Riviera maya: escapada al paraíso
Naturaleza perfecta, chili picante y shot de tequila en Cancún, Playa del Carmen y Tulum
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Apenas bajar del avión en el aeropuerto de Cancún, uno siente que está en el lugar indicado. La puerta corrediza de dos hojas que separa el sector de pasajeros on arrival de aquellos que vienen a recogerlos, separa también dos mundos. Del típico "no lugar" de Marshall McLuhan, uno pasa a la identidad más definida. Ahí, a dos pasos un quiosco con techo de paja vende jugos, cervezas y margaritas, claro. La torre de control que está justo enfrente, tiene pintado un cartel de Corona que la recorre completa. Los choferes, de rigurosa camisa floreada y ojotas, organizan las combis en un perfecto caos. El calor es abrasador. Bienvenido a México.
Cancún, entretenimiento y confort
Es el destino caribeño elegido por los turistas norteamericanos y, a tono con sus hábitos, todo está resuelto en magníficos resorts all inclusive. Entretenimiento, gastronomía, excursiones, comodidades y -por supuesto- una playa soñada con todo lo necesario para ser feliz sin levantarse de la reposera. Al momento de definir el hotel, hay que tener en cuenta si el viaje es en familia, en pareja, de negocios, de solteros o entre amigos ya que, si bien todos tienen amplia oferta de servicios, los perfiles son bien diferentes. También hay que saber que la línea de hoteles que da a la laguna muestran tarifas mucho más accesibles, pero no dan opción de playa: sus huéspedes deben cruzar la avenida y buscar una de las públicas o acceder (mediante el pago de una tarifa) a los hoteles con vista al mar.

Desde Cancún se pueden organizar excursiones a Islas Mujeres, Cozumel, el parque acuático Xcaret y a las ruinas mayas de Chichen Itzá . Es también la ciudad de los bares, las fiestas y las discotecas. En el corazón de la zona hotelera, para el famoso Coco Bongo da igual que sea lunes o sábado, todas las noches se baila hasta el amanecer, entre tequilas, shows de acrobacia e imitadores famosos que se reparten en sus múltiples pistas con capacidad para 1.800 personas.
Playa del Carmen, el pueblo y la playa
En México dicen que construyeron Cancún para los estadounidenses y Playa del Carmen para los europeos. Si bien su famosa Quinta Avenida (la peatonal que corre paralela a la playa) se ha vuelto más comercial y tiene en sus extremos shoppings con Forever XXI, Zara y Rolex, todavía conserva la esencia de pueblo de costa con sus bares, tiendas de artesanías y artistas callejeros. Allí se pueden comprar a muy buenos precios las típicas camisolas con bordados multicolores, tallas en madera de la Virgen de Guadalupe, platería y vistosas pulseritas tejidas en el momento. Los restaurantes son abiertos, rústicos y amplios en sus precios y menúes. Si la idea es probar la gastronomía local, siempre hay que estar atentos al picante, porque -aunque no lo sea para ellos- siempre nos hará saltar unas lágrimas si no estamos preparados. Para acompañar, cerveza durante el día y tragos durante la noche. Sirven margaritas en todas sus versiones y vale la pena darles el gusto de probarlas una a una.
Para hospedarse, hay opciones all inclusive pero no son las únicas. Los hoteles de más categoría están ubicados hacia el final del centro y resuelven todas expectativas: se puede elegir entre un mega resort , un hotel con spa o un complejo de cabañas de madera y techo de paja sobre la playa, que parecen de cuentos.
Desde de las inmediaciones de la terminal de ómnibus (que está sobre la peatonal) todos los días salen combis para visitar las ruinas de Tulum o pasar el día en los xenotes (pozos naturales de agua dulce abastecidos por un río subterráneo) y hacer snorkel o buceo.
Tulum, la villa zen
Tulum puede ser una excursión del día o puede ser el corazón mismo de las vacaciones. Además de sus ruinas, la zona de playa es un verdadero paraíso, tranquilo, sofisticado y natural. Es refugio de artistas, practicantes de yoga y amantes de la buena vida sin ostentaciones. Es bohemio y chic. Sus playas son vírgenes, de arenas finas y blancas, y su mar, más revoltoso que el de Cancún, que es una pileta turquesa. Por eso, en Tulum se ven grupos de jóvenes practicando surf y otros deportes.

Sobre la ruta que acompaña la playa, se pueden encontrar encantadoras tiendas de decoración, de diseñadores de ropa y de vinos. Abundan los hoteles boutique ambientados bajo las pautas del feng shui y las estatuas de Buda.
A pocos kilómetros de la zona hotelera, están las famosas ruinas. Las únicas que los mayas construyeron sobre el mar. Para llegar hasta ellas, es necesario hacer un largo recorrido a pie a través de la reserva, que suele ser con altas temperaturas y sin lugar para descansar. Por eso, es indispensable llevar agua, sombrero y calzado cómodo. Una vez allí, las construcciones, la flora y la fauna son una belleza que se vuelve milagro cuando -además- asoma el mar.
"Los mayas afirman que el camino de Tulum se abrirá en el mar, en algún momento, y el mundo cambiará", promete la inscripción centenaria grabada en la piedra. Mientras tanto, sus templos y su tierra sagrada de Yucatán resisten en el tiempo, a resguardo en el paraíso.
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