
Reina en París
Tiene 22 años y ya desfiló para las firmas de alta costura más importantes. LNR entrevistó a Romina Lanaro, la rubia argentina que triunfa en el exterior con trabajo, belleza y talento, y no se la cree
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Chanel, Christian Lacroix, Armani, Christian Dior, Givenchy, Jean-Paul Gaultier, Valentino… Con sólo 22 años, esta rosarina ya caminó todas esas pasarelas en versión haute couture y su carrera internacional no para. A punto de casarse con otro top argentino que triunfa en el exterior, Federico Moyano, sus planes incluyen muchos hijos y, en el futuro, regresar al país. De perfil bajo, Romina Lanaro no se la cree y, aunque vive en Francia, hace tiempo reserva en su agenda dos fechas por año para volver a Buenos Aires y… seguir trabajando. Por estos días hizo la campaña local de Rapsodia y promete ser la imagen de un perfume nacional.
-¿Con qué trabajo dijiste "llegué"?
-Con el primero, porque me hizo arrancar. Siento que fue un paso a paso, crecer todos los días. No me pongo en la cabeza sueños o metas; trato de que me vaya bien cada día.
-¿Cuál fue ese primer trabajo?
-Hace 4 años, en París, un desfile para Prada. Fui al casting y quedé. Fue el primer desfile, pero en esa temporada hice muchos más.
-Entonces ya tenías 18 años, ¿pero cuándo empezaste?
-Empecé en Rosario, a los 14 años. Me convencieron unas amigas. A Buenos Aires llegué a los 16, y después surgió la posibilidad de trabajar en el exterior.
-¿Cómo es trabajar en París?
-Creo que es el lugar donde están los mejores diseñadores, los mejores desfiles, y la mejor ropa. La producción se nota. Aunque en Estados Unidos los trabajos se pagan mejor, Europa para nosotros es muy interesante por el tema de las editoriales. En esta profesión tenés que moverte y viajar siempre para tener un poco de todo.
-¿Y si lo comparás con la Argentina?
-Allá es todo tan sencillo que resulta más increíble. Claro que tienen más plata, pero allá un desfile de Givenchy o de Balenciaga es una pasarela blanca que va, viene, con una luz que sigue a los chicos, y nada más. Acá se busca transgredir con cosas locas, pero se termina desvirtuando el desfile. Las pasarelas parisinas son simples, netas. La producción más teatral puede estar en el maquillaje o en el peinado, que a veces tampoco es tanto. Dior maquilla de una manera especial, porque es arte. Pero en desfiles como los de Chloé, nos ponen base, pestañas y salimos. Hacen todo con simpleza y prolijidad.
-¿Cómo vivís el desarraigo?
-Cada vez extraño más. A veces pienso que me gustaría tener una vida normal, con mi familia, levantarme todos los días en la misma casa, no tener que armar valijas. Después veo lo que logré, dónde estoy, viviendo en París, con un trabajo en el que me va bien, a punto de casarme... y siento que tengo todo.
-¿Te gustaría tener hijos pronto?
-Quiero disfrutar de los viajes y trabajar mientras pueda. Más adelante vendrán los hijos, que ojalá sean muchos.
-¿Piensan volver al país?
-Hablamos de eso todo el tiempo, pero es difícil, porque nos fuimos siendo muy chicos y nos acostumbramos a la calidad de vida de allá. Pero sí estamos conectados con lo que pasa acá, leemos el diario y escuchamos la radio en Internet todos los días. Los dos somos muy familieros, así que, en algún momento, volveremos.
revista@lanacion.com.ar
Un casamiento top
El próximo 27 de diciembre Romina se casará con el modelo Federico Moyano en la República de los Niños, en La Plata, con una fiesta para 220 invitados.
"Es de noche y será principesca, porque la arquitectura del lugar permite jugar con eso. La capilla está ahí mismo. ¿El vestido de novia? De Lanvin; lo traje de París", cuenta. Fue en esa ciudad donde se conocieron. "Todo empezó como una amistad. Después hubo un click, y ya hace un año y medio que vivimos juntos y queremos formar una familia", dice Moyano.
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