
Restaurante/Don Carlos
El sistema es el de una casa, en la que las cosas cambian día tras día dentro de los gustos de la familia
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El menú no existe, el patrón en persona le acerca el mantel de papel, los cubiertos y los platos que, por lo general, el mismo comensal distribuye. Sin decir agua va, aterrizan en la mesa bocconcini de mozzarella, tomates asados, algunas rebanadas de buenos embutidos, atún con alcaparras, morrones, aceitunas, algún escabeche, matambre u otras entradas por el estilo, ya que se sirve lo que la cocina decide y cuando se acaba, se acaba. Al rato, se acerca el señor que para ese momento ya sabemos se llama Carlitos, con una montaña de bocaditos de espinaca y servirá lo que pidamos y continuará la ronda por otras mesas. Puede que los riquísimos bocadillos se terminen, pero puede aparecer una pizza finísima, o una tortilla o los que las cocineras hayan decidido. Luego es posible elegir. Siempre hay pastas, por lo general tres opciones, como pasta seca italiana, unos caseros (caseros en serio, no de la casa de pastas) ravioles de verduras, o unos agnolotti, o lasagne, o fideos o lo que en ese día amasen. La parrilla está lista y recibe jubilosa el asado de tira, el bife de chorizo o el pescado, que también se ofrece al horno o frito. Los postres llegan sin preaviso y son, como todo, rico fresco y casero. Excelente budín de pan, pera al vino tinto y tiramisú, fueron los que nos tocaron en suerte. El sistema, según el propio Carlitos, es el de una casa, en la que las cosas cambian día tras día dentro de los gustos de la familia; un plato sucede al otro, nadie dice ni mu y cada uno come las cantidades que el apetito y la conciencia le permiten. El café llegó también de sopetón y la cuenta, para dos personas con agua mineral y dos copas de vino fue de $40.
Don Carlos Zinola fue el abuelo del ya mencionado Carlitos, comenzó con un almacén que se convirtió en restaurante con su hija Delia, hoy secundada por su nuera. El local está a la sombra de la cancha de Boca, es más que sencillo, pero una clientela de plásticos que se autoconvocan los sábados al mediodía acerca cuadros y en el caso de Marta Minujín un mural. Hay vinos de buenas marcas, ya que muchos contratos y pases allí terminan o comienzan.
Brandsen 699 esq. Del Valle Iberlucea. 4362-2433. Abre mediodía y noche. Domingos, y cuando juega Boca, cerrado. No se aceptan tarjetas.






