
Santiago Mitre. "Vivo con un poco de neurosis la exposición"
Deslumbró en Cannes con La patota y ya está abocado a su próximo proyecto, La Cordillera, sobre una cumbre de presidentes
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Moverse. Eso necesita para escribir. En su casa, dice, cinco horas de encierro equivalen a una de escritura. Por eso en los bares están las mesas satélites de sus guiones, de sus películas. Entre tapas y cervezas, en Madrid, surgieron las primeras líneas de la remake de La patota, que luego de haber ganado el Gran Premio de la Semana de la Crítica y el de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica, en Cannes, ya superó en las salas porteñas los 100.000 espectadores. Y en el mismo bar palermitano donde ahora suele dar entrevistas (algo que lo incomoda bastante) también se ha sentado a escribir durante incontables días. Tiempos vertiginosos para el director de cine Santiago Mitre (34), que disfruta y padece -casi en la misma medida y por motivos diversos- del éxito de su última película. El recorrido del film que tiene como protagonista a la actriz Dolores Fonzi (con quien ahora está en pareja), la buena aceptación de la crítica especializada y también del público lo llenan de orgullo, mientras que la exposición mediática que se desató, en cambio, la vive con algo más de neurosis. "No me gusta el lugar en que nos ponen a los directores de tener que hablar sobre las películas, pero entiendo que hay una industria cultural cinematográfica que te pide que hagas eso. Por eso cuando intento negarme a dar una nota siempre hay alguien que me dice «¡Estás loco, tenés que salir a defender tu película!»" Y aunque sin capa ni espada, Mitre está ahí, dispuesto a dar batalla a cualquier pregunta.
-¿Cuántas cosas sucedieron desde Cannes hasta hoy?
-La verdad fue todo muy vertiginoso: la película se terminó en marzo y se presentó en Cannes en mayo, y tres semanas después, el 18 de junio, fue el estreno comercial en la Argentina. Recién ahora tengo la sensación de que vuelvo a recuperar mi vida normal. Cannes es muy demandante, todo es mucho más eufórico que en cualquier otro festival, donde uno suele ir a pasarla bien. Y cuando llegamos a Buenos Aires fue lo mismo, la repercusión fue tan grande que seguimos en esa rueda. Pero estoy volviendo a mi rutina de a poco, por suerte.
-¿Cómo es esa rutina?
-Generalmente estoy metido en algo, un nuevo proyecto al cual me aboco y le dedico todo mi tiempo. Aunque me cuesta escribir muchas horas seguidas, tengo malos hábitos y me disperso mucho. Ahora estoy trabajando en una nueva película [en equipo con el guionista Mariano llinás] que se llama La Cordillera, que se filmará entre la Argentina y Chile y que trata sobre una cumbre de presidentes.
-Malos hábitos... ¿cuáles?
-Nooo. Que soy perezoso y me cuesta concentrarme. Me distraigo fácilmente, por eso necesito moverme para escribir, sentarme en distintos bares. Pero no soy borracho ni drogadicto [risas].
-Venís de una familia con historia en la política, pero vos nunca militaste. Con El estudiante ya habías tocado el tema. ¿El cine es tu forma de acercarte?
-La verdad no lo tengo muy analizado. Me inclino naturalmente por el tema, siempre aparece como un interés, un ámbito sobre el cual me gusta escribir. Hay cosas que las traigo de mi historia familiar, cierto oído de diálogos en casa, de escuchar y de hablar mucho sobre política. Apareció con El estudiante y ahora vuelve. No sé bien por qué, pero siento la necesidad de seguir desarrollándolo en otra película.
-Los thrillers políticos, como fue la serie House of Cards, tienen un éxito instantáneo en esta época...
-Yo creo que es un tema que siempre estuvo presente. Y el cine los abordó desde el inicio de los tiempos. Los relatos de poder siempre estuvieron ahí: si pensás en los textos clásicos, por decir Antígona o también Shakespeare, todos son reyes y políticos. Precisamente, House of Cards toma argumentos de distintas obras del mismo Shakespeare.
-Con respecto a La patota, la película transitó territorios de discusión y debate extracinematográficos, más de coyuntura social. ¿Cuál es tu análisis?
-No le encuentro mucha explicación, no sé. Un poco es casualidad, y otro poco se debe, supongo, a que yo trabajo con ficciones que son muy contemporáneas, que tienen lazo y relación con la época, y entonces es lógico que la película después interpele con cuestiones coyunturales.
-El estreno de fue a tan sólo dos semanas de la marcha #NiUnaMenos, de hecho.
-Pura casualidad. Yo escribí la película dos años antes y se estrenó en esa fecha porque fue el único hueco que encontramos. Es evidente entonces que la película es un producto de esta época, y me pasó algo parecido con El estudiante, porque en ese mismo momento hubo un reverdecer de la militancia juvenil, algo que no sucedía mientras yo estaba escribiéndola. Pasa, no sé bien por qué, pero pasa, y ojalá siga sucediendo. Me gusta que las películas abran otro tipo de diálogos con la realidad.
-En esos ámbitos, fuera de la industria del cine, ¿te cuestionaron las decisiones que toma el personaje de Paulina?
-Claro que sí, pero eso era algo que nosotros también ya habíamos trabajado. Durante el proceso de escritura, el primero en cuestionar las decisiones de Paulina era yo, porque realmente eran muy conflictivas. Y yo me desafiaba todo el tiempo para ver hasta dónde nos podíamos estirar en el recorrido del personaje. Sus decisiones me incomodaban, y eso era lo más interesante. Queríamos trabajar ese contrapunto, y como director yo trataba de entenderla, de acompañarla.
-¿Te molesta tener que hablar sobre la película, discutir con el público, responderles a los periodistas?
-No me siento cómodo. Disfruto en los procesos de escritura. Y darme cuenta de que tengo algo bueno entre manos me pone contento. Que me den un premio también. Pero vivo con un poco más de neurosis toda la zona de exposición. Creo que la película dialoga sola con el público. Mi trabajo llega hasta un determinado momento, cuando chequeo la copia final. Después no depende de mí. No me gusta hablar sobre las películas.
-Y encima trajo un romance de yapa...
-Sí. Un muy lindo encuentro. Pero es algo que relativizo porque el proceso de una película es muy intenso, de mucha conexión entre los que trabajamos. Pasa en todos los lados, también en las redacciones de los diarios. ¿O no?






