
Rock en la Academia
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentan hoy y mañana en Racing, en sendos conciertos que marcan el retorno a un escenario de Buenos Aires después de cuatro años
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El Ultimo bondi a Finisterre hace escala en Avellaneda. Pero no se trata sólo de un transporte ciudadano de alta tecnología y de ironía resplandeciente, sino del móvil que resulta la mejor excusa para que las bandas se reúnan y concreten el rito. Ese rito que hace ya cuatro años no se produce en Buenos Aires: el de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
La palabra clave para estos antihéroes del rock es la acción. Más allá de la música o las palabras, generan una movida que excede el marco del mero recital de rock: son, como dice el Indio desde hace tiempo, "una excusa de los pibes", que durante los últimos años se movieron por el interior para que este fenómeno se concrete con fuerzas renovadas.
Por eso, los recitales que se harán, los hechos palpables de hoy y mañana, empezaron en realidad hace unos días. Llegaron micros de casi todas las provincias para confirmar la existencia de Patricio Rey. Y ése es el sentido mayor de la acción, aunque haya programada una lista de temas y luces y un escenario. Todo, absolutamente todo, forma parte de lo mismo. De esa entrega porque sí. Lo demás es pura superstición, cálculo impropio.
Porque el fenómeno de los Redondos no puede ser encerrado en un cuadrito esquematizado del rock. No en vano cada concierto es el primero y el último. Sucederá si los pibes quieren que suceda. Cuando ellos no sostengan esa maquinaria que ya lleva más de veinte años funcionando, Patricio Rey se hará a un lado.
Y el desafío de este fin de semana no es sólo el de regresar a Buenos Aires y preparar el estadio de Racing para las bandas ricoteras. Hay una buena excusa, y es la de mostrar el material que cargaron en el Ultimo bondi a Finisterre, que incluye un coqueteo con el pop que nunca antes había sido tan notorio.
Pero no es futurista. No. Más bien es el planteo de un juego que se sumerge en la realidad aunque se la instale en el ciberespacio. Un lugar tan real como el Primer Mundo en el que -dicen- estamos inmersos.
Y ese juego es el que juega desde siempre el triángulo que sostiene este fenómeno: el Indio Solari y Skay Beilinson en lo que se dice y en lo que suena, y la Negra Poli en todo lo demás. Para colmo, después eso se plasma en los colores y las formas de Rocambole y todo termina siendo lógico. Superlógico.
Y lo que más sorprende de esta empresa independiente cuyo único contrato que los une es, según el Indio, "la amistad y respeto de cada uno hacia el otro", es esa actitud de búsqueda que implica un cambio y un riesgo, abandonando lo que -saben- les daría réditos inmediatos.
Aquí el desafío es, por un lado, de los músicos, que deciden jugar. Y, por el otro, el público, que debe detenerse una vuelta más en cada tema; sobre todo para poder subirse al bondi y viajar hasta donde lleve.
Y esta vez el bondi estaciona en Avellaneda, con los micros que llegan de todas partes con ricoteros que ya saben de qué viene la cosa.
Porque un recital de los Redondos no es cosa de todos los días, ni aplaudir cuando termina un tema o sorprenderse por las lucecitas de colores. El espectáculo se genera en el escenario, pero es todo eso que crece alrededor mucho antes de que los músicos lleguen y que perdura cuando éstos se van. Es eso que hace que un mendocino llame al amigo ricotero de Corrientes que conoció en San Carlos o en Mar del Plata o en Santa Fe, para encontrarse en Racing y ver cómo va la vida y la esperanza y la desesperanza.
Esas cosas que confirman la vida en un territorio que se propone lejano al de ese Alien Duce que "dice desde la TV/ que no quiere estar jamás en la TV".
Los Redondos están de vuelta entre nosotros. Como siempre, con ese sabor de espina clavada en la garganta de un sistema ansioso por devorarlo todo.
Los Redondos. Hoy y mañana, a las 22, en el estadio de Racing, Mozart y Alsina, Avellaneda. $ 22 a $ 35.






