
Hay muchas razones para ver El amor es un bien. En principio, la curiosidad que despierta una obra del off que ya va por su cuarta temporada y que, además, acaba de pegar el salto de una sala pequeña (Moscú Teatro) a otra que es una de las más relevantes y concurridas del circuito alternativo (El Camarín de las Musas). Pero también el prestigio enorme de la obra que inspiró a Francisco Lumerman para escribirla: Tío Vania, el clásico de Chejov. "Me enamoré de esa obra y, como pasa muchas veces con las situaciones de enamoramiento, uno no sabe bien del todo por qué", apunta el dramaturgo y director. "Creo que lo que más atrajo fue el sistema vincular que une a los personajes y todo lo que no se dice y al mismo tiempo está presente, que para mí es una de las magias de Chejov como autor".
Nacido en Buenos Aires en 1982, Lumerman estudió actuación con Claudio Tolcachir y Luciano Suardi en Andamio 90, y es también egresado de la carrera de Dramaturgia de la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático) que dirige Mauricio Kartun. Pasó unas cuantas vacaciones en Carmen de Patagones porque un abuelo que era ingeniero agropecuario fue destinado a esa ciudad del sudoeste de la provincia de Buenos Aires para montar un sistema de riego que permitiera mejorar un suelo naturalmente árido, poco propicio para los cultivos. Y decidió entonces ambientar en ese mismo lugar esta obra que protagonizan Manuela Amosa, José Escobar (nominado como mejor actor de reparto para los premios Trinidad Guevara 2015 por este trabajo), Diego Faturos, Jorge Fernández Román y Rosario Varela. "En ese paisaje bucólico, en el medio de la nada, algo de lo vincular se vuelve muy importante. Al menos esa fue mi experiencia", explica Lumerman. "Con mi familia estábamos mucho tiempo encerrados en una casa muy grande que compraron mis abuelos. Y recuerdo que todos los días había largas sobremesas. Hay algo de ese tiempo para la reflexión que recuperé para la obra".
La historia de El amor es un bien se desarrolla en un modesto hostel regenteado por Sonia y su tío Iván. El único huésped permanente se llama Pablo, un médico joven que no sabe hasta cuándo va a quedarse allí. La llegada de Alejandro –el padre de Sonia– y su nueva mujer, Elena, altera la rutina del lugar y provoca una serie de conflictos que la obra despliega con mucha eficacia. Con inteligencia y sensibilidad, Lumerman consigue delinear un relato atravesado por la melancolía sin recurrir a efectismos ni obviedades. "Con los actores trabajamos una especie de realismo extrañado que funciona muy bien para esta narración", analiza el director. "Algo muy importante fue entender que con el correr de los ensayos los actores, internamente, van comprendiendo más de lo que pueden decir de manera explícita. Eso me lo decía siempre Tolcachir".
Ganador del primer premio del concurso Germán Rozenmacher en el marco del VI Festival Internacional de Teatro de la Ciudad de Buenos Aires, Lumerman cita a Tolcachir, Mariano Pensotti, Daniel Veronese, Romina Paula y Nacho Bartolone como referentes teatrales. "En sus obras se refleja una singularidad. Todos tienen su propio estilo, muy identificable", asegura. "Por eso me gustan". Algunos de esos artistas (Tolcachir, Veronese) han pegado el salto del off al circuito comercial. ¿Se imagina él en esa circunstancia? "Alguna gente que vio la obra me dijo: «¡Che, es para hacerla en serio!», como si la estuviéramos haciendo en joda", revela entre risas. "Es evidente que esta obra tiene algo que impulsa el boca en boca, que motiva la recomendación. Y así hicimos ya cuatro temporadas. Pero no sé... Yo soy parte del elenco de Un rato con él, una obra de la avenida Corrientes que protagonizan Julio Chávez y Adrián Suar, y me parece que el público del circuito comercial busca otro tipo de experiencia. Igual estoy suponiendo, habría que probar".
El amor es un bien, de Francisco Lumerman. En El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960. Sábados a las 22.30 y domingos a las 20.




