Silvina Bullrich y Marcelo Dupont: romance en las calles de París

Silvina Bullrich
Silvina Bullrich
Daniel Balmaceda
(0)
11 de febrero de 2020  • 00:49

"Siempre tuve la mala suerte de no poder encauzar mis sentimientos hacia los hombres que me convenían", dijo cierta vez la escritora Silvina Bullrich, quien se había separado de Arturo Palenque luego de diez años de matrimonio. Pero en 1951, pudo conocer otra realidad.

Ese año viajó a París. En la mañana, el sábado 13 de octubre, y con 36 años recién cumplidos, Silvina abandonó su cuarto -el 413- en el Hotel Continental, y se topó en la recepción con su amiga Marcela Malbranche.

Bullrich quería pedirle al conserje que le consiguiera una entrada para ir a ver Le Diable et le Bon Dieu, de Sartre. Pero Marcela -que se alojaba en el Hotel Meurisse- le propuso encargarse de conseguir un par, así iban juntas. La escritora dejó en manos de su amiga el trámite.

Esa tarde, Marcela Malbranche llamó al hotel y consultó a Silvina:

  • -¿No te importa si va con nosotros Marcelo Dupont?
  • -No, por supuesto.
  • -Pero, ¿lo conocés?
  • -No, no sé quién es. Hay tantos Dupont.

Esa noche, Silvina Bullrich caminó hasta el Meurisse. Pero Marcela y su amigo no estaban. Según le informaron los empleados, habían salido rumbo al Continental. La escritora supuso que había entendido mal y regresó a su hotel. En el Continental le dijeron que una pareja había ido a buscarla, pero como no estaba, informaron que volverían al Meurisse. Dispuesta a no pasar su última noche en París sola -al día siguiente viajaba a la fiesta de la vendimia en Borgoña-, volvió sobre sus pasos hasta el hotel de su amiga. Marcela y el señor Dupont habían regresado, pero ya no estaban.

En vez de correr al Continental, donde suponía que se encontrarían, se comunicó desde una cabina de teléfono. El conserje le reveló que la pareja acababa de retirarse al ver que ella se había ido.

El destino parecía haberse empecinado a favor del desencuentro. Salió de la cabina, resignada, distraída y apurada. Chocó de frente con un hombre alto que le dijo: "¿Vos sos Silvina Bullrich?". La rubia respondió: "Sí. ¿Y vos sos Marcelo Dupont?". Ninguno de los dos reparó en que en el taxi los aguardaba Marcela Malbranche.

"El tiempo se detuvo, el mundo se detuvo y una calesita llena de luces, de música y de colores comenzó a girar alrededor de nosotros", escribió Bullrich en sus memorias y agregó: "Estas dos estatuas de sal que se miraban como si acabaran de reencontrarse después de una larga ausencia, que acaso se habían perdido en una vida anterior y se reconocían ahora la siguieron [a Marcela Malbranche], casi sin saber lo que hacían, al taxi, al teatro, al restaurante. Nos quisimos inmediatamente".

Al finalizar la velada fueron en auto al Meurisse, se despidieron de Marcela y siguieron hasta el Continental. Frente al hotel paró el taxi y se dio la clásica escena del chofer que espera que el hombre y la mujer se despidan. Marcelo Dupont -49 años- quiso besarla. Silvina lo atajó: "No, ya entre nosotros está todo cantado, todo dicho. Ya sé que nada podrá alejarme de vos, pero dejame saborear esta espera". Se refería a los cinco días que se ausentaría de París. "¿Cuándo volvés? ¿A qué hora llegarás?", preguntó Marcelo. Le aterraba pensar que la efervescencia de esa noche se disipara en el tiempo. Supo que debería esperar hasta el 18 a las seis de la tarde.

Carta de migración de Silvina Bullrich expedida por las autoridades de Brasil, en la época que inició su romance con Dupont.
Carta de migración de Silvina Bullrich expedida por las autoridades de Brasil, en la época que inició su romance con Dupont. Fuente: Archivo - Crédito: familysearch.org/es

En esos cinco días pasó de todo. ¿Pero a quién le importa? Silvina regresó a París y se lanzó sobre los mensajes que se habían acumulado en el casillero de la conserjería. Eran muchos, pero no valían nada. Ni una esquela de Dupont. Subió al cuarto con el pecho oprimido. "Como me pasa siempre cuando estoy nerviosa -contó-, comencé a bañarme y a lavarme la cabeza; me ondulé, estaba secándome el pelo cuando sonó el teléfono: era Marcelo". Salieron esa noche, fueron a comer, se contaron sus vidas. Dupont venía tramitando su divorcio vincular hacía un tiempo. Se encontraba en París por asuntos comerciales.

Tampoco hubo beso esta vez. Quedaron en encontrarse a la mañana siguiente para visitar un museo, el Carnavalet. Silvina estaba preparándose para el paseo, cuando sonó el teléfono. El conserje le anunció que junto a él estaba el señor Dupont, quien deseaba saber si la esperaba en el lobby o subía. Ni la esperó en el lobby ni los besos se hicieron esperar. Embelesada, describió a su galán de la siguiente manera: "Marcelo era alto, fuerte y suave como un gran San Bernardo".

Cariñosamente, él la llamaba "Mi pajarito". La relación continuó en Buenos Aires, regresaron en noviembre, pero en forma clandestina porque el trámite de divorcio de Dupont no se completaba. Además, un hecho complicaba todo: la salud endeble de Marcelo.

Lograron coincidir una temporada en Mar del Plata, en el verano del 52. Durante el otoño y el invierno se las ingeniaron para verse hasta que un viaje de larga distancia los separaría. En la primavera, Dupont debía viajar a París, nuevamente por negocios. Convinieron que se verían al regreso en Río de Janeiro. Las expectativas de Silvina eran muy altas el día del reencuentro en el aeropuerto carioca. Pero la falta de tacto de Marcelo destrozó el hechizo. Cuando su pajarito le preguntó si la había extrañado, él respondió sin atenuantes, una muy poco aconsejable frase: "Me he dado cuenta de que vivir sin vos es difícil, pero no imposible".

La carta de migración de Marcelo Dupont para ingresar a Brasil a comienzos de los años 50. El romance iniciado en París tuvo un par de escalas en Río de Janeiro.
La carta de migración de Marcelo Dupont para ingresar a Brasil a comienzos de los años 50. El romance iniciado en París tuvo un par de escalas en Río de Janeiro. Fuente: Archivo - Crédito: familysearch.org/es

La relación entró en una Montaña Rusa. Antes de que se iniciara el año 53, Silvina se preparó para viajar a Europa y abandonar la idea de formar algo con Marcelo. Pero, como veremos, algunos hombres son hijos del rigor. Dupont le preguntó:

  • -¿Te irías igual si yo me separara y me casara con vos?
  • -No, claro que no.
  • -Entonces, no te vayas.

Se casaron vía México en mayo de 1953. Salió el divorcio y vivieron juntos en Palermo, en Sinclair 3276. Fueron muy felices; al menos, todo lo que pudieron. La enfermedad de Marcelo avanzó sobre su cuerpo. Entró en agonía el 2 de diciembre de 1956. Murió a la mañana siguiente, día que quedaría en el recuerdo de una joven: Magdalena Ruiz Guiñazú, quien contrajo matrimonio esa noche. Pero la fecha que quedaría grabada en el corazón de Silvina sería el 2. Porque el 2 de diciembre de 1936 se había casado con Arturo Palenque, el 2 de diciembre de 1946 se había separado y el 2 de diciembre de 1956 se despidieron con Marcelo.

Hubo otros romances en la vida de Silvina Bullrich. Algunos más efímeros y otros más intensos. Pero ninguno alcanzó a eclipsar a Marcelo Dupont, aquel desconocido compañero de teatro con quien chocó al salir de una cabina de teléfono en París.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.