
Sin ropas y sin máscaras
El desnudo de Tolcachir y Pelaccini en El juego del bebé es una metáfora más en una pieza que invita a perder la inocencia
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Que en la misma semana del estreno de El juego del bebé , la obra de Edward Albee que sube cada fin de semana al escenario del teatro Maipo, hayan comenzado a sonar los casos de robos de chiquitos en distintas plazas y lugares públicos de la ciudad puede ser mera coincidencia.
Que la más reciente obra de un autor norteamericano, amante del teatro del absurdo, logre que a la platea se le hiele por un segundo la sangre al escuchar la pregunta "¿Dónde está el bebé?", y la respuesta inmediata:"¿Cuál bebé?",y se retrotraiga inevitablemente el espanto que significó, y aún significa, el robo y apropiación de menores durante la última dictadura militar, puede seguir siendo mera coincidencia. O no.
La obra que Albee imaginó en un contexto completamente diferente al nuestro logra invariablemente bajar del escenario una realidad repleta de cuestionamientos y puntos de resonancia que tocan cuerdas íntimas y sociales que ponen todo patas para arriba con el firme propósito de derribar cualquier certeza.
A dos semanas del estreno, Verónica Pelaccini y Claudio Tolcachir -los dos jóvenes actores que comparten cartel con Norma Aleandro y Jorge Marrale en esta obra que dirige Roberto Villanueva- siguen discutiendo, charlando y, sobre todo, disfrutando del juego que abre la pieza.
"Es una obra que se va construyendo tipo Rasti -explica Verónica-. Podés ubicar sus elementos como quieras y siempre te va a seducir lo que veas. Es una invitación a poner en juego la creatividad de cada uno como público porque no se dan las cosas masticadas. Y así de imprevisible como es para el público, lo fue para nosotros durante los ensayos. Villanueva nos provocaba para buscar y toparnos con incertidumbres. No era plantarse y tratar de definir en palabras cómo venía la obra, cómo eran los personajes, y una vez que creíamos que teníamos todo entendido subir al escenario;no, era ir, volver, subir, bajar, probar. Era muy angustiante y adorable".
El entusiasmo de Verónica sólo es comparable con el de Claudio, que se suma a la explicación de su compañera con un decir sereno y contundente.
"Quizá no sea una obra hecha para entender. Quizás es sólo para percibir, para ver qué le pasa a cada uno, para ver a dónde lo lleva. Y lo que uno entendió es lo que tenía que entender. A mí me emocionó mucho cuando la abuela de Vero (Lisa, de 79 años) le dijo después del estreno Ô¿Y qué es la realidad?´ Es que abre muchas puntas que disparan a lo emocional, y así la gente se ríe, se angustia, se pregunta. Es maravilloso."
Las imágenes y sensaciones que disparan la historia que narra Albee -que de tan simple, podría decirse infantil-, genera la más variadas percepciones. "Es lo maravilloso del absurdo. En Esperando a Godot , dos tipos esperan a alguien y nada más; y de eso se escribió, se habló tanto..., y siempre que le preguntaban a Beckett sobre quién era Godot decía que si lo hubiera sabido lo habría aclarado en la obra", ejemplifica Claudio.
""Si no tenés un corazón herido, ¿cómo sabés que estás vivo?" "¿Qué es el amor?" "La pérdida de la inocencia" "El robo del futuro" "El sueño y la realidad" "La certeza de saber lo que ya nunca se podrá ser". "¿Qué es real y qué fantasía?" "El engaño" "La construcción de la realidad"".
"La obra toca muchísimos temas, pero todos en diagonal; de frente, ninguno. No es explicativa y ahí radica mucho de su belleza", sigue Verónica. "A mí me pasan cosas distintas todo el tiempo arriba del escenario. Hay días en que me emociona tremendamente una parte y al otro día, otra completamente distinta", la interrumpe Claudio.
"Además, desde la dirección, la idea no era tratar de entender y desmenuzar todo con una lupa, porque era destruirla. Por eso también fueron ensayos angustiantes. No teníamos la ilusión de poder agarrar la obra y decir, esto empieza acá y sigue por allá. De todos modos, creo que hay una comprensión retrospectiva, sensible", agrega Verónica.
Los personajes que ellos encarnan son Chico y Chica -Albee nunca dará el brazo a torcer en eso de dar demasiada información-, que si bien están ligados a la sensorialidad, a la sensibilidad y no a la razón, no por eso son personajes del todo inocentes. "Tienen un pasado que no es necesariamente bondadoso, feliz y rosado -como le gusta decir a Verónica- pero todavía no pasaron por determinados códigos que son los que supuestamente los constituyen como sujetos en una sociedad". Esos códigos a los que se refiere no son otros que el dolor, la mentira, el engaño, la culpa, el encubrimiento, la negación. Albee sabe poner el dedo en la llaga y lo hace sin pudor. Lo hace en El juego del bebé , una pieza difícil y arriesgada no sólo para los actores sino también para el espectador que se enfrenta a ella obligado a descubrir qué hay detrás de la máscara. q
El juego del bebé. De Edward Albee, Dirección, Roberto Villanueva. Miércoles a viernes, a las 21; sábados, a las 20 y a las 22.30; domingos, a las 19. Teatro Maipo, Esmeralda 443. Entradas, $ 10.






