
Riesling
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Entre las tantas variedades de cepas blancas hay algunas que marcan una diferencia. Es el caso del Riesling, variedad muy representativa de Alemania donde es la cepa más cultivada y originaria del valle del Rin, en Rheingau; también se la asocia a la región de Alsacia (Francia), donde ofrece extraordinarios ejemplares. Cultivada en zonas frías, tiene un ciclo largo y en algunos casos es fundamental la orientación para recibir la insolación necesaria y lograr la maduración correcta.
Su lado es perfumado entre el tilo y las flores blancas; elegantemente, las frutas se basan en cítricos como la lima y la verbena. En boca puede resultar de intensidad media; sin embargo, la frescura, mineralidad, sedosidad y persistencia lo hacen ideal para acompañar platos con carácter.
Es una cepa versátil porque ofrece extraordinarios vinos secos, espumosos y dulces de cosechas tardías y algunos con influencia del hongo botritis cinérea, incluyéndolos así en otra categoría de vinos especiales. Alemania regala algunos exponentes que tienen la capacidad de mejorar en botella durante décadas.
El Nuevo Mundo del vino propone un estilo propio. Clare Valley, en Australia destaca su Riesling frutal y vibrante; Nueva Zelanda encontró en el Riesling otra cepa que hace tiempo da que hablar además de su afamado Sauvignon Blanc. El sur de Chile no se queda atrás, y en Canadá también son protagonista sus blancos secos y sus famosos dulces, icewines, o vinos de hielo. Nuestro país también ha incursionado con esta cepa y aunque pocos productores se animaron, felizmente podemos contar con botellas en algunas góndolas y apreciar una variedad de uva realmente fantástica.
Maridaje regional: una Quiche Lorraine alsaciana, deliciosa tarta de queso y panceta ahumada, o un queso fuerte y picante como el Munster o el Tilsit alemán.






