
Renee Zellweger la rubia mimada
Nació en Texas, de padre suizo y madre noruega. La actriz ya había sido muy premiada por su trabajo en El diario de Bridget Jones, pero desde su actuación en Chicago como Roxie Hart, su fama no para de crecer
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Suelen compararla con Marilyn Monroe, por el sex-appeal, la voz un poco ronca y quebrada, la mirada entre cándida y maliciosa. Pero además de ser rubia y sexy, Renee Zellweger ha enamorado al público con sus constantes transformaciones en la pantalla.
Según ha declarado la nueva actriz mimada en ambas márgenes del Atlántico, nacida en Texas hace 33 años, los desafíos son su terreno preferido. Pero también se define como una chica "más curiosa que ambiciosa". Como fuere, el resultado es que llamó mucho la atención como Dorothy Boyd, la abnegada y amorosa secretaria de Jerry Maguire (1996). El director Cameron Crowe había pensado en actrices como Cameron Diaz, Bridget Fonda, Winona Ryder y Marisa Tomei para encarnar el personaje, cuando se le ocurrió citar a Renee Zellweger –a la que había visto en The Whole Wide World y lo había impresionado muy bien– para hacer una audición. En conclusión, Crowe quedó convencido de que había encontrado a su Dorothy y le dio el papel que hizo que todo el mundo se fijara en ella, aunque estuviera situada un poco más atrás de la radiante presencia de Tom Cruise (que, de hecho, se convirtió en su padrino en Hollywood).
De ese primer gran éxito pasó a hacer varios pequeños films independientes –que tuvieron buenas críticas– antes de volver al mundo de las películas de alto presupuesto y ser protagonista de la más que absurda comedia Irene, yo y mi otro yo (con su novio de entonces, el gesticulante Jim Carrey). Luego aceptó encarnar al obsesivo personaje central de Nurse Betty, por el que ganó el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia.
Y fue precisamente en ese momento que los ingleses posaron su mirada sobre ella y le ofrecieron una audición donde se decidiría si era capaz o no de darle cuerpo a la gordita hambrienta de amor (y de helados y pizza) del ultrabritánico film El diario de Bridget Jones. Y consiguió darle cuerpo, por cierto, y también voz: Renee se puso a dieta (para engordar más de diez kilos) y estudió y practicó duramente para lograr un acento adecuado, suficientemente inglés y sin rastros del tonito texano.
"Sólo fue una caracterización –dice Renee–, no un desafío vital. Psicológicamente, no sentí que era una persona diferente por haber engordado. Me sentía muy bien." Cuando le dicen que engordar para un film suele ser un requisito inusual para una mujer, aunque ha sido una exigencia frecuente para los actores (como le ocurrió a Robert De Niro, por ejemplo, para la filmación de Toro salvaje), la actriz coincide plenamente: "Que yo sepa, algo así sólo le fue ofrecido a Toni Colette, para El casamiento de Muriel, y no parecía muy contenta al respecto; cuando hablé con ella se la veía casi avergonzada. Pero yo creo que es algo que una mujer no debe rechazar. Desafortunadamente, es una oportunidad que casi nunca se nos plantea a las mujeres. Para mí fue un verdadero regalo, una grandiosa oportunidad creativa. Y mi personaje era muy rico, extraordinariamente escrito". Cabe agregar que, por ese mismo personaje, Zellweger fue nominada a un Oscar como mejor actriz. El dominio del acento inglés, dice, no le costó tanto, pero sí manejar los giros idiomáticos, otra idiosincrasia. "Es raro, pero después de personificar a Bridget creció en mí la admiración por mis padres inmigrantes, que dejaron atrás todo un mundo familiar y se establecieron en una cultura diferente."
Zellweger nació en Katy, Texas, el 25 de abril de 1969, hija de un ingeniero suizo y de una enfermera y partera noruega.
Renee afirma que los hábitos alimentarios noruegos que heredó de su madre le facilitaron muchísimo volver a su peso normal después de hacer Bridget Jones. "Fue algo que me ayudó mucho. En casa siempre había ensaladas, verduras en cantidades, y nada de pollo frito. Arenques, salmón, albóndigas de pescado, todos productos frescos. Y eso era bueno, porque la co-mida es una suerte de ventana al mundo."
Y después del éxito de Bridget, a Renee le tocó deslumbrar con su personaje de Roxie Hart, la sensual mujer que comete un crimen pasional en el premiado film Chicago. La versión cinematográfica del musical teatral que Bob Fosse dirigió en 1975 volvió a plantear a Zellweger, que nunca antes se había dedicado a cantar y bailar, un gran desafío.
"La responsabilidad fue del director Rob Marshall, que fue quien decidió que yo encarnara a Roxie. Rob hacía la parte de cada uno, nos mostraba cómo. Antes de Chicago ni siquiera se me habría ocurrido cantarle a mi perro –dice la actriz con toda naturalidad y gran encanto–. Pero a Rob se le había metido en la cabeza que funcionaría, así que deposité toda mi confianza en él."
De todos modos, Zellweger es modesta y escueta como siempre: la filmación implicó seis meses de ensayos, y mucho sudor, en palabras de Catherine Zeta-Jones, otra de las protagonistas. Uno de los productores del film, Craig Zagan, ha declarado que Renee era la Roxie ideal, y que sin ella no hubiera habido película: "Sólo ella podía encarnar a una mujer que ha matado a alguien, sin dejar de ganarse por eso el corazón del público".
En verdad, la jactanciosa sensualidad de Roxie, su maliciosa seducción, contrasta con la naturalidad y el temperamento espontáneo de Renee Zellweger, que en ningún caso parece ensoberbecida por su creciente fama, y que no cultiva tampoco la imagen de mujer fatal. De hecho, suele negarse a hablar acerca de su relación con Jim Carrey, que terminó abruptamente, y en cuanto a su comentado noviazgo intermitente con George Clooney se las arregla para no confirmarlo ni negarlo. "George es un encanto, y somos amigos desde hace mucho tiempo", es todo lo que dice, declaración que el propio Clooney ha corroborado, aunque también dice con ternura: "Renee entra en cualquier parte y todo el ámbito se ilumina".
Después de Chicago, la actriz protagonizó una comedia romántica, Down with Love, junto a Ewan McGregor, y en la actualidad rueda en Rumania Cold Mountain, un drama bélico dirigido por el premiado director Anthony Minghella, y en el que comparte cartel con Nicole Kidman y Jude Law.
Pero la fama, por lo que parece, no se le ha subido a la cabeza. "La fama, en mi vida –afirma–, es como otro trabajo que viene junto con el trabajo de actuar, que tanto amo. No aspiro a vivir eso como mi existencia, y trato de manejar el tema como algo práctico, muy real." Y así lo hace. Cuando recibió, junto con Richard Gere, el Globo de Oro por la mejor actuación en un musical, tomó con toda naturalidad los elogios con que Gere la cubrió de pies a cabeza. Y le agradeció, cuando le llegó el turno, dedicándole el premio: "A Richard, mi primer novio –dijo–, aunque él nunca se haya enterado". Según confesó más tarde, Renee escribió su discurso de aceptación del premio en el baño, mientras se estaba maquillando. "De pronto se me ocurrió que tal vez me viera obligada a decir algo, y pensé que sería mejor que no me olvidara de agradecerle a nadie."






