
Que trabajen los enfermos
Los servicios que se operan por Internet eliminan muchos pasos que hace una década todavía dependían de personas de carne y hueso
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Muchas veces, cada año más, este veterano nota que viejas afirmaciones eran sólidas y aparentemente indestructibles en las épocas doradas de la juventud (en realidad eran doradas por el simple hecho de tener más futuro que pasado). Una de ellas era el trabajo es salud, con la consabida contestación de los fiacas argentinos unidos: "Entonces, que trabajen los enfermos". Más allá de las bromas, el trabajo era primordial y sigue siéndolo, pero sólo en teoría, ya que históricamente los grandes adelantos tecnológicos no hacen más que reducir o directamente anular miles y miles de puestos de trabajo. Ya lo mostraba el gran Charles Chaplin en su inolvidable Tiempos modernos, donde satirizaba la relación inhumana entre el operario y la monstruosa máquina todopoderosa. La máquina de sumar reemplazó a muchos escribientes y en algunas épocas esos oficios entraron en desuso y los despedidos pudieron integrarse en otras profesiones, pero llegaron las épocas de cambios más radicales que dejaron afuera a millones de trabajadores en aras del progreso y la velocidad. Este proceso no ha parado ni tiene miras de parar. Hoy en día casi todo lo hacen las máquinas, y por lo tanto la reducción del personal humano ha retrocedido dramáticamente. Es claro que todos sabemos que las máquinas (todavía) son manejadas por seres humanos, pero también somos conscientes de que los servicios que se operan por Internet eliminan muchos pasos que hace una década todavía dependían de personas de carne y hueso. Hace pocos años el que esto firma entró a la terminal 4 del aeropuerto de Barajas y se encontró con la sorpresa de que se estaba llevando a cabo una prueba piloto del check-in automático, o sea que no había nadie en los mostradores y uno tenía que hacer su embarque en las máquinas puestas como en los Casinos de Las Vegas; había que apretar botones, poner el destino, la clase, el horario y el despacho de equipaje y ¡plin, caja! Se imaginará el lector el desconcierto y fastidio de este dinosaurio. ¿Qué pasó? Pues me declaré en rebeldía, exigí un empleado y dije: "Vengo para que me atiendan y no para trabajar, estoy de vacaciones y no soy empleado de este aeropuerto. Entiendo que a mucha gente le resulte más fácil y agradable hacer el trámite de esta forma y me parece muy bien la prueba piloto, pero yo soy la excepción de la regla y como pagué mi ticket en business class como cualquier hijo de vecino hago uso de mi opción de ser atendido, no ayudado como si fuera un discapacitado. Y de paso contribuyo sin quererlo a que no se cierre una fuente de trabajo útil y necesaria, porque si seguimos así puede que en poco tiempo los cesantes se conviertan en indignados sentados en plazas públicas exigiendo empleo. Fui profético en esta última aseveración. Un empleado me calmó, hizo el trámite con la máquina para enseñarme a mí y a una familia de Ucrania que estaba al borde de un ataque de nervios, ya que no hablaban español ni inglés y lo único que tenían era el pasaje en sus manos temblorosas y transpiradas. No tengo nada en contra de las largas colas para encargar un café vigilando que nadie me robe la única mesa libre que quedó en el local, pero prefiero el café tradicional, con mozos humanos y la posibilidad de ser atendido.
El progreso verdadero es no reducir personal ni tener personal al reverendo cohete, sino crear empleo pero no como lo hacen los grandes cerebros del capitalismo salvaje, o sea: crear puestos con salarios miserables que no cubren ni la mitad de las necesidades básicas para que bajen las cifras del desempleo tanto como para que los gobernantes tengan un orgasmo cada vez que muestran los cuadros sinópticos de sus estadísticas en la televisión






