
También se aprende jugando
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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El bueno de Sigmund Freud(o Segismundo para sus seguidores, incluyendo a los lacanianos) dio por tierra con las teorías que pretendían interpretar la relación del amo con su perro como el vínculo entre un dominador y un dominado.
Lejos de eso, el padre del psicoanálisis describió esa ancestral amistad como la forma que encontró el hombre de regresar al niño que, en realidad, nunca dejó de ser.
Freud, que tenía tres chow-chow, sostenía que uno de los momentos más emotivos de su vida consistía en salir a caminar con sus perros por el bosque, ya que esto le permitía retomar los más puros ideales de su infancia. Afirmaba que el hombre, al jugar con su mascota, revive los placeres más simples de la niñez. Comprobamos que el investigador austríaco, en vez de elaborar una compleja teoría, describió esa cálida amistad con la sencillez que encierra en sí misma.
Superado entonces el complejo que nos podría causar el retozar libremente con nuestro mejor amigo en cualquier paseo público, analizaremos (con perdón de la palabra) qué significa el juego para nuestro cuadrúpedo compañero.
Nuestro pichichus, vulgaris o no, tiene la capacidad de saber entregarse al juego sin importarle la edad que haya alcanzado.
Cuando es un tierno cachorro, su actividad lúdica responde a la necesidad de ejercitarse para lo que debería ser su vida en libertad. Aprende así las formas de la supervivencia en un terreno en el que sobrevive el más fuerte.
Cada vez que acomete contra un par que lo hostiga o cuando acosa a su dueño, el ritual del juego es sólo un entrenamiento.
La diferencia reside en que, ya adaptado al entorno humano, ese aprendizaje se convierte en una diversión. Por eso, no resultará extraño que un terranova intente rescatar a su dueño cuando nada en la piscina, ya que su memoria genética lo impulsa a hacerlo. Tampoco debe parecer insólito que un border collie no deje que los chicos de la casa se separen demasiado entre sí, pues cree que los pequeños son ovejas de un rebaño que debe mantener unido.
El perro, entonces, es un animal que sabe volcar sus conocimientos instintivos para aplicarlos en su esparcimiento. Además, Freud nos garantiza que jugar con él no debe avergonzarnos.
Así que no se ruborice, amigo. A nosotros nos causa placer verlo jugar con su mejor compañero: de un modo especial, él también le sirve de puente para ser cada día más sano.
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