
Sebastián Blutrach: "Los porteños prefieren la comedia al drama"
El productor y empresario teatral, al frente de El Picadero, organiza por estos días una megaactividad para motivar al público
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Es posible que muchos de los peatones que circulan por el centro porteño no hayan advertido nunca la existencia del pasaje Santos Discépolo. La callecita atraviesa en diagonal la manzana entre Lavalle, Corrientes, Callao y Riobamba, y descubrirla es entrar en otra dimensión, en un tiempo pasado, en que Buenos Aires se recorría a paso lento. Y es, también, descubrir el teatro El Picadero, bastión de aquel paradigma de la resistencia a la censura impuesta por la dictadura militar que se llamó Teatro Abierto, incendiado en 1981 y reinaugurado en 2012 gracias a la gestión de Sebastián Blutrach, hasta ese momento un productor de exitosa trayectoria y bajísimo perfil. Aunque para él haber sido la mano detrás de la restauración de una sala mítica sea "una suma de casualidades", su nombre ha quedado impreso en la historia grande del teatro nacional.
Hijo de dos grandes productores teatrales, Jorge Blutrach y Ana Jelín, cuando era chico nadie imaginaba que se dedicaría a seguir sus pasos. Jugó al vóley hasta que se radicó en España.
A los 28, volvió al país y aunque ya sentía el deseo de producir no se animó. Estudió kinesiología y osteopatía, y ejerció ambas profesiones hasta que la pasión fue más fuerte: tras realizar varias producciones exitosas, fue nombrado director general del teatro Metropolitan (hoy Met Citi) y entonces ya no hubo que dudar más. "No extraño la kinesiología. Me gusta, sigo haciendo mucha actividad física, pero no volvería a ejercer", señala. Tampoco tiene tiempo. Desde su oficina, una especie de cabaña de madera y hierro con enormes ventanales y muebles de diseño, ubicada en la terraza de El Picadero, toma decisiones sobre las actividades de uno de los espacios más importantes del circuito comercial, y es un influyente promotor de la cultura porteña. Como director de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET), conduce por estos días las actividades de la iniciativa llamada #VeníAlTeatro, que se lanzó con éxito el año pasado y cumple su segunda edición, e involucra una serie de promociones y acciones como charlas-debate y conferencias para motivar la afluencia de público en octubre. Además, este lunes 19 y martes 20 será el gran anfitrión en El Picadero de AdLib, el primer encuentro de arte, tendencias y entretenimiento, con referentes de los festivales más importantes del mundo como invitados: la CEO del Fringe de Edimburgo (el mayor festival de arte del mundo), un representante del Tate Modern y uno de los responsables del desembarco de Lollapalooza en la Argentina. "Me interesa que en este teatro ocurran cosas interesantes. Esto es parte de las inquietudes que uno tiene como gestor cultural. Juntarse con gente que hace lo mismo acá y afuera, generar espacios de reflexión y conversación, cambiar experiencias, encontrarnos y generar oportunidades", asegura Sebastián.
-¿Qué esperás que aporten a la experiencia cultural argentina los referentes de afuera?
-Es indiscutible que Buenos Aires como capital teatral tiene un potencial enorme. Es una de las cinco capitales teatrales del mundo, en términos privados, principalmente. Acá prácticamente no existen los subsidios; en los últimos años, con Pro Teatro y el Instituto Nacional, algo, pero en términos muy pequeños y tiene que ver con la idiosincrasia nuestra. En Europa y el Reino Unido, hay mucha tradición de lo que es gestión cultural promovida desde el Estado. Nos llevan muchos años de experiencia y tienen mucho para transmitirnos.
-¿Hacia dónde camina la industria del entretenimiento en la Argentina?
-Por talento personal no estamos atrasados absolutamente en nada con respecto a lo que pasa en otros lugares. No es que las tendencias en nuevas tecnologías van a marcar algo, sino cómo se usa eso para captar la idiosincrasia nuestra. Son instrumentos. Acá hemos desarrollado una app que está buenísima pero que no tiene todavía una utilización que se condiga con todo el esfuerzo que supuso hacerlo. Pero estar a la vanguardia hace que cuando esas cosas exploten vos estés preparado para usar la herramienta.
-¿Cómo creés que cambia la experiencia que tiene el público de un espectáculo a partir de las nuevas tecnologías?
-Separando franjas etarias, va a ser difícil que un señor de 70 compre una entrada por Internet. Pero para los más jóvenes es algo común. Por eso, hay que tener todas las herramientas, no estamos en condiciones de despreciar a nadie. Hoy plantearle a alguien que tiene que venirse hasta el centro si vive en Pilar a comprar una entrada de manera presencial es impensable. Van cambiando las costumbres de la gente y nosotros tenemos que facilitarles el acceso. Todo tiende a la comodidad del hogar, actividades que se puedan manejar en casa. Nuestro desafío es seguir ofreciendo cosas en vivo, irrepetibles, y facilitarles todo para que esas personas lleguen al teatro.
-¿Qué balance hacés de estos años como dueño de un teatro?
-Desde lo económico, movilizar el dinero que supone tener un teatro en Buenos Aires no es rentable. No soy un mecenas de la cultura ni un filántropo. Me gusta lo que elegí y tener este espacio es un valor que me permite hacer muchas cosas. Es difícil de medir: intento no hacer la cuenta económica. En lo personal muy orgulloso y satisfactorio.
-¿Sos de mirar lo que pasa afuera para importar ideas?
-No tanto. Viajo mucho a festivales. Eso me llevó a tomar el modelo de los teatros europeos a la hora de armar El Picadero. Estoy atento. No soy un obsesivo. Obviamente no estoy solo en todo esto.
-A grandes rasgos, ¿qué le gusta al público porteño?
-Prefieren la comedia al drama. Está claro que lo que tiene que ver con lo psicoanalítico gusta. El combo psicoanálisis, mujeres y familia disfuncional. Las obras que tienen un giro final que el espectador no se espera tienen siempre un mejor efecto en el público. Yo busco textos que me conmuevan y me movilicen mucho.
-El empresario teatral suele estar estigmatizado? ¿Cómo te llevás con esa idea de que el productor es el malo de las compañías?
-Lo sufro un montón. Me llena de contradicciones porque con gran parte de los actores tengo amistad. Además, no me considero un empresario capitalista, me considero un trabajador de la cultura que ocupa el rol de productor. Ya no está más el empresario gordo con el puro que les hace hacer el casting a las jovencitas. No sé si alguna vez existió. Con algunos lo manejo mejor y con otros no, pero no lo puedo evitar, es parte de lo que me gusta; me gusta ser la cabeza, armar los equipos y tomar las decisiones.
Una buena copa de tinto
Parte de la experiencia de ir al teatro es la reunión, el antes y el después. Por eso, Blutrach decidió instalar un restaurante en El Picadero: "Que mientras se espera para entrar puedan compartir un vino me parece importante", dice porque él, si tiene que elegir, siempre prefiere una buena copa de tinto.






