
1 minuto de lectura'
Por José Montero
<b>Que no panda el cúnico</b>
El año pasado te conseguiste una bandeja y volviste a comprar unos pocos y muy seleccionados vinilos. No importa cómo, pero –cuando se enteró– tu vieja se cayó en tu departamento con los discos que había en tu casa de la infancia. Y así, de golpe, sin que vos dijeras: “Oh, y ahora ¿quién podrá defenderme?”, reapareció El Chapulín Colorado. Fue un mazazo. Un golpe del chipote chillón en el medio de la cara. ¿Por qué, de pibe, te enloquecía este antihéroe vestido de rojo con calzones amarillos? ¿Por qué lo preferías al más popular Chavo del 8? ¿Acaso te gustaba su torpeza? ¿La forma en que hablaba? Incorporaste sus latiguillos para escapar por la tangente del humor absurdo. Siempre había una oportunidad para repetir: “No contaban con mi astucia”, “¡Síganme los buenos!”, “Lo sospeché desde un principio”, “Se aprovechan de mi nobleza” y tu favorito: “Que no panda el cúnico”. Quizás, pensándolo ahora, flasheaste simplemente porque Chespirito, alias Roberto Gómez Bolaños, había dado en la tecla con una combinación de risa, inocencia, picardía y el hecho de que su personaje cumpliera fantasías recurrentes en la mente infantil. Porque el Chapulín podía hacerse pequeño con las pastillas de chiquitolina, dejar en pausa a la gente molesta con la chicharra paralizadora, escuchar conversaciones lejanas con sus antenitas, atrasar o adelantar la hora, teletransportarse y hasta pasar inadvertido con solo ponerse un bigote. Todavía no te animaste a escuchar el disco. Hubo una señal: cuando quisiste ponerlo, la púa pegó un patinón con un ruido de mil demonios. Y vos dijiste: “¡Chanfle!”.
1
2Hotel Casino Míguez: parte del emblemático edificio de Punta de Este está abandonado, en venta, y espera renacer
3En fotos. Todos los invitados a la muestra de Paola Marzotto en Punta del Este
4A qué hora amanece hoy, viernes 20 de febrero, en la Argentina y cuándo hará el máximo calor de la jornada



