
Sabores norteños: autóctonos, humeantes y caserísimos
La cocina regional es el must del invierno; descubrí los mejores restaurantes de Buenos Aires para deleitarte con delicias bien argentinas
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Si hay algo que se nos da muy bien durante el invierno es el plato de comida caliente, abundante, pesada, deliciosa. Y si lo prepara una madre o abuela, mejor aún. Pero no estamos pensando en pastas rebosantes de salsa, en milanesas a la napolitana con papas rejilla o en carne al horno con espinaca a la crema. Estamos pensando en guisos, pucheros, locros, carbonadas, pasteles, tamales, cazuelas, empanaditas norteñas…todos sabores que conquistan de inmediato a todo lo largo y ancho del noroeste argentino. Para que aprovechen estas bajas temperaturas, los invitamos a saborear las mejores cocinas regionales en Buenos Aires. Prueben, llenen sus panzas y contenten sus corazones.
1810
Si de rendir homenajes nacionales se trata, 1810 lo tiene todo: evoca aquel gran momento patrio, recupera la tradición gastronómica regional y reproduce la rusticidad norteña en su sencilla pero cuidada ambientación. Con tres sucursales muy bien ubicadas (Centro, Palermo y Belgrano), ofrece un menú clásico con todos los platos que mandan en la cocina regional: empanaditas tucumanas, locro, carbonada, mondongo, lentejas, tamales, humita en chala y pastel de lomo a la criolla. En la carta de postres encontramos dos propuestas notables que no se pueden dejar pasar: ambrosía (mezcla dulce de huevos, leche y almíbar) y huevos quimbos (masa de yemas horneadas, bañada con almíbar).
Cepas de Salta
De pertenencia porteña y corazón salteño, este restaurante ubicado en La Boca no sólo se destaca por su menú sino también por su exquisita selección de vinos de Salta, que incluye variedades de alta gama (Bodega Etchart: la casa sugiere Ayres Torrontés 2007). Para entrar en calor, recomendamos la "sopa típica norteña" (sopa crema de quínoa con costas de queso cabra). Para acompañar el tinto, varias opciones: las clásicas empanaditas salteñas (de carne cortada a cuchillo, pollo o queso), los tamales (de carne o queso), la picada "Cepas de Salta" y el locro. De postre, y para catar la especialidad enológica de la casa, las "peras maceradas al vino Malbec con perlas de helado" no defraudan a ningún paladar.
La Paila
La historia de este restaurante es tan conmovedora como familiar: como no podía ser de otro modo, su protagonista es una abuela (Teresa), gracias a quien hoy podemos disfrutar de una generosa ración de Catamarca en pleno Palermo. Para la entrada, los bocaditos de berenjenas asadas, con tomates secos y queso de cabra, las batatas rellenas con quinoa y queso gratinado o la picada andina ofrecen combinaciones de sabor exquisitas. De principal, las cazuelas (en especial la Charquicán: guiso de llama y quinoa en un pan de harina de maíz morado) y los platos elaborados con productos del norte (pechuga rellena de quinoa con papas andinas y salsa de vino torrontés y miel de caña; cordero arrollado con puré de calabaza; bondiola con salsa de aceitunas; bocados de pollo con salsa de membrillo) superan las expectativas. De postre, recomendamos dos clásicos reversionados: budín helado de algarroba y brownie de quinoa. Antes de ir, no dejen de chequear la cartelera de espectáculos, que durante casi toda la semana acompañan las cenas. Dato de color: venden dulces regionales traídos de Catamarca.
La Peña del Colorado
El Colorado promete: Te ofrecemos un menú bien argentino, hecho de música, platos típicos, mate y amistad. Y cumple: hay conciertos folclóricos, guitarreadas espontáneas, baile hasta altas horas de la madrugada y unos platos inolvidables. Mientras esperan la comida, no pueden dejar de llenarse con los chipacitos caseros del litoral (a base de fécula de mandioca y queso). Como principal, el guiso de lentejas criollo, la carbonada tucumana con fruta y el pastel de humita y calabaza son excepcionales. Otra especialidad es el Tomaticán, guiso popular de Cuyo a base de tomates frescos, trozos de tomate seco o deshidratado, pan, leche, huevo, cebolla, queso y trocitos de carne. Para el postre, el flan casero de las abuelas, el arroz con leche y los almíbares (mamón, lima, zapallo, batata) le dan un final más que feliz a la estadía y peña en lo del Colorado. Antes de partir no dejen de consultar por los productos del almacén de campo, ¡todo para llevar a casa!
Los platos
La Carretería
A dos cuadras de Plaza Lezama, La Carretería ofrece un ambiente alegre y familiar, de firme tradición jujeña. Para la entrada, los tamales y las humitas nunca fallan. Como plato principal, los imperdibles son la milanesa de quesillo, las croquetas de quinoa, el huajchalocro y la picada regional (tamales, choclo, empanadas, croquetas de quinoa, aceitunas, queso, pan de campo), propuestas originales y de autor en la cocina autóctona. De postre, el quesillo con cuaresmillo y los zapallitos en almíbar completan una rica comida. ¿Un buen día para ir? El 25 de mayo: sirven locro, empanaditas picantes, tamales y humitas. Por la tarde ofrecen mate y pastelitos recién horneados. Por la noche, guitarreadas y vino servido en pingüino.
Cumaná (Rodríguez Peña 1149)
Los comensales llegan a toda hora y las recomendaciones corren a la orden del día: es porque este restaurante rústico y bien atendido es un plan infalible para cualquier día de la semana. La carta ofrece una variedad de generosas cazuelas y platos típicos irresistibles. Las empanaditas tienen la medida justa y tentadora de una entrada, así que no se distraigan con el pan, que es rico y abundante pero quita espacio para el resto de los platos. El pastel de lomo al barro, la carbonada criolla y el mondongo argentino son de los más pedidos. Para coronar este verdadero banquete regional, el zapallo en almíbar con queso crema o el dulce de cayote con queso y nueces son opciones dulces pero livianas. Datos de color: las mesas se cubren con grandes pliegos de papel sobre los que se puede dibujar con crayones de colores y por la tarde, el mate con bizcochitos de grasa ya es un clásico del barrio.
El Sanjuanino (Sanchez de Bustamante 1788 - Posadas 1515)
Tal como su nombre promete, esta simpática casa de empanadas y comidas regionales con locales en Recoleta y Barrio Norte nos transporta a algún rincón de San Juan y nos hace sentir en un verdadero bodegón de provincia con amplias mesas de madera, tejas rojas en el techo, mozos amables y sodas en sifón (nada de agua con gas). Es un lugar ideal tanto para comer al paso como para hacer ceremonia a la hora del almuerzo o la cena. Las especialidades de la casa son las empandas, los tamales, las humitas y el locro. De postre, los maridajes exclusivos para el quesillo son el dulce de alcayota o de mamón y la miel de caña.
Las Cholas (Arce 306)
El hornito de campo a la vista es uno de los atractivos de este restaurante, cálido e íntimo, que en cuanto cae la noche se ilumina con la tenue luz de sus velitas de mesa. Pero no es exclusivo para comensales románticos, sino también para grupos de amigos y familias con niños. Como tentempié, la provoleta de cabra con rúcula y tostón de campo es para repetir. Para el plato fuerte sugerimos el locro y el vacío al hornito de barro con romero y vegetales rústicos y, si son de buen comer, acompañen con un tamal norteño o una humita en chala. Sí, van a salir llenos, pero no pueden irse sin probar el flan mixto o el arroz con leche, postres riquísimos para recordar nuestros días de infancia.
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