
¿Sin futuro? Reeditan dos libros de culto sobre el punk
Un pequeño fenómeno editorial sobre el rock rescata del arcón del pasado textos de esta contracultura en Londres y en la Argentina
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Juan Carlos Kreimer solía tomarse quince minutos de su trabajo de acomodador en un teatro para escabullirse por un pasadizo peatonal que nacía justo detrás de la estación de Leicester Square y desembocaba en el Soho’s Newport Court, una pequeña feria con puestos de discos y casetes llena de punks.
Londres en 1977 no era una ciudad muy próspera ni Inglaterra un país social y económicamente estable. Todo lo contrario: los jóvenes sin confianza en el sistema y desesperanzados laboralmente (más del 50% de los menores de 21 años no conseguían un trabajo y cobraban el seguro de desempleo) comenzaron a vivir una mezcla de ira, impotencia y necesidad de enfrentar el status quo histórico del inglés medio. Londres en 1977 vivía el advenimiento del punk y Kreimer, un argentino que había huido poco antes del golpe de estado en la Argentina, estaba ahí para contarlo.
¿El resultado? Punk, la muerte joven... Un libro de observación minuciosa, detallista y altamente documentado sobre lo que pasaba en las calles de esa ciudad en ebullición y en introspectiva crisis social. Este libro circuló mucho a fines de los setenta y en los ochenta en la Argentina como casi el único testimonio en español del punk, una especie de virus social y joven que emergió, como en Londres y Nueva York, en casi todas las grandes ciudades del mundo (también en Buenos Aires).
La reedición "engordada" de Punk la muerte joven e historias paralelas, por editorial Planeta, y de Uno, dos, Ultraviolento, la historia de Los Violadores, de Esteban Cavanna, por la editorial boutique Piloto de Tormenta, muestra hasta qué punto el decálogo punk sigue vigente (aunque fue mucho menos abordado que el del hippismo por el ambiente editorial local). Ambos libros tienen la virtud de divulgar al punk entendido como un concepto mucho más amplio que el musical y que anticipó innovaciones en comunicación (los diarios alternativos producidos por periodistas no profesionales –fanzines–, el teléfono usado como postcast), moda (calzas, tachas y pelos de colores), denuncia política (la crisis de la educación, el desempleo, el problema ambiental) y la importancia de la organización social y juvenil por afinidades (algo así como un Facebook alimentado por las cartas de lectores que los punks enviaban a las revistas del género).
"Punk argentino: Les tengo que informar que el punk en la Argentina existe, porque yo estoy aquí y lo soy. Todo comenzó con el viaje que hice a Londres en diciembre pasado. Ahora ya todo está en marcha (...) Cuando quieran comunicarse conmigo avísenme (por medio de la revista), y además me parece que voy a ir pronto a la redacción. Hari B - Domicilio desconocido." El libro de Cavanna, basado en la historia de la banda Los Violadores, tiene algunas joyas –conocidas en el ambiente–, como esta carta que Hari B (Pedro Braun) envió a la revista de música Pelo y donde se declaraba el primer punk del país. Aquella carta escrita en el barrio de Belgrano fue respondida por Sergio Gramática que vivía en Bernal y así empezó el germen punk concentrado en el nombre de la banda Los Testículos, primero, y Los Violadores, después.
"En el 77 estuve en Londres y vi punks en las calles. Había un montón de gente que sentía lo mismo que yo, pero estaban organizados. Yo creía que estaba solo en el mundo y descubrí que había otros solos. Encontré un libro de Careleen Kun que había sido manager de los Clash (...) Traía una estética que no estaba delimitada: la idea era chocar. De ahí en más comencé a vestirme con lo que encontraba, sacos rotos, alfileres, etc.", dice Hari B en el libro de Cavanna.
Uno de los capítulos fuertes relata la polémica por el Festival de la Solidaridad Latinoamericana en plena Guerra de Malvinas (1982) y que fue utilizado por la junta militar. Mientras que muchos rockeros ya establecidos (León Gieco, Serú Girán, por ejemplo) participaron del concierto, Los Violadores y Virus (representantes de lo nuevo) se tomaron una foto posando irónicamente frente a un afiche del megashow (que tenía una bandera inglesa en llamas) para señalar que rechazaban la oferta para ser parte de eso.
Cavanna relata también el primer show de Los Violadores con su formación emblemática (Pil en voz, Stuka en bajo, Hari B en guitarra y Gramática en batería) el 17 de julio de 1981 en el auditorio de la Universidad de Belgrano en Luis María Campos y Federico Lacroze. El show se convirtió en un caos total cuando empezaron a cantar el tema Grasa hippie: "... en las plazas de Belgrano y en otras de la ciudad/esta gente piojosa..."
Según cuenta en su libro Kreimer, el Silver Jubilee inglés es el año cero del punk inglés. El 63-64 fue la beatlemanía, el 66 fue el hippie californiano y el 68 "un largo mayo de contestación estudiantil". En 1977 había, según Kreimer, 287 bandas de música punk sólo en Londres (impresionante). "Mi papá vende muebles, a veces trabaja hasta las 4 de la mañana y no tiene nada...", le dice un chico punk a Kreimer que aclara que es más o menos la misma respuesta que le dan cientos de chicos en las calles londinenses. Pero en su libro no sólo se aborda el contexto de tensión social imperante, sino que describe muy bien los lazos de este movimiento con la moda y la comunicación (dos ejes fundamentales de su viralidad mundial). La historia de Malcom Mc Laren, un visionario, manipulador y "genio", es bastante conocida: puso un local de ropa en un lugar medio abandonado (primero se llamó Sex o Seditionaries) con su mujer, Vivienne Westwood, una maestra de escuela, devenida diseñadora de ropa (el sombrero que usa ahora Pharrel Williams es de la factoría Westwood). La cabeza de Mc Laren funcionaba como la de los situacionistas franceses del 68 y era un amante de la provocación. Los diarios The Evening Standart y Evening News le hacían propaganda gratis con titulares como "Ropa para héroes" o "Imposible ir más lejos".
La concepción y tutela de la banda Sex Pistols fue la siguiente movida de Mc Laren para sembrar el pánico en una sociedad inglesa pacata y conservadora. "Para crear, primero necesito destruir. Los punks son malos, pero no piden disculpas: eso es lo que les gusta a los chicos que se sienten restringidos en casi todos los restantes aspectos de la vida que les propone la sociedad actual", dice Mc Laren en una cita del libro de Kreimer. El autor de Punk, la muerte joven... detalla también las vías de comunicación alternativas que usaban los punks para informarse y comunicarse, como los fanzines. El más conocido se llamaba Sniffin’ Glue, dirigido por Mark P. (Perry) de 19 años, que vendía más de 10.000 ejemplares.
Otras maneras de actualizarse sobre lo que pasaba en el punk era marcar desde cualquier teléfono del mundo el 354-4196 de Nueva York para escuchar el reporte New Wave News, una cinta actualizada tres veces por semana por la revista Trouser Press. "El punk me documentó a mí: aparecía como fondo en una novela que escribí en Londres en 1976, Tipo de ninguna parte, y el editor español me pidió un libro sobre el fenómeno. Si bien no me consideraba uno de ellos, comprendía su actitud de querer despertar a los embobados de la complacencia generalizada. Escribí sobre lo que ocurría y sobre lo que ni ellos mismos advertían que estaban generando", recuerda Kreimer que cuando escribió el libro tenía unos "treinta y algo".
Al consultarle si pensaba en ese momento que el movimiento punk podría transformarse en una inspiración para otros, Kreimer dice: "Fue el emergente. En lo musical, en lo social, en lo visceral. En cada ámbito quebró la pauta establecida. Lo que no pude prever es cómo lo haría, ni hasta qué niveles se disfrazaría bajo otros personajes para inmiscuirse en el sistema como mirada y actitud".
Tanto su libro como el de Cavanna tienen la virtud de la formalidad periodística. O sea: observar y contar lo que se ve, documentar y añadir testimonios a la historia. Nada del otro mundo, pero con el valor de hacerlo justo cuando estaba pasando.






