Aunque la City porteña no pare, vos necesitás hacerlo: como en Japón, como en China, como en Estados Unidos, ahora podés dormir 15 minutos y resetear tu día en pleno Microcentro.
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Salvador Dalí y Juan Domingo Perón tenían algo en común: siempre dormían la siesta. Dalí dejaba los pinceles en agua y se acostaba con las llaves en la mano y un cuenco de metal abajo. Cuando entraba en sueño profundo, soltaba las llaves y el ruido lo despertaba: era el momento de levantarse. Para Perón, la siesta también era sagrada: "Tengo la costumbre de dormir una hora todas las tardes. Me gusta hacer del día dos mañanas".
Se sabe: la siesta estimula la creatividad, refuerza los procesos cognitivos, reenergiza y previene el estrés. "La siesta trae salud. Dormir es reparador. Bajar el ritmo y relajar el cuerpo hace que después, cuando se vuelve a la acción, se rinda más. Es como ponerle nafta al auto", dice la psicóloga Viviana Vega, precursora del siestario Selfishness. La clave es dormir entre 15 y 40 minutos, porque son las primeras fases del sueño. Pasado ese tiempo, la persona se levanta más cansada, abombada y con poca energía.
En el interior del país la siesta es un rito. Pero en ciudades como Buenos Aires, las largas jornadas de trabajo, la distancia entre la casa y la oficina y el ritmo hiperacelerado de vida parecen –o parecían– impedirlo. Selfishness, el primer siestario de Latinoamérica, propone un cambio: poner pausa y dormir un rato en pleno microcentro porteño. Como la siesta del jardín de infantes.
Son las seis de la tarde de un miércoles en Córdoba y Florida. La calle está llena de gente que corre de un lado al otro. Cada local escucha una radio distinta; en la peatonal, se mezclan los sonidos y simulan el ruido de una multiprocesadora. Cada tanto, un show de tango callejero interrumpe el caos con una melodía. Pero todos caminan tan rápido que el alivio dura apenas un segundo.
En medio de la vorágine, me detengo en un edificio gris y toco el portero. "Selfishness", dice la voz sensual de una mujer.
En el tercer piso, una placa azul da la bienvenida al siestario. Me recibe Lucía, una señora amable, rubia y con delantal azul que parece de médico. Las luces de adentro también son azules. Hay una cascada feng shui con una luz naranja que se prende y se apaga. Hay velas, piedras y cañas de bambú. Hay música ambiental relajante como la que pasan en los aviones antes de despegar. Parece la "habitación oriental" de un hotel alojamiento. Pero la gente va a dormir.
Selfishness nació hace casi dos años con la idea de generar un espacio donde tomar un descanso durante la jornada laboral. Tiene tres cabinas diseñadas especialmente para conciliar rápido el sueño. "El concepto sobre el que trabajamos es el de la pausa reparadora o productiva", explica Vega. "Esto es como los autos que están en plena carrera y se van a los boxes dos minutos. Es necesario para llegar a la meta. En las grandes ciudades, la velocidad te arrastra con un gran costo de salud. Nosotros le decimos a la gente que siga el ritmo, pero que se cuide, que frene en el box".
El siestario funciona de lunes a viernes de 11 a 18, y los precios oscilan entre $49 y $175. Antes de dejarlo dormir, al cliente se le hace una breve entrevista. Según las respuestas, se clasifica a las personas en tres estructuras: A, B y C. "Las A son hiperactivas, les cuesta mucho tomar una pausa; las C son pasivas, duermen muy profundamente, todo les da pereza; y las B son gente intermedia", dice la licenciada. En función de la clase de persona, se arma un servicio con determinados colores y aromas para relajar o energizar. "El color universal del relax es el azul, pero cambia según la personalidad", agrega. Después de recargarse con la siesta, los clientes reciben un mimo extra: un blend de té diseñado por Inés Berton.
La idea es parte de una tendencia mundial de buscar el bienestar en horario laboral: espacios de juegos, clases de yoga y dietas equilibradas son algunas de las propuestas de las grandes empresas. "Partimos de la idea de los nichos que existen en Japón y en China, donde hay una cultura fuerte de la siesta en la hora de trabajo. En Estados Unidos, también hay cápsulas en las cuales colocás una moneda y descansás", cuenta Vega. Daniel Leynaud, director de Selfishness, agrega: "Había muchos programas orientados a la nutrición y a la actividad física, pero faltaba el tercer elemento para tener una buena calidad de vida y rendir al máximo: dormir bien".
Los trastornos del sueño son cada vez más comunes, ya que se duerme poco, mal y entrecortado. Según la Asociación Argentina de Medicina del Sueño (Aamsue), un 40% de la población padece alguno de estos trastornos. "Acá hay gente que viene porque está muy estresada y no descansa. También hay gente que tuvo una fiesta la noche anterior y, como no durmió, necesita una siesta", dice Vega.
La música de avión sigue flotando en el aire. Empieza a oscurecer y regreso a la calle. Atrás quedaron el perfume de las velas, el sonido del agua y las luces azules. Respiro profundo y corro al subte antes de que sea tarde. Quizá consiga sentarme, cerrar los ojos y hacer una siesta mientras el tren avanza.
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