Renee Zellweger, presa en la piel de una ingenua

Fue la novia de Tom Cruise en Jerry Ma- guire y de Jim Carrey en Yo, Irene y mi otro yo -además de haberlo sido en la vida real-. Para filmar con Hugh Grant en el papel de la muy inglesa y neurótica Bridget Jones, cambió su acento texano por un muy peculiar slang londinense
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21 de enero de 2001  

A primera vista, Renée Zellweger parece tener todas las características de una estrellita de Hollywood en pleno ascenso: rubia, esbelta, labios llenos, una colorida y doméstica infancia en Texas, nada de estudio actoral y un noviazgo, actualmente inte-rrumpido, con una estrella que cobra 20 millones por película.

Pero sólo hacen falta dos horas de caminata en Runyon Park para descubrir que Zellweger, a pesar de haber alcanzado la fama en 1996 por interpretar a la novia de Tom Cruise en Jerry Maguire y, más recientemente, a la novia de Jim Carrey en Yo, Irene y mi otro yo, no es simplemente otra actriz que ha tenido éxito perfeccionando el arte de actuar de sí misma.

Está dejando atrás los roles de noviecita para protagonizar dos nuevas películas: la comedia de humor negro Nurse Betty, de Neil LaBute, y una adaptación del best seller El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding. Renée es en realidad una actriz de carácter atrapada dentro del cuerpo de una estrellita ingenua. Esta revelación no tiene nada que ver con el hecho de que se haya presentado a la entrevista en shorts, remera, zapatillas y sin nada de maquillaje, dispuesta a encarar las cuestas más empinadas bajo el sol a pico. Tampoco tiene que ver con lo que dice, aunque es amable y extravertida, especialmente cuando no habla de ella. Más bien tiene que ver con lo que Zellweger no dice, y con la manera en que habla de los dos personajes de sus nuevas películas.

"Las dos me daban un poco de miedo -dice la actriz-, y eso me resultó atractivo. Los dos personajes fueron para mí un complejo desafío."

En Nurse Betty, Zellweger interpreta a una esposa de ciudad chica que queda traumatizada después de presenciar el asesinato de su esposo y tiene la idea fija de viajar a Los Angeles para encontrar al héroe de su teleteatro favorito. En el papel de Bridget Jones, es una solterona neurótica, de más de treinta años, que bebe y fuma demasiado, obsesionada por el afán de atrapar a un hombre.

No resulta desatinado suponer que Zellweger, de 31 años, haya extraído material de su propia vida para interpretar ambos roles. El personaje que encarna en Nurse Betty padece una afección psicológica que existe en la vida real, denominada fuga disociativa, y que habitualmente aparece después de un acontecimiento traumático y que incita a la huida. Antes de aceptar el papel, la actriz investigó la enfermedad y consultó a un psicólogo que se especializa en el tratamiento. "Es un padecimiento rarísimo, asombroso -dice-, pero la investigación me encantó."

Más asombrada se sintió, seguramente, cuando en 1995 la eligieron para hacer Jerry Maguire, con Tom Cruise, después de haber interpretado unos pocos roles menores en tres o cuatro films independientes producidos en Texas. Jerry Maguire recaudó 240 millones de dólares, y convirtió a Zellweger en una estrella.

Hasta entonces, su vida había sido notablemente parroquial. Nació y creció en Katy, Texas (12.500 habitantes), de padre suizo y madre noruega. Renée se graduó en la Universidad e inició su carrera en Austin, haciendo un comercial.

Después del éxito de Jerry Maguire, la actriz no tuvo ningún síntoma de fuga. Acaba de mudarse a una mansión de un millón y medio de dólares en Hollywood Hills, e inició una relación con Jim Carrey durante la filmación de Irene... el año último, aunque su compañero constante es su perro collie, Dylan, de 12 años. "Hay pocas cosas de verdadero valor para mí -dice con toda calma-. Adoro mi trabajo. No podría pedir una vida mejor. Pero también estaría bien si todo esto desapareciera y tuviera que hacer otra cosa." Los que han leído El diario de Bridget Jones saben que en Bridget hay poco de esos sentimientos tan calmos, casi zen; se trata más bien de una mujer crónicamente insatisfecha y despiadadamente ambiciosa, una publicista convertida en perversa comentarista televisiva. En Inglaterra se suscitaron acaloradas controversias cuando Zellweger, una norteamericana, fue elegida para interpretar a la archibritánica Bridget. "Por supuesto que tuve pesadillas y más de una noche de insomnio", confiesa Sharon Maguire, la directora del film, cuando habla de su decisión de contratar a Zellweger después de una larga búsqueda (que incluyó a muchas actrices inglesas). "Cuando ella entró a la prueba, lo supe. Es perfecta, me dije, pero es texana... ¿qué podemos hacer?" Finalmente, la directora se calmó ante la promesa de Zellweger de que lograría dominar el acento inglés. "Me dijo: Juro que lo conseguiré, y trabajó muy duro, y creo que lo consiguió."

Para asegurarse de que lo lograría, la producción le pidió que viajara a Londres con tres meses de anticipación para estudiar las peculiaridades idiomáticas y sumergirse en la cultura londinense. Durante los siete meses que duró su estada, habló con acento inglés. "Fue todo muy técnico -dice la actriz-. Querían un acento específico, de una clase social en particular y de una zona particular de las afueras de Londres."

Zellweger usó el acento incluso cuando conoció a su coprotagonista Hugh Grant, que no halló motivo para corregirla.

Carrey, que visitó a Renée, pero que en general la llamaba por teléfono desde Estados Unidos, no fue tan amable. "Me pedía por favor que hablara normalmente", dice.

Para encarnar a Bridget, Zellweger también tuvo que aumentar ocho kilos. Pero el hecho de aprender a hablar y comer como Bridget Jones no le debe haber resultado tan difícil como la tarea de mostrarse descortés, chismosa, envidiosa y maligna, tal como lo exigía su personaje. En persona, la actriz es muy positiva, deseosa de encontrar lo mejor en los demás y reticente a hablar mal de su prójimo. Suele calificar a sus colegas, como Tom Cruise y Meryl Streep, con epítetos tales como fantásticos y geniales, y de sí misma dice: He tenido la mejor suerte del mundo. Con semejante actitud, casi nadie se atreve a decir nada malo de la propia Zellweger. Pero algunos de los realizadores que la dirigieron sospechan que su capa de bondad y dulzura oculta un núcleo de acero.

Peter Farrelly, que la dirigió junto a Jim Carrey en Irene..., dice que el actor se enamoró de ella durante el rodaje, pero que Zellweger no le correspondió. Y agrega que Carrey estaba "como un cachorro castigado" y que ella "lo hacía sonar como si fuera un violín". La pareja sólo se formó después de que acabó la filmación.

"No me hizo sonar como un violín. Ninguno de los dos jugamos con el otro", dice Carrey, rígidamente. Pero cuando le preguntaron qué diferenciaba a Renée de las otras actrices con las que había trabajado, la descripción de Carrey se aplicaba tanto al trabajo como a la vida de la actriz. "Lo más notable es su capacidad de contener las emociones -declara-. Todos esos sentimientos se agitan dentro de ella, pero no los exhibe. Muchas actrices se dedican a exhibir sus emociones sin ningún coto, pero Renée no. El resultado es que, cuando uno logra atisbar la emoción en ella, es algo muy poderoso."

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