Relatos del día en el que la moda puso los pies en la tierra

En el marco de una muestra de diseño y fotografía de moda en Proa, Sergio De Loof analiza y cuenta cómo comenzó a cambiar el concepto de diseño de indumentaria
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18 de abril de 2003  

"Durante los años 90 no fui ni media hora al Rojas, porque estaba muy ocupado haciendo arte de los 90 en otro lugar. Para mí, el arte de los 90 no pasaba ni siquiera por el Colón, sino por las pasarelas; por las decoraciones de los lugares nocturnos; por emborracharse, tomar ácidos, ir a ferias, disfrazarse para terminar haciendo el amor, encontrarse en el bar Bolivia, El Dorado o Morocco.", dice casi sin respirar Sergio De Loof. Y aunque toda la charla con Vía libre en La Giralda giró en torno de la moda, una de las cosas que más parece detestar Sergio de Loof es ser parte del montón.

El artista y diseñador presenta parte de sus trabajos en Proa hasta fin de mes en el marco de la muestra MODA!, una retrospectiva sobre fotografía de moda alemana de 1945-1995 y una exposición de moda argentina curada por Andrea Saltzman, que reúne a las principales figuras del diseñado y la fotografía de los últimos quince años, como Gabriel Grippo, Gabriela Bunader, Pablo Ramírez, Trosmanchurba y Urko Suaya, entre otros.

El puntapié inicial del movimiento arte-moda aparece con la Primera Bienal de Arte Joven de 1988, donde se producen los cambios más importantes: "La moda hasta ese momento no era arte -señala De Loof-, sino una artesanía con modistas al servicio de la comodidad o el abrigo. En la Bienal aparecen grupos expresados a partir de la ropa. Podías empezar a verte a vos mismo en la pasarela, porque veías ahí arriba lo que veías en la calle. Si eras de tal grupo te vestías de una determinada manera. Andrés Baño -otro de los expositores- puso por primera vez chicas lesbianas besándose y el público aullaba. Poco a poco los jóvenes empezaron a revisar ferias americanas. Entonces la moda se democratizó y se convirtió en una bandera a la vez que en un medio de expresión".

A principios del año siguiente, De Loof abre el bar Bolivia en San Telmo, donde se reunían los artistas, diseñadores y público que adherían a estos cambios: "Como no podía entrar gratis ni a Cemento ni al Parakultural, puse mi propio lugar. La diferencia con ellos era que no teníamos un monstruo contra el cual rebelarnos -explica, refiriéndose a la dictadura-. Nosotros ya podíamos empezar a ser frívolos e ir a ferias a elegir cositas de colores. Casi inconscientemente decretamos el final del velorio y cambiamos el color negro del dark por el flúo de las ferias. Tomábamos vino, ácido, y bailábamos Soul to Soul o acid house. En Bolivia también empezamos a proponer el humor y el ridículo en un ambiente donde estaban Urdapilleta o Batato". De pronto recuerda una anécdota que ilustra las diferencias: "Yo vivía en la misma casa que Luca Prodan. Por la mañana él tomaba ginebra y yo barría. Era como si creyese en el futuro. Al lado de Luca, era un ama de casa, una especie de tía ridícula".

Entre sus influencias destaca a personajes del cine y la música pop: "Almodóvar es el primero que nos enseñó el fashion de las feas. Con él, cualquier ama de casa podía ser una reina. Y yo creo que estoy en esa causa. Fui el único diseñador que convocó a petisos como modelos, porque soy petiso y de alguna manera tenía que aprender a quererme." Madonna es la otra "estrella" que le dio su lugar: "Ella me tocó con una varita. Esa mujer hizo poderosas cosas que nadie me había mostrado como poderosas y que tenían que ver conmigo. Me mostró a mí mismo, me hizo bello y me enseñó a quererme". Y actualiza: "Ahora estoy en la causa de los pelados".

En 1989, De Loof crea su primera colección, realizada enteramente con retazos y prendas usadas que encontraba en las ferias: "Hasta ese momento, nadie se había atrevido a no coser una colección". aclara. Y entre sus últimas producciones, figura La Comadre, un desfile realizado el último año en el Malba.

Uno de los ejes de la muestra en Proa es reflexionar sobre la relación entre arte, moda y sociedad. En este sentido, algunas de las propuestas marcan una particularidad con respecto a las grandes marcas internacionales. De Loof asegura que muchas de sus ideas las encuentra en los locales de ropa usada porque "ahí están todas las épocas, todas las texturas." Y agrega: "Como no tengo plata para comprarme un Gucci original, siempre estuve a favor de la piratería y la copia. Me eduqué en las ferias y siempre tuve que vivir del Gucci trucho. Muchos dicen que soy el Christian Lacroix del subdesarrollo. ¿Y de qué otro modo podría ser si vivo en el subdesarrollo? Lo que tengo a mano son esas ferias donde elijo libremente materiales y colores para después juntarlo todo. Creo que ésa es la clave. Quiero expresar el lujo y la belleza sin importar los mecanismos con los que lo logre." Uno de los trabajos que ofrece en Proa es un saco realizado con recortes de revistas de moda, donde el collage toma el glamour de ese tipo de publicaciones, pero remarcando la carencia a través del uso de materiales más baratos.

Sin embargo, el artista sostiene que en general se sigue pensando que la moda es discriminatoria: "Es todo lo contrario. Para mí Plaza de Mayo es una pasarela, el escenario de los teatros son pasarelas. Es un espacio blanco con luces y gente sentada, se utiliza música, los modelos pueden ser perchas o robots. Es un teatro perfecto, un medio de expresión tan importante como la literatura", afirma. "Este país es todavía muy racista y muy careta. "¿Sos de mi misma onda? ¿No sos de mi misma onda? ¿Dónde naciste?" Esto es un temazo, -se entusiasma-, es un Shakespeare. Hablás de moda y piensan en frivolidad y en maldad o perfección. Yo hablo de otra cosa. La moda es la forma de libertad más absoluta que encontré. Para mí, todo lo que hago es fashion y todo lo que hago es arte, no veo la diferencia."

En Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.

Martes a domingos, de 11 a 19. Entrada, $3;

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