
Sobre todos, Les Luthiers
En sus 33 años, llevaron más gente al calor del teatro que cualquier otro grupo. Además, son de buena tela, se exportan muy bien y están al abrigo de cualquier contingencia
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Les han dicho artesanos del humor, porque eso que hacen parece hecho a medida: nada le sobra, nada le falta. Son genios de la música. Cuando llegaron a juntar todos esos atributos -y de esto habla bien un camino en constante evolución que ya lleva 33 años- atesoraron un género que suma en términos incomparables juego, pero sin una gota de improvisación, una puesta artística en la que campea la excelencia, alto grado de profesionalismo , además del indudable atractivo de esos instrumentos únicos.
Unos tres millones de incondicionales los siguen en la actualidad y cada uno, aquí, en Venezuela, Uruguay, México, Israel, Colombia, España y tantos otros sitios, los prefiere por una razón. Por sus manifiestas virtudes musicales, su inteligencia, sus gags con juegos de palabras, de raíz clásica, de corte gestual o físico, y por tantas cosas más. Desde el 12 de este mes volvieron a su hábitat más tradicional, el teatro Coliseo, con su último espectáculo, Todo por que rías.
-Si pudieran volver a alguna década reciente, de las que vivieron artísticamente, ¿a cuál volverían con más placer?
Marcos Mundstock: -¿Si pudiéramos o si estuviéramos obligados...? Seguramente no quisiéramos volver a la época del proceso, y sí a la de la democracia. Pero a la que me parece que todos querríamos volver es a aquella primera etapa, la de los años 70, temporadas en el Lasalle, en el Odeón, en Mar del Plata.
Carlos Núñez Cortés: -Diría que a la época de las multitudes iniciales, en el Roxy marplatense. Mil personas todas las noches... Recuerdo una bravuconada, que algo de cierto tenía, aunque la habíamos largado con humor. Dijimos: "Che, ¿por qué no ponemos en la publicidad que Les Luthiers descansa los sábados?"
Carlos López Puccio: -Al principio nos entusiasmó la idea, pero después nos dio un poquito de vergüenza.
C.N.C.: -Después de un momento de lucidez, nos dimos cuenta de que hubiera sido una idea que el resto de la colonia artística podía tomar como una falta de respeto.
C.L.P.: -Aun cuando en Mar del Plata, en plena temporada, los sábados no son tan sábados como pueden serlo en Buenos Aires.
C.N.C.: -¡Qué lástima...! Hubiera sido un lindo chiste.
M.M.: -Pero ojo, la mejor etapa nuestra es la que vivimos actualmente, artística y humanamente.
Daniel Rabinovich: -El grupo está mucho mejor. Somos más buena gente, más tranquilos, mejores entre nosotros.
M.M.: -Aflojó la competencia, el marcado de territorios... Todo íntimamente ligado con el descenso de las hormonas masculinas...
-¿Les bajaron, en serio?
D.R.: -A lo mejor sí, a lo mejor no. Pero lo que queremos decir es que estamos más sabios, con mayor posibilidad de compartir...
M.M.: -De repartir.
C.N.C.: -Me parece que una fecha para recordar es 1972, porque en ese año cada uno dejó de trabajar en los otros trabajos.
-¿Cuáles eran?
D.R.: -Bueno, yo trabajaba de escribano, Marcos era locutor y redactor de publicidad, Carlitos (Núñez) era químico y el otro Carlos (López Puccio) hacía toda clase de docencia musical.
C.L.P.: -Cosa que todavía hago. Siempre me costó dejar las cosas. E incluso tomaba lo que los otros iban dejando. Así, me hice un poco escribano, un poco locutor, un poco químico...
Jorge Maronna: -Y yo, como guitarrista, acompañaba a cantantes. A Dina Roth, a María Elena Walsh.
-Y contrariamente, de las décadas pasadas, ¿qué no volverían a hacer?
J.M.: -Cierto tipo de obras, del principio, dedicadas a público más de concierto, más elitistas, creo que eso no lo volveríamos a repetir. Una persona hace poco me confesó que, aunque nos admiraba muchísimo, nunca llegó a entender la cantata Laxatón (N. del R.: musicalizaron, en clave de parodia el Bach de La pasión según San Mateo, el prospecto de un laxante, de venta en farmacias, llamado Laxatón.)
D.R.: -Tal vez, algunos temas folklóricos, por excesivo localismo. Aunque, pensándolo bien, las cosas que no repetiríamos, en realidad, nunca las hicimos.
C.N.C.: -Lo más amargo, y que por suerte dejamos de hacer, eran unas reuniones creativas a las que nos obligábamos, de un modo compulsivo. Teníamos que concurrir todos, con lápiz y papel, y teníamos que permanecer tardes enteras, tuviéramos o no algo para aportar. No nos podíamos retirar, teníamos un horario, y se armaban unos climas opresivos y anticreativos que sólo muchos años después nos animamos a reconocer como tales.Y lo peor es que de eso no le podemos echar la culpa a nadie, porque las convocábamos nosotros.
J.M.: -Igual, creo que de esas reuniones salieron un par de obras buenas.
D.R.: -Es cierto, pero eran pesadas, en especial para los que no nos tocaba escribir.
M.M.: -Creo que incurríamos en un exceso de democracia. Todo tenía que ser de todos, y a veces terminábamos diciendo cosas no porque tuviéramos algo que decir, sino porque teníamos que decir algo.
C.L.P.: -¡Uy, qué lindo eso!
-Leí que hasta hace un tiempo mantenían algunos ritos, como jugar al truco antes de cada función y también, en el teatro, mandarse grandes comilonas. Y que ahora abandonaron ambas cosas. ¿Cuál es el motivo?
J.M.: -Las comilonas, por la digestión, seguramente.
C.L.P.: -A esta edad no podríamos mantenerlas.
J.M.: -Esto en general sucedía en las temporadas de Mar del Plata. Terminaba la primera función de los sábados, subíamos corriendo la escalera y ahí nos sentábamos a comer como bestias, una comida previamente elegida y pensada...
C.N.C.: -Hasta paellas comíamos... con vino y todo...
D.R.: -Claro, falta decir que, en general, veníamos de pasar una tarde superdeportiva: en el mar, jugando al voley o al fútbol hasta las 7 de la tarde. Digámoslo porque se podría llegar a pensar que únicamente comíamos. Hace unos años, por suerte, alguien dio la voz de alerta, advirtiendo que las comidas nos caían demasiado pesadas.
C.N.C.: -Y como si eso no fuera suficientemente inoportuno, también dedicábamos esos momentos a discutir muy rigurosamente cosas que habían sucedido en la función...
M.M.: -Otra vez las reuniones creativas. (Risas de todos.)
C.N.C.: -Y, sí, porque discutíamos y era todo muy insano.
J.M.: -Es que terminaba esa cena de doce minutos y empezaba el truco, igualmente compulsivo, para ver si llegábamos a terminar dos chicos. Disponíamos de cuarenta minutos en total y alguna vez llegamos a retrasar el inicio de la segunda función. La gente pateando y aplaudiendo en la sala y nosotros necesitados de saber quién se quedaba con el truquito.
D.R.: -Tiempo después nos enteramos de que otro grupo teatral, el Errare Humanum Est, de Miguel Angel Solá, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Hugo Arana, Darío Grandinetti y Jorge D´Elía, también jugaba al truco hasta minutos antes de empezar la función.
-En este tiempo tan signado por fracturas, rompimientos, divorcios, traiciones, ¿cómo califican esta fidelidad de tantos años?
M.C.: -Y, sí, es impresionante, vamos a cumplir 33 años juntos.
M.M.: -Hay una parte buena y otra mala. La buena es que podamos contar toda esta historia en compañía, que seguimos creando e inventando y poniendo contenta a mucha, mucha gente. Lo malo podría ser que lo que hacemos es un género tan único que prácticamente no tenemos posibilidad de irnos a hacerlo con otros o como solistas.
-Este vínculo que los tiene unidos desde hace tanto tiempo, ¿se parece en algo a un vínculo matrimonial?
C.L.P.: -Más que matri-monial, lo siento como un vínculo fraternal.
D.R.: -Yo tengo un matrimonio casi del mismo tiempo del grupo, y, sí, algo tiene en común...
M.M.: -Daniel es el que lo tiene más largo...
-¿Cómo calificarían al público para el que trabajan?
M.M.: -No trabajamos para el público de televisión. Trabajamos para una franja... En Buenos Aires solemos hacer veinte semanas de temporada. Estamos entre 200 y 300 mil personas por año.
C.N.C.: -El público potencial de Les Luthiers en toda la Argentina debe andar entre los dos y tres millones de personas que nos conocen.
-Y aunque ustedes digan que no tienen público de TV, igual esa cifra significa 30 puntos de rating.
M.M.: -Claro que, en el caso nuestro, no todos juntos. No nos gustaría realmente hacer un programa de éxito en televisión, pero tampoco somos un recital de cámara, así de chiquito.
C.N.C.: -Cada vez que volvemos a alguna ciudad de España, en serio, los diarios comentan nuestra visita como un acontecimiento muy masivo, que llena más que los espectáculos locales, que produce colapsos.
D.R.: -Nuestro querido representante y socio español, Caturla, que se murió en enero, siempre nos decía que él calculaba que interesábamos de un 2 a 5 por ciento de la población de las ciudades que visitábamos. Cada vez que vamos a Madrid, por ejemplo, tenemos la sospecha de que podríamos quedarnos tres meses en lugar de un mes y, de jueves a domingos, hacer largas temporadas.
C.L.P.: -Con la aclaración de que en España, por razones económicas, el público en general y especialmente el universitario tiene mejor acceso al teatro.
-Un día, Lino Patalano, (N. del R.: es el representante artístico de Les Luthiers) se vuelve un poco loco y les propone hacer una revista en el Maipo. ¿Lo aceptan? ¿Qué harían?
M.M.: -Es al revés... primero que nos digan qué haríamos y después te digo si lo haríamos. Ojalá hubiera muchas minas... ¡Cómo me gustaba eso!
D.R.: -En términos estrictamente prácticos, te digo que, aunque hermoso teatro el Maipo tiene la tercera parte de la capacidad del Coliseo. Pero en nuestros delirios creativos aparece cada tanto la idea de las bailarinas. ¿Por qué no?
C.N.C.: -Recuerdo la primera vez que actuamos en el Odeón, de algún modo tan cerca de Corrientes y Esmeralda y tan cerca del Maipo. Competíamos con ellos, con El Nacional, con el Astros.
C.L.P.: -En poco tiempo, fue asombroso, pero superamos las recaudaciones de las revistas.
D.R.: -Yo recuerdo algunas opiniones periodísticas que nos acusaban de ser los que habíamos matado el teatro de revistas.
-¿Qué cosas del humor ajeno y de la música que los rodea admiten, escuchan, los estimula?
C.N.C.: -Si te interesa, te cuento que hay algunas admiraciones comunes. Los cinco nos identificamos mucho con el grupo de humor inglés Monthy Python; después, Woody Allen...
M.M.: -Hoy día, las sitcoms (comedias de situación, generalmente de media hora de duración) que dan en el canal Sony...
D.R.: -Y una serie muy, muy larga de nombres, en especial, en el mundo de la música, empezando por Bach.
-¿Podría existir un trasvasamiento generacional de Les Luthiers y se podría dar una especie de Les Luthiers teen?
D.R.: -Por muchísimas cosas (son lindos, son buenos, me gusta lo que hacen) le tengo admiración a un grupo de humor catalán llamado Les Tricicles, en especial porque trabajan en idioma mudo, por lo que pueden ser entendidos allá donde vayan. Eso me da una tremenda envidia. Ellos terminan de armar unos grupos clones, uno para la gira americana, otro para la gira europea. Ya tienen una cierta edad, no les atrae tanto salir de Barcelona donde, por otro lado, tienen un éxito brutal y llenan todos los días. Podría ser que un día hiciéramos lo mismo.
C.L.P.: -¿Por qué no? Esto en el mundo del espectáculo es muy común.
-¿Presenciaron buenas imitaciones de ustedes?
D.R.: -Yo no vi ninguna, pero me contaron que algunas eran un poco berretas...
M.M.: -Sabemos que en muchas escuelas, para los actos los chicos aprenden un tema nuestro y lo representan.
J.M.: -En Chile y en Puerto Rico supimos de robos de obras nuestras, sin mencionar la autoría.
C.L.P.: -Un grupo de actores, después de estudiarnos, podría hacer de nosotros mismos.
M.M.: -Lo sé, e incluso en esta historia hubo reemplazos. A mí me reemplazaron casi una temporada completa; tuve una depresión seria y en mi lugar estuvo Rody Kohanoff, de Les Trisingers. A Daniel lo reemplazó Horacio Fontova durante unas cuantas funciones.
-¿Y cuál fue el efecto?
M.M.: -Para mi dolor, la gente se reía igual. Con el Negro pasó lo mismo; había cosas que las agarraba igual y otras que muchas veces no nos gustaban, pero que, en un espectáculo muy asentado, provocaban el mismo efecto. Todo esto te lo digo porque avala tu idea de que, algún día, a lo mejor podríamos tener un reemplazo.
D.R.: -Pero a ver, pensemos. Es posible que en algún momento lleguemos a estar viejitos y no tengamos las ganas de ahora para hacer los espectáculos. Es un extremo, pero a lo mejor ocurre. Lo que podremos es seguir pensando, escribiendo, creando, dirigiendo para un elenco de jóvenes. Es muy interesante la perspectiva... de la inmortalidad.
-Me gustaría que en la respuesta incluyeran la información de si en ese posible elenco de jóvenes reemplazantes podría haber un hijo de ustedes.
C.L.P.: -Ningún hijo nuestro pinta para Luthier.
-¿Alguna vez se les ocurrió incorporar a una mujer?
J.M.: -Hace mucho, en 1968, una tal Clara Rabinovich, nada que ver con Daniel, lo reemplazó justamente a Daniel en dos trabajos. Venía del Collegium Musicum y era muy cómica.
-¿Cómo definirían el género que hacen?
C.L.P.: -Salvo en México, que siempre se olvidan y tenemos que empezar a explicar desde cero, ya por suerte a casi todos los lugares que llegamos saben lo que hacemos. Bueno, ahí tengo una definición: un espectáculo teatral que tiene como ingredientes principales la música y el humor.
D.R.: -Lo de los instrumentos informales me parece importante, porque hace al nombre.
C.N.C.: -Y el hecho de que seamos cinco, y que todo lo hacemos nosotros.
M.M.: -También le agregaría: no usamos ni vestuario ni escenografías especiales.
J.M.: -Un espectáculo cómico con música, así de simple.
C.N.C.: -Me resultó dificilísimo explicarle esto mismo a un extranjero, en inglés o en francés. ¿Sabés cómo se los digo yo?: se trata de algo parecido a una comedia musical.
-¿Alguna vez tuvieron fracasos o críticas adversas?
C.L.P.: -Adversas, lo que se dice adversas, contadísimas. ¿Qué serán? ¿Un puñado de cinco?
C.N.C.: -Yo recuerdo una, aparecida en el diario La Opinión, a principios de los años 70 firmada por un señor que se llamaba Ulanovsky y titulada Mucho más que un mero guiño para melómanos. Nos criticaba varias cosas.
-Si lo que tratan es de avergonzarme, ya lo han conseguido...
C.N.C: -Pero no era adversa, tenía muchas cosas a favor.
D.R.: -La más dura que recuerdo fue una aparecida en el Correo de Barcelona, que terminaba diciendo: "No merecen ni la arena de un circo".
C.L.P.: -En cuanto a fracasos, ya casi es imposible que nos suceda, porque desde hace años tenemos un mecanismo que nos garantiza que las cosas no pueden fallar. Vamos estrenando cada parte del siguiente espectáculo, como bises del actual y lo hacemos a manera de ensayo, uno o dos años antes.
D.R.: -Por ejemplo, en una función, dentro de uno o dos meses, sin decir nada, aparecerá como bis un tema nuevo del próximo espectáculo y así testeamos. Si sos un filoso observador por ahí te das cuenta: no figura en el programa, y si lo comparás con el show es algo evidentemente injertado. Eso nos permite llegar a cada estreno sólo con miedo y no con horror.
-¿La gente les grita esas cosas tan actuales, como ídolos..?
C.N.C.: -O no te mueras nunca.
M.M.: -Lo que más nos gritan es genios.
C.L.P.: -Me acuerdo que una vez en Sevilla, salió Marcos a anunciar el bis y un sevillano gritó: "La madre que os parió". Y Marcos le responde: "¿Y eso es bueno o es malo?"
-¿Las mujeres no les arrojan su ropa interior?
D.R.: -No, nosotros les tiramos las nuestras a ellas.
C.L.P.: -¿Hay artistas a los que les tiran su ropa interior? ¿Es cierto eso? ¿Quiénes son?
C.N.C.: -¡Uuuy!, Elton John, Sandro, es un clásico.
C.L.P.: -¿Pero qué? ¿Las mujeres se las sacan ahí mismo?
C.N.C.: -No, yo creo que las llevan en la cartera.
D.R.: -La verdad, ¡que poco hemos vivido!
-En los países de habla española, pero en los que se utilizan términos distintos, ¿tuvieron equívocos?
M.M.: -Hablábamos de que Mastropiero estaba al frente del Centro de Altos Estudios Musicales Manuela. A nosotros se nos había ocurrido pensando en una gallega...
M.M.: -Pero lo que ignorábamos es que allá es el nombre más común de la masturbación. El público se reía de algo de lo que nosotros no queríamos que se riera.
C.N.C.: -En Madrid hacíamos El cantar de los cantares y en un texto en off, que aludía a un amor imposible, los nombres de los protagonistas de ese amor eran Romeo y Juan Carlos. A veces lo recibían en silencio, a veces con preocupación, a lo sumo con unas risitas nerviosas, hasta que nos dijeron: "mejor, sáquenlo, porque en España el de Juan Carlos es el sagrado nombre del rey".
C.L.P.: -Hubo una al revés. En el texto del adelantado Don Rodrigo se utilizaba la expresión minga, hasta que en España, donde no la entendían, la reemplazamos por puñetas, porque la otra no quería decir nada. Y un día filmaron los de la Televisión Española para aquí y salimos en la Argentina diciendo puñetas, puñetas.
-¿Cómo se llevan con las nuevas tecnologías? ¿Hay un Les Luthiers digital en el futuro?
J.M.: -No tanto para componer, como sí para escribir las partituras... Es muy práctico.
C.L.P.: -Y en amplificación secuenciada, que nos permite, en algunos momentos, incorporar incluso a una orquesta, como de 35 integrantes.
D.R.: -Después del estreno de Todo por que rías, el Tangum sufrió profundos cambios. Ahora basta con darle una orden a la computadora para que lo que fue escrito en un tono se pase automáticamente a otro.
M.M.: -De a poco estamos incorporando lo digital.
-Se habla mucho de las virtudes sanadoras de la música y del humor. Ustedes, que practican ambas especialidades, ¿cuál creen que cura más?
D.R.: -Les Luthiers seguro sana porque junta las dos.
C.N.C.: -Además está científicamente probado que la carcajada masajea el diafragma del estómago... y ese masaje quita tensiones, stress y años de encima.
-¿Tienen clubes de admiradores?
M.M.: -Sí; en especial en España.
C.N.C.: -Y en Internet existen ciertos sitios en donde cada uno de los que llegan por primera vez deben, a manera de contraseña, votar por su canción preferida. En España hay un sitio de chat...
J.M.: -Cada año organizan un congreso de expertos en Les Luthiers.
C.N.C.: -Y los asistentes se identifican con cartelitos con los nombres de nuestros personajes. Una pareja me contó una vez que su hijo se llamaba Rodrigo porque ellos se pusieron de novios después de una función de Les Luthiers en donde se habían reído mucho con las aventuras de Don Rodrigo.
M.M.: -Qué suerte para el chico que no se pusieron de novios después de haber visto a Warren Sánchez. (Risas.)
Cantatas de los adelantados
Les Luthiers tienen 145 composiciones propias y editaron ocho discos en la Argentina, pero también grabaron en Uruguay, Chile, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, México, España, Francia y Japón. En las próximas semanas (y a fin de año, traducidos a cinco idiomas y también subtitulados en español) aparecerán en formatos VHS y DVD cinco videos históricos, registro de algunos de sus espectáculos más exitosos: Mastropiero que nunca (1979), Muchas gracias de nada (1980), Grandes hitos (1992), Unen canto con humor (1998) y Bromato de armonio (1999). Su primer espectáculo data de 1967: Les Luthiers cuentan la ópera. El origen del grupo es un conjunto de jóvenes universitarios que se presentó, en 1965, en el Festival de Coros Universitarios que se realizó en Tucumán. En 1980, realizaron una presentación, en inglés, en los Estados Unidos y, en 1986, recibieron un homenaje en el Colón, donde compartieron un recital con la Sinfónica Nacional.
Carlos Nuñez Cortés
Nació el 15 de octubre de 1942 y es doctor en química biológica, concertista de piano, compositor y arreglista. Pero también es experto en malacología (ciencia que estudia los caracoles), inventor de entretenimientos matemáticos y programador de juegos computados. Por lo demostrado durante la entrevista es también la memoria del grupo y un archivo viviente. Luego de la muerte del luthier de Les Luthiers, Carlos Iraldi, Núñez Cortés quedó a cargo de la tarea de construir los instrumentos informales. Es el autor de la música del Teorema de Thales, que estrenó cuando era integrante del coro de Ingeniería. Carlos es casado y tiene dos hijos: Leonardo, 17 años, y Nathalie, de 15, estudiantes de secundaria.
Carlos López Puccio
Nació el 9 de octubre de 1946. Es licenciado en dirección orquestal, director de coros y docente universitario. Desde hace varios años dirige el Estudio Coral de Buenos Aires. "Creo que mi caso -de músico y Luthier- es aleccionador para aquellos que piensan que de la música seriamente hecha no se puede vivir. Tienen razón." López Puccio es casado y tiene 3 hijos: Pablo, de 26 años, ingeniero electrónico; Laura, de 24, estudiante de Derecho, y Teo, de 2 años.
Marcos Mundstock
A Buenos Aires llegó a los 6 años desde Santa Fe, donde nació el 25 de mayo de 1942. Desde muy joven trabajó como locutor profesional y redactor publicitario.
Escribió en varias revistas de humor y es un fanático del fútbol. Por su boca se supo que deseó ser abogado, ingeniero, aviador, cowboy, benefactor de la humanidad, tenor de ópera, Tarzán rey de la selva, amante latino, futbolista y otras cosas más.
"Le hice la corte a la Ingeniería, novié con la redacción publicitaria, estuve casado con la radio y tuve algunas escapadas con el teatro", dijo. Marcos está casado y tiene una hija, Lucía, de 7 años, con muchas condiciones artísticas
Daniel Rabinovich
Nació el 18 de noviembre de 1943 y es escribano, guitarrista, percusionista y cantante. Colecciona corchos, vinos y autos, y es un avezadísimo jugador de billar en la especialidad tres bandas. Una declaración suya explica la razón de por qué el grupo no está en la televisión: "La TV de los canales abiertos en los últimos 20 años -explicó en 1997- es realmente muy mala. Una demoledora de talentos, una trituradora de ideas y de creaciones.
Entonces meterse en esa zona da miedo. Nosotros hacemos un espectáculo que dura una hora y media. Nos lleva un año crearlo y nunca estamos conformes, porque siempre pensamos que podría ser mejor. Entonces, ¿cómo hacés un programa de humor... digamos, una vez por mes? Ni nos da la cabeza ni tendría nuestro nivel". Rabinovich es casado, tiene dos hijos: Inés, periodista, de 27 años (que lo acaba de convertir en suegro), y Fernando, de 25, ingeniero..
Jorge Maronna
Nació en Bahía Blanca el 1º de agosto de 1948 y está considerado el tímido del grupo, aunque prefiere definirse como reflexivo, contemplativo, algo parco y amante de la naturaleza. Junto al periodista colombiano Daniel Samper escribió los libros Cantando bajo la ducha, El sexo opuesto y El tonto emocional; dentro de poco publicará otro con Luis María Pescetti y últimamente compuso la música para un espectáculo del grupo Los Macocos. Maronna es divorciado y tiene dos hijos: Pablo, de 19 años, estudiante de periodismo, y Lucía, de 16, estudiante de secundaria. Los dos tocan el piano.






