
Recuerdos intensos
Charla íntima con la actriz, que acaba de llegar de Italia, donde filmó a las órdenes de los hermanos Tavian. En tanto aquí en Buenos Aires se estrenó su última película, La hija del caníbal, a cuyo productor la une un flamante romance
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Aunque Cecilia Roth, estrella internacional –la máxima, en términos argentinos, lejos– sea, como es, una mujer muy apetitosa, maciza y de labios, en fin, interesantes, por no mencionar aquí los ojos en llamas de artista que no para y no se cansa es, creo, además, alguien que al correr de la conversación no tarda en darle al entrenado retratista de personas que tiene frente a ella una impresión de fragilidad. Tanta, que mientras fuma –fuma, fuma– y habla –habla, habla– surge cierto miedo de que se fragmente.
Dicho lo cual, como nota de inicio –que estas conversaciones parecen partituras arbitrarias–, podría pasarse al terreno, cenagoso tal vez, de los recuerdos intensos.
La célebre Cecilia, actriz de sello Almodóvar, por estos días en el uso del español que se habla en México por obra de los diálogos de La hija del caníbal, film de ella sobre cualquier otra historia –novela de Rosa Montero trasladada al turbulento D.F.–, fuma que te fuma, habla que te habla, y parece divertirse al hacerlo. Por momentos.
–Es que esto de las entrevistas, las que yo quiero hacer, sobre todo (porque se hacen muchas cuando hay una película que promover, ¿no es cierto?), te revela asuntos tuyos de los que a lo mejor no tenías ni idea. Es decir, me parece, que una entrevista es algo impresionante porque, en realidad, uno no piensa en uno sino cuando se le pregunta así, acerca de esto y lo otro, ¿no? Entonces, de pronto, me veo contando algunas historias, y recordando, para volver luego al presente, y todo ese lío de preguntas y respuestas y confesiones y ocultamientos, que también, te hace de espejo y quedás rara. Rara, sí.
–¿Te ves rara? ¿Te considerás rara?
–No es que me considere exactamente, pero tengo una vida, y todas las vidas son raras porque no responden a esquemas y nadie conoce el guión, el libro, lo que le va a tocar en suerte.
–Pregunta no contestada, Cecilia.
–Algo rara, tal vez. Pero no la más rara. Tengo una historia, y es la mía. ¿Eso es raro? Creo que no. Hace un rato (un rato, antes de apretar ese grabador que tenés ahí) te acordabas de algo que te conté hace mucho. Se ve que te encantó, aunque no era nada para encantar a nadie.
–¿Cómo se llama o se llamaba él?
–Bueno, ¿qué importa?
–No sé. Debe importar en algún lado, estoy seguro.
–Se llamaba, y se llama, Gorka. Gorka Dúo.
–Fotógrafo.
–Sí.
–Tu novio. Tu amante. Tu amor en los primeros años de Madrid.
–Ponelo, si te gusta. Fue hace tanto que casi ni me acuerdo.
–Bueno.
–Guapísimo, Gorka. Lo que ocurrió es que en algún momento me enfermé. Hepatitis. Gorka era entonces fotógrafo de modas. Genial. Ahora está en otra. Vive en una de esas comunidades de squatters, de okupas, en Alemania. Vive de otro modo. Pero entonces era el fotógrafo de la movida y de todas las modelos, con las que curtía sin respeto ni problemas. "Creo, Gorka, amor, que sería estupendo que te quedaras en casa, que me acompañaras: me siento muy mal, estoy enferma."
–Claro.
–Y Gorka: "Si la que está enferma eres tú, ¿por qué tengo que quedarme yo?" Te encanta la historia, y te encanta de manera bastante perversa. Te hace reír. Es lamentable.
–No. No es eso.
–Te gusta esa tremenda escena de sumisión y desesperación, lo sé. Pero es vieja. Aprendí que el amor puede ser cruel. O que hay más de una manera de entenderlo. Tragué la impiedad española como una de las formas raras, ya que estamos, del amor. ¿Quién tiene que ser grande y libre, en esa circunstancia? ¿El encadenado a la cama por su enfermedad, que a su vez quiere encadenarse al otro, o el otro, que si tiene una idea de la piedad y de la generosidad es de otro mundo, de otra cultura, de otro modo del corazón?
–No sé, Cecilia. Sé, supongo, que te pasó algo que muy pocos se atreven a confesar: tus años de exilio, en cierto modo hereditarios –eras una niña, casi– fueron también felices. Dolores de amar a un lado.
–Absolutamente. Era tal el aire de deliciosa, pura, loca libertad humana que estaba una como borracha todo el tiempo. El fin del régimen de Franco, la transición, el cambio, la historia fluyendo a cada minuto por tus venas y en el aire del día y de la noche.
–Vaya.
–Sí.
Una vuelta; varias vueltas
–De manera –dice– que como mi exilio fue feliz, o no fue triste, decilo como mejor te parezca, la vuelta fue tranquila, sin drama. Volví a mi lugar. Soy de aquí. Por más, digamos, internacional que sea y todo eso, soy una actriz argentina internacional o de pertenencia a la cultura y al espectáculo de varios lugares del mundo. Pero lo cierto es que soy argentina, me gusta mi tierra, la gente de aquí, el ruido, la cabeza, ya sabemos.
Pedro Almodóvar es genial, ni hace falta que lo diga ni que diga cuánto significa para mí. He filmado hace muy pocos días con los hermanos Taviani, quizá los últimos portadores del genio humano en materia de cine, con su estilo –una escena cada uno en la misma secuencia–, maravillosos. Severos y de una cordialidad extrema, todo junto, grandes, grandes. Pienso, y no pocas veces, que el hecho de haberme visto obligada a moverme, lo que vos te atrevés a llamar algo parecido a un exilio feliz, fue extraordinario, muy bueno.
Por eso, por moverme temprano, estoy segura de que podría vivir en cualquier lugar del mundo. Estoy preparada, hecha ya para eso. En cualquier condición, además. Soy una sobreviviente. Con diploma. Y ejerzo. Tengo un instinto muy desarrollado en lo que concierne a sobrevivir.
Si tuviera que hacerlo sin actuar, sin este oficio, con otro cualquiera, lo haría. Sobreviviría. No sé, una tienda, vendería algo, qué se yo. Sobreviviría. Amo mucho lo que hago, pero no tengo en ese tema un sentimiento sagrado, ¿entendés? Lo sagrado es sobrevivir.
–Sí.
–Disfruto de muchas otras cosas de la vida. Pero ya desde chica actué, en el primario y luego en el Liceo Nº 1, así. Qué pena la educación pública en la Argentina. Pienso en Martín, en mi hijo –cumple 4– y me da una pena muy grande darme cuenta de que no voy a mandarlo a la escuela pública. A mi escuela pública. A tu escuela pública, imagino.Tan hecha polvo, tan mal.
–Martín, ¿vive con vos o con Fito, su padre?
–Vive conmigo, pero está mucho con su padre. Por ejemplo, en esa película que hice en Italia durante un mes y medio, estuvo con su padre hasta que mamá me lo llevó allá y pasamos ese tiempo nuevamente juntos.
–¿No tendría que ir ya al colegio, a los 4 años?
–Sí, obvio, pero no ir al jardín de infantes todavía no lo va a traumatizar, ni a dejarlo sin educación ni información. Por favor. No embromemos.
En Italia, Roth, con los Taviani, rodó en Caserta, en Roma y en Nápoles, ella en el papel de Carolina de Borbón, reina de Nápoles, hija de María Teresa de Austria y hermana de María Antonieta. La historia de la República Partenopea, seis meses durante los cuales los jacobinos tomaron el poder. Como se ve, época, profundidad en las luces y en las sombras imaginadas, verificadas, recreadas por los hermanos Taviani, ellos, precisamente, a partir de una novela de Alejandro Dumas muy poco conocida. Una dama de la corte se enamora de un revolucionario y traiciona su clase y todo lo demás. La reina –yo– siente un odio personal contra esa mujer, por joven, por bella, por traidora. Ella, en fin, es interpretada por Laetitia Casta, con lo que te digo todo. Seguramente una de las mujeres de mayor belleza en el mundo y en la historia. Los hermanos Taviani son directores deslumbrantes, y es un placer muy grande ser dirigida, ser un instrumento, dejarse llevar. Con ellos –lo mismo que con Almodóvar, con Aristarain– he tenido una enorme fortuna.
–Y ellos con vos.
–Bueno, gracias.
–Todo bien pues, se diría en estos días.
–Muy bien, pues.
–Con novio nuevo incluido, Matthias Ehrenberg, el productor mexicano, el caníbal.
–No, él no es el caníbal, desde luego.
–Nunca se sabe.
–¿Cómo te das cuenta? ¿Cuándo?
–Cuando te han comido. Tarde.
–No jodas.
–Bueno, Cecilia.
–Mejor. Hasta la próxima.
–¿Película o entrevista?
–Nunca se sabe.
Asistente de producción: Alejandra Giglio.Peinó: Néstor Pumar. Maquilló: MabbyAutino. Ropa: Emporio Armani. Zapatos: guillerminas combinadas en marrón y beige (De María). Agradecemos a Emporio Armani Café, Av. Alvear 1750, 3º, donde fue realizada esta nota, y a 20th. Century Fox Argentina. Direcciones: EmporioArmani: Av. Alvear 1750. De María: Libertad 1651. Mabby Autino: 4373-1860 / 4372 - 0914. Néstor Pumar: 15-5118-4663.
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