Taxistas parisienses enojados con Uber
Hace unas semanas los taxistas parisienses hicieron una huelga que paralizó gran parte de las llegadas y salidas alrededor de los aeropuertos.
Enojados, denunciaban lo que consideran la "competencia salvaje" de UberPop, la aplicación móvil que conecta a particulares y choferes para viajar. Esta aplicación está dando que hablar en varias partes del mundo y se posicionó como amenaza (o solución) del transporte público. Fundada en 2009, en San Francisco, la startup Uber está hoy valuada en 41.000 millones de dólares, presente en más de 300 ciudades, y es socia de Google, que invirtió 258 millones de dólares para comprarla.
El auto se pide con un simple clic a través del teléfono, se puede ver en cuánto llegará el chofer, y el pago se debita directamente de la tarjeta del cliente, que recibe un mail con el precio y la factura. A diferencia de las opciones UberX y BlackCar, con tarifas más elevadas porque el servicio incluye mejores autos, agua y caramelos a bordo, y conductores profesionales y registrados bajo lo que aquí denominan VTC (vehículo de transporte con chofer), la línea Pop es bastante más barata que un taxi común (6 euros en vez de 10 para ir de Saint Germain al Marais, o 30 en vez de 50 para ir al aeropuerto Charles de Gaulle, el más alejado) y los choferes son más simpáticos que los taxistas parisienses.
En general son jóvenes, con una licencia, pero ningún tipo de formación particular, que se inscriben en la plataforma para mejorar sus ingresos (pueden ganar hasta más de 2000 euros mensuales). Uber se queda con el 20% de cada trayecto y les paga por semana. Negocio redondo, pero...
La principal crítica de los sindicatos de taxistas es que estos choferes improvisados no pagan cargas sociales sobre esos ingresos ni los declaran. Dicen, además, que las tarifas más bajas se explican porque la actividad no está reglamentada y no tuvieron que pagar por la licencia especial de taxista o de VTC. De ahí la denuncia por competencia desleal que no sólo surgió en París, sino también en otras ciudades del mundo con casos incluso de violencia contra los conductores anotados en Uber.
Lo cierto es que, si UberPop se propagó con tanta rapidez por las calles parisienses, es porque había una necesidad. Conseguir un taxi en París no siempre es fácil, y puede convertirse en una tarea casi imposible los viernes y sábados por la noche y los días de lluvia, en los que los taxistas se disuelven como la tiza sobre la vereda.
También había varias broncas. Los taxistas parisienses son antipáticos y están siempre de malhumor. Olvidan que el servicio incluye amabilidad, conversación o indiferencia, pero no hostilidad. Muchas veces no aceptan tarjetas de crédito en recorridos largos, si bien es una obligación a partir de los 15 euros y en una ciudad en donde la tarjeta se impone sobre el efectivo (en el supermercado se puede pagar con ella a partir de un euro). Y siempre llegan con un monto de por lo menos cinco euros cuando se los pide con anticipación. Cansados frente a la soberbia de los taxistas que estaban cómodos con el monopolio, los clientes vieron en UberPop la solución a todos los males.
La huelga y las presiones de los sindicatos provocaron la suspensión del servicio, seguramente temporaria, hasta que se encuentre el marco regulatorio que contente a todos. Pero la batalla de los taxistas está perdida: además de que en esta ciudad el automóvil está en vías de extinción frente a transportes más verdes como la bicicleta, el auto autónomo avanza. El vehículo del mañana ya no necesitará de ningún chofer que lo maneje.
1“Sorprendió a todos”: creían que no volvería a caminar, pero las cámaras de la casa mostraron algo insólito
2Yuyo Barragán, el primer hacker argentino que estafó a Aerolíneas Argentinas y recorrió el mundo
3Emigrar de Argentina con hijos: se fue en pareja, volvió y ahora enfrenta otro desafío: “¿Habremos hecho bien?”
4Qué significa tener lagartijas en la casa






