
Deutschland 83 narra la historia de un policía de frontera de la República Democrática Alemana que se infiltra en las filas del otro lado del Muro.
1 minuto de lectura'
Por Marcelo Pavazza
La gran sorpresa de 2016 para los seriéfilos argentinos viene de Alemania. Inesperado, si se tiene en cuenta que lo mejor que había entregado el país europeo en la materia era Hijos del Tercer Reich, magna miniserie de solo tres capítulos estrenada en 2013, y antes de ella la monumental Berlin Alexanderplatz, de 1980 y dirigida por un genio del cine, Rainer Werner Fassbinder.
Deutschland 83, cuya primera temporada debuta en DirecTV el lunes 1 de agosto a las 21 (canales 201 y 1201 HD), comparte sin esfuerzo el podio y es la serie europea que faltaba. Conocida la fascinación de ingleses y norteamericanos por los dramas escandinavos (con Forbrydelsen, Bron/Broen y Borgen a la cabeza, algunos hasta con remake en Estados Unidos), Alemania era el único país de la región y con gran tradición ficcional que faltaba sumarse a la tendencia. Y lo hizo en buena forma, con una miniserie autoconclusiva de ocho capítulos que logró un gran suceso en Estados Unidos, donde se convirtió en la primera ficción hablada en alemán emitida por una cadena local (Sundance TV).
Con una trama de espionaje que, sin dejar de tomarse en serio el tema que trata, lo hace con desparpajo y algo de humor (a diferencia de la extraordinaria y mucho más grave The Americans), Deustchland 83 es redonda por donde se la mire. Atrapante desde el comienzo, el drama creado por Anna y Joerg Winger cuenta el derrotero de Martin Rauch, un policía de frontera de la República Democrática Alemana de 1983, cuya juventud, predisposición y cara de buenazo inspiran en su tía –mujer fuerte de la Stasi, el temible servicio de inteligencia de la RDA– la idea de reclutarlo como agente infiltrado en las filas del Ejército de la otra Alemania, la Federal. La necesidad de meterlo es imperiosa: en plena Guerra Fría, la OTAN planea apuntar sus misiles a varios países del bloque soviético, y la Alemania socialista es una de las naciones amenazadas. Pero los motivos de Martin, que cambiará su identidad para comenzar a desempeñarse como secretario de un encumbrado general de la organización, no son ideológicos, sino personales: su madre necesita un trasplante de hígado y en la RDA las cosas no son tan fáciles como en su vecina del oeste. Obligado por las circunstancias, Martin (un genial Jonas Nay) será sometido a un fuerte entrenamiento que logre transformarlo en un hombre confiable para sus superiores del otro lado del Muro. Le quedará vivir situaciones de peligro y arriesgar todo el tiempo su pellejo en el afán de cumplir con sus jefes verdaderos, siempre con el corazón mirando al este, donde no solo está su madre, sino también su novia, Annett.
Lo notable de la serie es que su costado de thriller convive con un retrato de costumbres disonantes. Por un lado, la Alemania de las carencias, del corset ideológico (que tiene su punto máximo en la prohibición de libros y en la delación como amenaza constante), de la falta de productos esenciales y de las libertades cercenadas; por el otro, el país de la abundancia tecnológica, de los supermercados llenos, las fronteras abiertas y el libre comercio; dos Estados cuyo antagonismo Martin (que del lado occidental opera bajo el nombre de Moritz Stamm) siente en carne propia. Algo parecido ocurre con las diferencias generacionales: no es lo mismo la Alemania de posguerra para quienes vivieron el conflicto en primera persona (y el nazismo, claro) que para su descendencia; una distancia que el guión, muy inteligentemente, hace palpable en la relación del general Edel –jefe de Martin/Moritz– con sus hijos, dos jóvenes ya librados del “deber ser” y enganchados con un nuevo rumbo social que incluye el pacifismo, la meditación y el amor libre. Estos y otros apuntes sofisticados le valieron a la serie las mejores críticas tanto en su país de origen –donde fue presentada a modo de première en la Berlinale 2015– como en Estados Unidos.
Narrativamente sobria, seca y directa en los momentos de violencia, con un gran uso de los exteriores, una reconstrucción temporal impecable y variaciones en el tono que son pura sutileza, Deutschland 83 y las desventuras de su héroe accidental –cuyo punto de vista es el punto de partida de casi todo– son un ejemplo de serie moderna. A no perdérsela.
<b>MÚSICA, MÚSICA</b>
El otro gran acierto de Deutschland 83 está en su banda sonora, que ya desde los títulos de apertura, con “Major Tom” de Peter Schilling, plantea un recorrido por los éxitos de la época. No faltan temazos como “Sweet Dreams” (Eurythmics), “China Girl” (David Bowie), “Boy’s Don’t Cry” (The Cure), “Hungry Like the Wolf” (Duran Duran), entre muchos otros, ni la pieza emblemática de la Nueva Ola Alemana: “99 Luftballons”, de la hoy cincuentona Nena.
1
2Dejar Italia dolió, la doble identidad caló hondo y halló el camino para no caer en el olvido: “¿Ustedes, tanos, toman mate?”
3Qué le pasa realmente a tu cuerpo si tomás un vaso de agua tibia con una pizca de sal en ayunas
4Los que mandan mensajes escritos en vez de audios comparten cuatro rasgos impactantes, según la psicología

