
Remate
Cinco últimas ideas antes del final
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1
Sé de alguien, un viejísimo músico cartagenero de origen africano, al que todos saludaban en la puerta de su casa, barrio Getsemaní, prudentemente con la mano, reverenciándolo y diciéndole siempre "maestro", "cacique" o "jefe", y entonces él contestaba con un gesto de indómita sumisión; sin embargo, cuando el saludo venía de parte de una mujer (y, más aun, de una mujer joven), la agarraba de los brazos, la acercaba al calor de su cuerpo –un cuerpo todavía caliente, todavía trémulo– y le decía al oído: "Deme ese culo".
2
El cine rumano la viene rompiendo desde hace una década. A directores como Mungiu, Puiu, Muntean, Porumboiu o Nemescu los apiñaron en un tris bajo el mote de nueva ola como si las olas –y el cine tuvo, tiene varias– no fueran siempre nuevas. Al grano: vi Aferim! online, en el sitio miradetodo.net, y quedé flipado con la película de Radu Jude. Es una clase brutal de historia, sufrimiento y humor que transcurre en 1830, en medio de anchos silencios, bucólicos paisajes blanco y negro y diálogos a caballo.
3
En Buenos Aires la angustia tiene prestigio mientras que en Brasil cotiza en baja. Eso tal vez explique la diferencia exponencial en la cantidad de psicólogos que hay por habitante en cada lugar. Unos lloran, otros bailan; unos son superficialmente profundos, otros son profundamente superficiales; unos tienen el inconsciente a flor de piel, otros lo tienen anulado; unos sexuales, otros trisexuales. A la hora de los bifes, nosotros acabamos y los brasileños gozan. La elección del verbo –que se hace carne– lo dice todo.
4
La idea es más tonta que la luna: extender una alfombra roja en mitad de una calle peatonal, ubicar un espejo e infiltrar a cuatro actores que encarnarán varios personajes; luego, dejar que los viandantes se conviertan como si tal cosa en pasmados intérpretes de una performance a cielo abierto. Eso hizo la compañía salamantina Zanguango en su obra Flux, un arriesgado montaje que ya se mostró en distintas ciudades europeas y que se termina convirtiendo en un extraño desfile de modas con aire a happening.
5
Sin dejar la calle –un espacio política y artísticamente cada vez más explotable, por decirlo así–, viajé al Cabildo de Buenos Aires, donde Red Solidaria armó su tradicional acción #FríoCero. A la comida y a la asistencia les agregó un perchero solidario curado por Martín Churba con el siguiente slogan: ¿Tenés frío? Llevate uno. ¿Querés ayudar? Poné uno. La idea es que la ropa no se amontone en bolsas negras sino que se exhiba colgada y planchada, como en una tienda, y que los necesitados puedan elegir lo que se llevan.






