
Remedios para el espiritu
Luego del éxito de El combustible espiritual, el periodista y locutor Ari Paluch acaba de lanzar un segundo libro, cuyo lema es "Cómo dejar de romperse el alma y empezar a romperse el ego". Aquí, un extracto del capítulo Un curso milagroso
1 minuto de lectura'
Desde hace aproximadamente veinte años consulto a quien se ha convertido en mi maestra espiritual, Beatriz Berro, a la que siempre le estaré agradecido por haberme iniciado en este camino. Fue ella la primera persona a la que escuché hablar del Curso de Milagros.
Admito que al comienzo la sola mención del Curso de Milagros me generó desconfianza, y el título me sonó demasiado presuntuoso. Por aquellos días mis conocimientos y lecturas en materia espiritual eran escasos -si bien éstos hoy no son tan abundantes- y mi ego estaba inflado.
Algunos años después pude disfrutar de extraordinarios libros de divulgadores espirituales que tomaron las enseñanzas del Curso de Milagros para la escritura de sus propias obras. Por ejemplo, Wayne W. Dyer y Marianne Williamson.
Acerca del primero, en más de una ocasión he manifestado mi admiración y mi gratitud; en relación a Marianne Williamson, su libro Volver al amor es una maravilla a la que considero de lo mejor que se pueda leer como superación personal. Williamson cuenta su experiencia tras el primer contacto que mantuviera con un ejemplar de Un curso de milagros y la decisión de leerlo. Entre una y otra circunstancia pasaron cuatro años; cada vez que estaba a punto de leer el libro con continuidad, su ego se las «ingeniaba» para encontrar excusas destinadas a demorar la lectura.
Según cuenta la autora, Un curso de milagros cambió su vida. Había sido criada bajo la idea de que Dios era una muleta que ella no necesitaba. Le habían inculcado que ese Dios dejaba morir de hambre a los niños, que permitía que la gente muriese de cáncer y que no había hecho nada para evitar la muerte de millones de personas en el Holocausto. Ella misma lo describe así: «Me consideraba muy instruida como para creer en Dios».
Corría 1977, cuando Marianne Williamson vio por primera vez en la casa de un amigo, en la ciudad de Nueva York, un ejemplar de Un curso de milagros; su primera reacción, no muy distinta de la mía: desde el título, le pareció un libro «arrogante».
Con el tiempo, Williamson se convertiría en una de las grandes difusoras en todo el planeta de este libro extraordinario. En Volver al amor, ella sostiene que Un curso de milagros fue su maestro personal, su senda de salida del infierno: «Al estudiar el curso, se desataron en mi interior enormes cantidades de energía».
¿Que es Un curso de milagros?
Un curso de milagros es una obra distribuida en tres libros, un programa autodidáctico de psicoterapia espiritual que no pretende tener el monopolio de Dios.
La historia de quienes lo escribieron, o de quienes dejaron que el libro se escribiese a través del dictado del Espíritu Santo, tiene semejanzas significativas con la historia de la mencionada Marianne Williamson. Son personas instruidas, intelectuales, ateos -en general gente muy racional-, que vieron sus vidas transformadas. En el caso de Williamson, por la lectura y posterior difusión de Un curso de milagros, y en el caso de Helen Shucman y William Thetford, merced al dictado interno recibido y su posterior escritura.
Helen y William eran catedráticos de Psicología Médica de la Facultad de Medicina y Cirugía de la prestigiosísima Universidad de Columbia. No eran precisamente personas espirituales; la relación entre ambos era tensa. El ego los jaqueaba; vivían muy pendientes de su reputación y aceptación a nivel personal y profesional.
En el Prefacio de la edición de 1977 de Un curso de milagros, como respuesta a muchas solicitudes, Helen Shucman se define como psicóloga y educadora intelectualmente conservadora y atea. En el relato agrega que hubo un hecho que precipitó acontecimientos en su vida que jamás hubiera podido predecir.
«El jefe de mi departamento anunció inesperadamente que estaba cansado de los sentimientos de ira y agresividad que nuestras actitudes reflejaban y concluyó diciendo que tenía que haber otro camino.» Ese otro camino resultó ser Un curso de milagros.
Meses después, Helen comenzó a tener sueños de elevado simbolismo; simultáneamente experimentó la extraña sensación de sorprendentes imágenes que la acechaban.
Poco después comenzó a escuchar «la voz», el dictado interno que, junto a su compañero, iba anotando taquigráficamente. Helen interpretó la situación, que por momentos la incomodaba mucho, como una misión especial que en algún lugar ella había acordado llevar a cabo. Helen y su compañero -que tanto habían chocado hasta ese momento- se encontraron de pronto trabajando juntos: ella anotaba lo que la voz le decía y él lo pasaba a la máquina de escribir. Este proceso les insumió siete años, entre el texto, el libro de ejercicios y el manual para el maestro.
El Curso tiene como único propósito ofrecer un camino para que algunas personas puedan encontrar su propio maestro interno. Con mucha humildad quisiera destinar este capítulo para repasar algunos conceptos del maravilloso Un curso de milagros, al que calificaría, sin ánimo de herir susceptibilidades, como «la biblia» de los libros espirituales.
Un curso de milagros y yo
En mi caso, adquirí el libro hace tres años, en una librería de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires. Recuerdo que ingresé al local interesado en algún libro de espiritualidad. Mis ojos se posaron en una tapa azul con letras doradas que rezaban Un curso de milagros; se trataba del único ejemplar disponible en ese inmenso local atiborrado de libros. Más allá de que su precio superaba ampliamente al promedio de otras obras, no dudé en comprarlo.
Por mucho tiempo lo tuve sobre mi escritorio y muy de a poco lo iba abordando, pero no en su totalidad. (...) El curso nos enseña que el pecado es la falta de amor, un error que necesita corrección y no algo perverso que merece castigo. Es interesante recordar que llamamos correccionales a las cárceles, más allá de que están lejos de corregir algo.
(...) Un curso de milagros explica que buscamos en los otros lo que consideramos que nos falta a nosotros. Amamos al otro con el objetivo de ver qué podemos sacar de él; esto es lo que en el mundo de los sueños (mundo de la percepción) llamamos amor. Pocas veces incurrimos en un error mayor: el amor es incapaz de exigencia alguna.
Un curso de milagros nos enseña sobre el perdón, que es algo desconocido en el cielo, donde es inconcebible que se pueda necesitar; sin embargo, deja en claro que en este mundo el perdón es una corrección necesaria para todos los errores que hemos cometido. Al perdonar a otros, nosotros mismos podemos ser perdonados; esto refleja la ley celestial según la cual «dar es lo mismo que recibir», ya que recibiremos lo que damos.
1
2Ambos son sordos, ella lo invitó a tomar mate y se enamoraron más allá de las palabras: “Es una forma distinta de conexión”
3Día Mundial del Gin: de amigos del club a creadores del destilado que se coronó en el certamen más prestigioso del mundo
4Por qué olvidamos el nombre de las personas en plena charla, según la psicología



