Recorte del presente

El premio fundación Andreani, actualmente expuesto en Rosario, es una excelente oportunidad para acercarse al arte contemporaneo local
Diana Fernández Irusta
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23 de octubre de 2011  

Qué se juega en la convocatoria a un premio artístico? Para la especialista canadiense Sarah Thornton: "Los premios clarifican el valor cultural de un artista, otorgan prestigio y señalan el potencial de grandeza duradera". Si se trata de arte contemporáneo, además, representan el enorme desafío de establecer un criterio en un territorio complejo, vertiginoso y radicalmente elusivo a las nomenclaturas ("¿Cómo se hace para comparar manzanas, naranjas, bicicletas y portabotellas?", se lee en Siete días en el mundo del arte). Entre nosotros, el Premio Fundación Andreani a las artes visuales procura responder a estos retos, sumando, incluso, una propuesta federalista: no sólo la convocatoria se hace a nivel nacional, sino que la exposición de las obras premiadas y seleccionadas tiene carácter de itinerante. Este año, el punto de partida ha sido el Museo Castagnino de Rosario, institución en donde actualmente se puede visitar la muestra que luego se exhibirá en otras tres ciudades hasta, en 2012, culminar el periplo en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires.

"A partir de las obras presentadas, se armó un recorte de nuestro presente en materia de artes visuales", comenta Julia Converti, jefa de proyectos de arteBA e integrante del jurado (junto con los artistas Ernesto Ballesteros y Dolores Cáceres, la directora del Mamba, Laura Buccellato, y el doctor en Historia del Arte, Hugo Petruschansky). Efectivamente, en las salas del Castagnino se percibe una enorme variedad de soportes, virtuosismo en el uso y la investigación con diversos materiales, y la presencia de nombres decididamente instalados en el medio junto a creadores emergentes.

Diversidad

El primer premio corresponde a Perdido en el más allá, una luminosa escultura de hierro, resina poliéster y fibra de vidrio realizada por Miguel Harte (fuertemente identificado, al igual que Marcelo Pombo y Sebastián Gordín, con el arte de los 90). La obra, con su intrigante estructura orgánica, mezcla de cómic y poética ciencia ficción, es en cierto modo heredera de una escultura de concepción similar pero mayores dimensiones que, en 2002, iba a ser emplazada frente a la Reserva Ecológica pero, por falta de financiamiento, nunca se pudo realizar.

El segundo premio lo obtuvo el artista y sociólogo Hernán Marina, con un potente dibujo realizado en tinta china, parte de un conjunto de piezas vinculado a la estética e ideología orientales. El camino brillante parece sombrío, título de la obra, se contrapone de modo paradójico a la límpida, sobria y a la vez conmocionante imagen de dos pies suspendidos de unos grilletes.

El registro del tercer premio es rotundamente diferente. Los unos y los otros, de Marisa Rubio, es una videoinstalación que integra Naranja Milano Questa, un proyecto mucho más amplio, desarrollado por fuera de las salas de exhibición o cualquier otro tipo de soporte material. La artista se transfigura en un personaje que va llevando a cabo su carrera a la vez que desarrolla su propia teoría sobre actuación. Rubio es Milano Questa y Milano Questa es una actriz que desarrolla personajes que se inmiscuyen en diversas situaciones de la vida real y participan en redes sociales como Facebook. A partir de estas experiencias, Milano Questa/Rubio elaboran una Teoría del quehacer actoral cotidiano para intérpretes, (próxima a ser publicada). El video que se proyecta en la muestra es el resultado de la participación de Milano Questa en un reality emitido por la televisión de aire: una performance llevada al límite y de la cual, en apariencia, ninguno de los otros participantes del programa televisivo se percató.

La diversidad de opciones estéticas, trayectorias expresivas y pertenencia generacional presente en los tres primeros premios marca el tono de las menciones (Marcelo Galindo, Estanislao Florido, Inés Marcó, Florencia Almirón) y el resto de las 43 obras seleccionadas. Desde la foto estenopeica presentada por el colectivo Rosa Chancho (registro de la Caverna que crearon en el marco de la beca Kuitca de la Universidad Torcuato Di Tella) hasta el sorprendente uso de limón y lavandina en las piezas de Laura Códega, la fragilidad de las composiciones con post-it de Juanita Sánchez o la minuciosa aplicación de cera de abejas sobre azulejos que hace Alejandro Somaschini, todo en esta convocatoria nos habla de pluralidad de miradas y una búsqueda conceptual que no desdeña el trabajoso empeño de hacer que la materia (sea cera, óleo o circuitos eléctricos) se transforme en vehículo de expresión.

MAS DATOS Hasta el 6 de noviembre, en el Museo Castagnino, Av. Pellegrini 2202, Rosario

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