Satiriasis, un antiguo trastorno sexual

Busto de un sátiro en el Palazzo Bolognini Amorini Salina, en Piazza Santo Stefano, en Bologna, Italia
Busto de un sátiro en el Palazzo Bolognini Amorini Salina, en Piazza Santo Stefano, en Bologna, Italia Crédito: Shutterstock
Amanda Jot
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17 de agosto de 2018  • 00:28

Tiempos atrás a los señores exhibicionistas se les llamaba "sátiros". En los barrios y pueblos del interior del país resultaba una figura de lo más común, o mejor dicho, los vecinos habían naturalizado la existencia de estos personajes siniestros que aprovechaban para aparecer distraídos en la vía pública, en especial a la hora siesta, con la bragueta abierta y el miembro viril expuesto. Circulaban en bicicleta o auto, con la ventanilla baja, cuestión de salir pitando si la incauta victima empezaba a gritar. Nunca atacaban, solo pretendían mostrar su gracia. Eran los degenerados, como decían las señoras.

Cuestión es que ese fantasma vuelve en la imagen del señor que días atrás fue detenido por andar en el colectivo de la línea 33 mostrando su humanidad a los pasajeros. Cuentan las crónicas que intentó llamar la atención de una mujer que iba sentada, rozándole el hombro e indicándole con la vista que mirara más abajo. Evidentemente no estaba en sus cabales. En tiempos de #NiUnaMenos, #abortolegal, #MeToo y empoderamiento femenino, el tipo es un kamikaze o alguien que, efectivamente, padece Satiriasis.

El término, que deriva del latín satyrus, refiere a unos seres de la mitología clásica, mitad hombre y mitad cabra con cola de caballo, seguidores del dios Dionisio, por lo tanto, adictos al vino, la fiesta y la lujuria. En la antigua Grecia se los representaba en estado de permanente excitación, como el arte los mostró en murales y decoraciones de objetos cotidianos. Según las enciclopedias eran insaciables, por eso mismo fueron considerados símbolo de la libido y las pasiones masculinas desenfrenadas, lo que la ciencia describe hoy como conducta sexual compulsiva o hipersexualidad en los hombres. La versión femenina de esa adicción eran las ninfas.

Sin embargo, no son lo mismo. La psicología contemporánea sostiene que, en éstos casos, esa necesidad de sexo no está relacionada con una u otras personas, es decir, no significa que el enfermo canalice fantasías y obsesiones acostándose con una mujer o varias, sino que es una patología bastante compleja que se manifiesta en la constante auto "estimulación" e incluso en el consumo de pornografía. Vale decir que ver mucho porno y masturbarse, o tener una vida privada muy activa no son sinónimo de enfermedad, eso hay que aclararlo. El trastorno de la hipersexualidad suele ser causado por factores como la ansiedad, estrés, tristeza y soledad, e incapacidad para controlar las emociones negativas, dicen los especialistas. Actualmente, según datos surgidos del consultorio médico, se calcula que cerca del 84% de los afectados por comenzó a evidenciar su trastorno a los 25 años, incluso de este porcentaje, el 54% afirma que antes de los 18 años ya sentía esta adicción.

El sátiro del colectivo 33 fue escrachado por el pasaje, y luego detenido por la policía de Lanús. Pero, atenti, ya está suelto.

Por: Amanda Jot
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