
Diseñadora gráfica y artista plástica, Sol del Río sorprende con una incursión musical que la lleva del minimal techno al bass y el house.
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Por Alejandro Lingenti
Hay muchas facetas en la obra de Sol del Río. Acaba de editar –en formato digital y a través del sello Concepto Cero– su primer disco, Resonancia, ocho tracks en los que el minimal techno convive armónicamente con el bass y el house, siempre con la idea de "establecer con el otro una comunicación musical que tenga su amplificación en el cuerpo", como ella misma define. Resonancia es un álbum que, en distintos pasajes, invita al baile o a la contemplación sonora. No propicia un solo estado de ánimo. Propone un viaje por paisajes disímiles. Elige la variedad antes que la monotonía. Es el resultado de años de trabajo de alguien que domina más de una herramienta: el diseño gráfico, la pintura, el arte digital y la producción musical. "Durante la adolescencia tuve algunas bandas de grunge y punk, y más adelante me puse a producir música electrónica en formato digital. Eso se dio luego de experimentar mucho tiempo con la técnica del VJing y de escuchar música nueva". Finalmente llegaron el apoyo de Concepto Cero ("un sostén muy importante que me permite probar ideas, aprender en equipo, trabajar en la comunicación en red y entender qué significa cada plataforma de distribución de lo que hago", define ella) y una oferta de Apple Music México para promocionar su disco, lo que la tiene particularmente entusiasmada.
Después de trabajar un buen tiempo dando talleres de arte y como docente universitaria, Sol editó algunos simples de música electrónica, produjo videos y se abocó a darle forma a Resonancia en enero del año pasado. Primero publicó dos cortes en su canal de YouTube (Alquímico y Mburucuyá, fiel reflejo de su trabajo más actual, de contenido audiovisual) y ahora planifica sus presentaciones en vivo, que pueden tener lugar en diferentes espacios: "El disco tiene momentos que claramente son para la pista y otros que no tanto. Es que puedo tocar una tarde en un museo o a las tres de la mañana en una discoteca. Son momentos distintos. Y a mí me gustan esos matices".
Atento a la producción electrónica emergente en todo el mundo, el prestigioso festival canadiense Mutek la descubrió en 2011 y la invitó de inmediato a Montreal. Sol produjo entonces seis tracks con visuales para su obra MonsterShine. Fue el impulso que necesitaba para pensar en producir su disco debut. "El primer recuerdo sonoro contundente que tengo es de fines de los 90: Björk y Massive Attack. Lo de Mutek me incentivó a trabajar mucho en lo audiovisual entre 2011 y 2014. Ahora mi interés está centrado en las posibilidades de experimentación sonora que te ofrece la electrónica. Grabo un sonido ambiente y lo llevo a la computadora, o lo paso por un sintetizador, o lo convierto en algo rítmico. Lo mismo con las voces. O puedo panear sonidos. Son cuestiones que tienen que ver con la producción y que te permiten enriquecer un tema. Lo que más me interesa en la música, sea del género que sea, es el clima sonoro: si es orgánico o no, si la producción me sorprende porque no utiliza recursos muy evidentes, si la propuesta rítmica se aleja de los clichés y las fórmulas", dice. Y agrega: "La electrónica propone la investigación y la ruptura. Por eso hoy está tan presente en los museos y las galerías, que evidentemente estaban necesitando ese espacio de experimentación. Ahora, en la inauguración de una galería de arte casi siempre hay un DJ o un Live Set. Es que la música genera vínculos, ideas colaborativas, inclusivas y dinámicas".
CUATRO COLEGAS LOCALES
Sol encuentra especialmente interesante el trabajo de colegas de la escena electrónica argentina como Middleman, Unfinished Portraits, Ismael Pinkler (quien masterizó Resonancia) y Astrosuka. ¡A seguirlos!






