
Sangre nueva para el fútbol
Pertenecen a la nueva generación de relatores y comentaristas televisivos. La espontaneidad, mostrarse como realmente son -dicen-, es lo que marca las diferencias con la vieja guardia
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Hace no tantos años, cuando la pasión por el fútbol los envolvía como a muchos otros chicos de su edad, escuchaban a Macaya Márquez, a Víctor Hugo Morales, a Fernando Niembro... Ni soñaban con que algún día el futuro los vería trabajando con esos eternos profesionales del relato. No pasó mucho tiempo. Porque la adolescencia y la juventud de Mariano Closs (de 27 años) convivieron casi desde siempre con la radio y la televisión. Un caso parecido al de Matías Martin (de 26 años), que llegó un poco más tarde, pero que también se sumó al entorno de los gritos de gol.
La voz de Mariano ya suena familiar en cada living donde se sintonice una transmisión de Telefé. Matías, en cambio, ocupa los mediodías del domingo con Locos por el fútbol , un programa de entretenimientos que se emite por Canal 13.
La Revista los reunió en el Monumental, donde Closs y Martin se sienten en su salsa.
"Creo que nuestro caso tiene mucho que ver con la revolución que Torneos y Competencias hizo en el fútbol. Por un lado, mantiene a personajes como Niembro, Araujo y Macaya Márquez. Pero, por el otro, les da oportunidades a tipos más jóvenes, como Matías o como yo", dice Closs.
-Ustedes vienen a ser algo así como los chicos nuevos ¿no, Matías?
-Puede ser. Es cierto que somos muchos chicos los que estamos laburando. Me parece que se viene un recambio muy importante. Porque a partir de la camada de esos tres personajes que dijo Mariano, después vino una generación intermedia que, en realidad, no sé si dejó tantas figuras centrales. Creo que hay como un bache. Pero después viene un pelotón con mucha fuerza desde atrás.
-¿El secreto es ser espontáneo?
-Sí, por lo menos eso es lo que yo busco delante de una cámara: tratar de ser uno mismo. Porque cada uno es diferente. Si pasa algo, Mariano reacciona de un modo y yo de otro.
Closs: -Yo apelo a mi forma de ser. Me gusta ser así.
-¿Torneos y Competencias es el dueño del fútbol, Matías?
-No. Pero Torneos le dio mucho al fútbol argentino. Si no fuera por esa empresa, muchos clubes de la Argentina estarían fundidos.
-¿Sí?
-Claro, yo vi cualquier cantidad de veces cómo algunos dirigentes fueron a golpear la puerta para poder subsistir. Pero no me pidan nombres porque no los voy a dar.
-El lenguaje de las transmisiones cambió mucho. Antes era difícil que se utilizaran malas palabras, y ahora es común. ¿Cómo lo ven ustedes?
Martin: -No se puede generalizar. Por ahí, Araujo alguna vez dijo una mala palabra que me hizo reír mucho y otra que me resultó muy desagradable.
Closs: -Todo depende de cómo lo digas y en qué momento. Si un señor de traje y corbata usa ese lenguaje me molesta, me choca. Pero si lo dice Matías, que es un pibe, queda bien. No lo veo mal.
-¿No corren el riesgo de que se los considere como personajes de la farándula y no como relatores o comentaristas?
Closs: -A mí no me hace gracia, pero es parte de esto. Pensar que mi trabajo es relatar y aparece en todos lados si salgo con ésta o con la otra... ¿Saben cuál es la sección del diario que leo primero?
-¿Deportes?
-No, Espectáculos. Justamente por eso. Porque estoy pendiente de si van a poner algo sobre mí. Es lamentable, pero hay medios que se manejan con mala intención. Quisiera que la gente me viera como un relator de fútbol y no como un personaje de la farándula.
-¿Y vos, Matías?
-Yo no entro en el circuito de la farándula. Si bien tengo amigos que son actores, no ando en inauguraciones todo el tiempo ni voy a lugares donde me sacan fotos. No he cambiado demasiado. Hay que acostumbrarse a ser reconocido, pero hay que saber poner límites. Si no, el tema se hace agotador. Primero alguien quiere que lo saludes, después te pide una foto y luego quiere que lo lleves a la cabina. La gente no se pone sus límites. Trato de tener buena onda, de no enojarme con nadie, pero a veces es imposible. Por ejemplo, Mariano va caminando por la calle y la gente le dice: ¡Marianito, no gritaste el gol de Boca! Casi como que él es más importante que los jugadores.
-Mariano, ¿el hecho de haber empezado a trabajar a los 15 años no te hizo quemar etapas?
-Puede ser. Por ejemplo, yo conocí la noche a los 24 años. Trabajaba los fines de semana, llegaba a casa y sólo tenía ganas de irme a dormir. Me perdí muchas cosas. Mi adolescencia no la viví saliendo con mis amigos... Me alejé un tiempo de ellos, no iba a jugar al fútbol a GEBA, mi club. Sólo ahora estoy recuperando esas cosas.
-Matías, lo tuyo no es sólo el fútbol, ¿no?
-No, claro. Me gusta la idea de hacer este programa de entretenimientos y las horas de radio en la Rock & Pop.
-¿Y vos, Mariano?
-Por el momento, mi sueño es relatar el Mundial. Pero sí, algún día me gustaría divertirme, pasarla bien con otro programa.
-Como Mauro Viale, que era relator como vos.
-No, no... El relato no lo dejaría nunca, es una vocación. Yo me refería a algo como lo que hace Marcelo Tinelli, o a lo que hace ahora Matías... Trasladarle al espectador la desfachatez, el ser como es uno...
-¿Qué condiciones debe tener un buen relator?
-Ahora no salen muchos relatores, la mayoría tira para el lado del comentario. No sé si será más fácil o qué. Creo que comentar, bien o mal, lo puede hacer cualquiera. Relatar requiere de mayor concentración, agilidad y rapidez mental para descubrir a los jugadores. Cuando escucho que un relator se equivoca, a mí me pone muy mal.
-¿Quiénes te gustan?
-Marcelo Araujo, Walter Nelson...
-¿Y Víctor Hugo Morales? Empezaste a trabajar con él...
-Sí, obviamente. Creo que fue el gran cambio, ¿no? Pero me gustaría que los relatores, tanto los de la radio como los de la televisión, no vayan a hacer un partido y punto. Que se preocupen por conocer a los jugadores. Me molesta mucho cuando se equivocan en los nombres.
-¿Lo decís por Víctor Hugo?
-Por la gran mayoría. Víctor Hugo está incluido, claro.
-¿Es cierto que te peleaste con él?
-No, él se peleó conmigo. Cuesta creer que un tipo hecho y consagrado como Víctor Hugo se pueda pelear con un pibe como yo. Supuestamente le molestaron algunas declaraciones que hice en una oportunidad, cuando dije que fui ganando espacio en la radio gracias a otros programas, como el de Rolando Hanglin o el de Raúl Portal. Esa idea hoy la mantengo, pero Víctor Hugo sintió que fui un desagradecido. Y no es así.
-Matías, ¿creés que cambió la forma de ser de los jugadores de fútbol?
-Ahora existen pibes que hablan muy bien y tienen una buena formación. Estudian, leen...
Closs: -Lo que pasa es que hoy el futbolista tiene un encanto especial. Me doy cuenta cuando voy a un lugar y veo que las chicas y los hombres miran al jugador como si fuera de otro planeta. Y los jugadores consumen eso, y bueno... no hay techo que los pueda soportar.
-Esa fascinación por el fútbol también los beneficia a ustedes, ¿no?
-Claro. A mí me extraña que haciendo lo que hago, en un deporte de hombres, las chicas y las mujeres me reconozcan. En un restaurante, en un boliche... Me gusta, claro. Parece que el fútbol no abarca sólo a los hombres. Pero también hay veces que en la cancha me insultan.
-¿Los jugadores también se enojan con vos, Mariano?
-Sí, pero yo lo tomo con pinzas. Hoy se enojan y mañana te necesitan. Quizás están mal y te piden que por favor digas que todavía no le arreglaron el contrato. O, por ahí, pasan a un equipo chico y se les bajan los humos.
-Matías, ¿es inevitable que alguien al que le gusta el fútbol fantasee con ser futbolista? ¿Nunca soñaste con eso?
-Bueno, yo tuve la oportunidad de ser jugador de fútbol. Estuve en las inferiores de Platense y de Vélez, pero poco tiempo. No tenía ni la voluntad ni las ganas de dedicarme a eso.
Closs: -A mí me hubiera encantado ser futbolista. No soy mal jugador. Pero nunca nadie me llevó a probarme a un equipo.
Es un buen momento! ¡Don Niembro, necesito un gol!" Un pibe, flaquito y feliz con el picado, bromea mientras espera un centro a la olla en una improvisada cancha de Villa del Parque. Tiene 10 años y se enloquece con el fútbol. Nunca se pierde un partido por televisión. Y Mariano Closs, un responsable clave en ese imaginario relato infantil, ni siquiera sospecha que alguien lo cita en aquel paisaje porteño.
Closs, un relator que conoció los secretos del periodismo con apenas 15 años, en Radio Argentina, de la mano de Víctor Hugo Morales, nació el 6 de mayo de 1970, en el barrio porteño de Colegiales.
Es hijo único de Hugo Closs y Cristina Livieri. Hoy vive con su madre, en un departamento de Colegiales. Su tempranera carrera periodística no le dio tiempo de cursar estudios terciarios. Con mucho esfuerzo -debido al escaso tiempo que la profesión le dejaba- pudo terminar la secundaria, en el Nicolás Avellaneda.
Hoy, sus latiguillos son una marca registrada. Delgado, locuaz, requerido por las mujeres. Con un bronceado que no desaparece ni en las tardes de julio. "Lo que pasa es que me gusta mucho tomar sol. Lo hago en la terraza de mi departamento", asegura.
La voz del relato de Closs suena un tanto extraña cuando se la compara con su timbre natural. Mariano, ¿ésa es tu verdadera voz? es la pregunta obligada. "Sí -responde-, claro que es mi voz. Yo trato de no forzarla, de no impostarla. Pero ocurre que tengo poco caudal, y cuando grito puede ser que algunos noten una diferencia. Pero para mí es igual, yo no veo esa diferencia." Se anima a contar una anécdota: "Uno de los primeros partidos que comenté para la radio era de la Primera B. Creo que era en la cancha de Tigre. Cuando me dieron el pase para dar la formación de los equipos, no encontraba la hoja donde los había anotado. ¿Qué pasó? Tuve que inventar los cuatro jugadores del fondo y después, cuando me alcanzaron la lista, seguí con los nombres verdaderos. Hoy me río, pero en ese momento no sabía dónde meterme".
Hay que verlo cuando toma una pelota y se pone a hacer jueguitos. Entonces, sus ojos se pierden en el mundo del fútbol, en sabe Dios qué sueños, realizados o no. Porque a los 26 años, Matías Martin confiesa sin reparos que fantasea con jugar un partido a cancha llena. Cuenta que se desempeñó en las inferiores de Platense y de Vélez, pero que nunca se le dio por seguir ese camino. Optó por el periodismo.
Nació el 27 de octubre de 1970, en el Hospital Italiano, en Capital Federal. Su padre, Jorge, es dibujante de una empresa de diseños publicitarios. Su madre, Betina Blanco, es psicóloga. Tiene dos hermanos, Federico y Santiago, ambos mayores que él. En la actualidad vive solo, en un departamento de la Capital Federal. Además de Locos por el fútbo , conduce un programa radial de música en la FM Rock and Pop.
Cumplió los estudios primarios en el Colegio General Las Heras y los secundarios en el Vicente López y en el General Roca. Estudió periodismo en DeporTea.
Introvertido, pensante, reflexiona un rato antes de contestar. "Yo les digo a todos los chicos que les guste el periodismo que se preocupen por estudiar. A mí me sirvió mucho, me abrió camino para largarme a trabajar. Claro que el talento no se aprende. Hay condiciones naturales que no se adquieren en la facultad. Eso está en cada uno", asegura.
Es sincero y recuerda los nervios que acompañaron su primera aparición en la televisión. "Tenía que transmitir desde el campo de juego y Alejandro Fabri, que estaba en la cabina, me dio el pase cuando no me lo esperaba. Y dije así: Buenas noches, Alejandro; buenas noches, Marcelo; buenas noches a todos Acá hace mucho frío. ¡Adelante ustedes! Por el tono que puse, parecía un informe meteorológico de Radio Rivadavia. Después, en ese mismo partido, tuve otra: debía dar la formación de los equipos; tenía anotado a los jugadores de acuerdo con el orden en que se ubicaban en la cancha. Pero me dijeron que tenía que nombrarlos del 1 al 11. Entonces, empecé con la lista y cuando llegué al número 10 vi, con sorpresa, que ya había nombrado a todos. Y dije: Y con el número 11... ¡también Calderón! , que ya lo había nombrado.
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