos ganar el mismo sueldo que los hombres en actividades similares. Queremos que se respete nuestro derecho a la planificación familiar, según las preferencias de cada una. Queremos que se reconozca asistencialmente la función social de ser madres: somos generadoras de los miembros de una comunidad y debe protegerse esta situación como corresponde en lo laboral, en la salud, en todo lo necesario para poder seguir siendo madres en el ritmo de vida que hoy se nos impone. Queremos que no se nos discrimine por ser madres y perder puestos de empleo ante mujeres solteras y hombres. Queremos no ser más, junto a nuestros hijos, quienes llevamos la peor parte en los conflictos bélicos que no decidimos tener, terminando en campos de refugiados y muriendo de a miles por hambre y epidemias. Esas son las cosas básicas que queremos de la sociedad a la que pertenecemos y en la cual participamos activamente. Las otras cosas que queremos, sabemos muy bien cómo conseguirlas por nuestra propia cuenta.”
(Anónimo)
- “Creo que las mujeres quieren ser tratadas con igualdad sólo en algunos casos convenientes para ellas, luego prefieren escudarse detrás de que soy una mujer.” Auguston “Aclaro: soy una mujer profesional con un hijo ya adulto al que crié sola desde los 6 años. Creo haber dejado de lado un poco esa hipocresía de la mayoría de las mujeres, de querer ser iguales a veces y en otras tratar de ser protegidas y otras yerbas, con lo que no estoy de acuerdo. Somos iguales, pero en todo.” Totan “No, de ninguna manera somos iguales en todo. En lo laboral somos discriminadas y en la Argentina ganamos un promedio del 27% menos de lo que ganan los hombres en las mismas tareas. Y las mujeres que son madres deberían estar más protegidas para no perder sus empleos, más aún las que están solas con sus hijos y que deben hacer un esfuerzo enorme. Proteger la familia es proveer también a la mujer jefa de hogar en las situaciones precarias en que se encuentre.” (Anónimo)n “Por qué diferenciar lo que las mujeres quieren de lo que los hombres quieren, si ambos tienen necesidades en común, como personas, como seres humanos. Las diferencias son físicas, pero en lo mental y espiritual existen. ¿Quién no quiere tener una persona como compañero/a que lo/la comprenda, acepte sus virtudes y defectos? ¿Quién no quiere sentirse amado/a? ¿Quién no quiere conocerse a sí mismo/a? ¿Quién no quiere compartir ilusiones y objetivos en común? ¿Quién no quiere tener una comunicación franca, abierta, libre y sincera? Los divorcios están a la orden del día, ya es común en nuestra sociedad, y quizá se deba a que no podemos ni siquiera hacernos estas preguntas y menos aún responderlas. Mis respetos a la mujer.”
Ricardo
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