
Revival de plataformas
Con bases de corcho, madera o rafia, para no dar ni un paso en falso
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El ramillete de lilium amarillos sobre el taco de cuña de La calidad de la vida en la punta de una plataforma, una obra de Dalila Puzzovio que cuelga de una pared de mi hogar, ilustra el fetichismo de una pequeña colección de zapatos con tacos de vértigo que asoman desde el placard. Muy lejos de los días de 1990 en que las adoradoras de las plataformas y de los tacones debíamos recurrir a tiendas del Once, la galería Bond Street o bien a showrooms de zapateros a medida (los de Sylvie Geronimi y Emilio Castaño eran un secreto a voces), en las vidrieras del verano actual las plataformas se erigen tan democráticas como las zapatillas.
Un paneo por escaparates de la avenida Santa Fe a Rivadavia denota competencias de bases de madera, corcho o rafia ceñidas por tiras doradas o lazos con tachas postpunk . Quienes las portan parecen desplazarse en pequeños carromatos que en intersecciones de empedrados, pozos y declives deben modificar el tranco y hasta presionar el freno de sus elevadas carrocerías. Desde mediados de 2000, el catálogo de extravagancias de la firma Mishka modificó usos y costumbres locales. El colmo fue una maxi plataforma dorada que en 2011 fue apodada Fundidos en oro, y si bien parodió la economía local, también recordó el apogeo del glam rock y los zapatos de la ópera rock Tommy. En su colección verano 2015, el modelo New Shanghai y la plataforma Caribe conviven con hormas más sutiles y cercanas a la tierra.
Un revival del calzado emblemático de los 40, cuando Rita Hayworth recurrió a modelos de seda firmados por David Evins y Carmen Miranda se subió a pares de 20 cm y al tono de sus faldas de bahiana traspolada a musicales de Hollywood. En los 70 adquirió nuevos modismos en la tienda londinense Biba o en las sandalias de corcho fabricadas en Nueva York acerca de las cuales Vogue sentenció: 1972. La primera mujer da un paso en falso con sus sandalias de corcho. Millones la siguen. En la construcción del manual de estilo de las plataformas se imponen las patentes y hormas de Salvatore Ferragamo referidas a ingeniosas pruebas de laboratorio para desafiar la escasez de recursos: ante la ausencia de sedas ornamentó sandalias con celofán, en 1938, recurrió al corcho y lo maquilló con tintes dorados.
Un hipotético árbol genealógico de la plataforma remite a los chapines venecianos del siglo XVI, esos artefactos de madera, cruza de estribos con pedestales que medían hasta 50 cm. Por regla general se los recubría de terciopelo o de ricos materiales italianos en composé con los zapatos que se anclaban en su superficie. Diversos relatos de época destacan que sus usuarias debían ser sostenidas por otros brazos para desplazarse y que no podían bailar.
En el siglo XXI las plataformas de Vivienne Westwood siguen vigentes como gesto risqué pese al mítico tropiezo en la pasarela de Naomi Campbell en 1993 y con un par azulino. Algunas usuarias suelen exhibirlas en sus livings cual esculturas, mientras que la creadora del punk couture continúa usándolas a sus 73 años, tanto para subirse a escenarios y predicar sobre el cambio climático como para pasear en su bicicleta. Una postal del pop criollo remite a Doble Plataforma, el tótem de 25 pares de zapatos de 14 centímetros desarrollados por Dalila Puzzovio en colaboración con la firma Grimoldi, y que en 1967 obtuvo el Segundo Premio Internacional Di Tella. Cuando la artista celebró sus 50 años en el arte trazó una edición limitada de plataformas ornamentadas con flores de acrílico y pompones que fueron modeladas en la pasarela y simulacro de zapatería de Arte Ba apodada El Deslumbre. y esgrimió su teoría sobre el constante revival: "No he visto en las grandes colecciones más que zapatos revolucionarios que inventan nuevos equilibrios, volvemos a objetos de deseo que nos permiten avizorar futuros inciertos y cuyas superficies inestables nos preparan espiritualmente para reinventar caminos coloridos".
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