
Sexo a diario: un bar puso muñecos eróticos en la barra
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Atravesar en soledad el aislamiento preventivo fue prueba de fuego para la psiquis de miles de personas en todo el mundo. Esa falta de contacto físico y social nos llevó a construir rituales de vinculación virtual que nunca imaginamos, como almorzar con amigos o compartir un vino por zoom y, más en lo cotidiano, charlar con las plantas o mirar películas abrazados a la mascota. Incluso quienes tenían afición por jugar con muñecos inflables en la intimidad, vieron una manera de sacar a la luz su fetiche, sentándolos a la mesa como uno más. Quizá con esa misma intención de fondo, la de sentir alguna clase de compañía y no enloquecer, un bar restaurante de Barcelona compró una cantidad de estos muñecos eróticos y los sumo a la barra, como compañeros de copas de los clientes habituales.
Mientras el país se sumergía en la primera ola del COVID y los locales gastronómicos cerraban sus puertas, los dueños de La Pepita, en el barrio de Gracia, decidieron apelar al humor mediante acciones originales. Manteniendo la distancia social recomendada entre los usuarios (reales) del establecimiento, y para recordar la bulla propia de un espacio siempre colmado de gente amiga, distribuyeron los personajes a lo largo del mostrador, formalmente vestidos y en actitud de disfrute. "La guinda del pastel la pone el cliente, con alegría y alboroto, dibujando en las paredes, dándonos su cariño, y buscando su hueco entre la barra y las ventanas mientras habla con todo el mundo" decía al diario El Mundo su propietaria, Sofia Boixet. "Cuando lo teníamos todo listo, nos entristecía verlo tan vacío y sin saber por cuánto tiempo. Fue entonces cuando a Sergio, mi pareja, socio y cocinero, se le ocurrió comprar 20 muñecos hinchables". Para darle realismo a la situación los vistieron según el perfil de los clientes. "Encendimos las luces y.… que empiece la fiesta. De una manera distinta y mucho menos rentable, pero igualmente, divertida, 'La Pepita' seguiría llena hasta nueva orden. Y, sobre todo, haríamos sonreír a nuestros clientes de nuevo" agregaba la mujer.

Cuando dieron luz verde y en junio pasado reabrieron los gastronómicos en España, los parroquianos de goma ya eran parte del decorado habitual de La Pepita. "A unos cuantos se los han llevado nuestros clientes de vacaciones, hemos recibido historias muy simpáticas de los muñecos haciendo barbacoas, en la piscina, haciendo la siesta y ha ayudado a acercarnos más a nuestros clientes, al invitarnos a su casa", comenta Boixet quien añade que "otros se hacen selfies con los muñecos, les hacen tatuajes o simplemente disfrutan de no estar 'solos' en la barra".

Hablando de muñecos y soledad, un dato curioso surgió hace unos meses cuando un diario de Neuquén reveló que en la Argentina los mayores compradores de estas figuras humanas hiperrealistas viven en la Patagonia. "Las mayores ventas fueron parejas y por lo general se llevaron una muñeca mujer", contaba a LM Neuquén Javier Chapuy, dueño del sex shop Todos tus deseos, y uno de los pocos comerciantes que importa el producto en el país. El empresario detalló que el 70% de las ventas durante la pandemia fueron al sur. Cada ejemplar cuesta arriba de cien mil pesos..… las veremos en algún bar, acodadas en la barra?






